jueves, 7 de mayo de 2009

LOS GIGANTILLOS DE BURGOS

La Representación Municipal Tradicional de la Ciudad de Burgos suele encabezarse por “Los Gigantillos de Burgos”, figuras de unos dos metros y medio de altura, que desfilando airosamente al ritmo que marca el “Pitero” con su pito y tamboril, representan a una grotesca pero simpática pareja de alcaldes serranos vestidos a la antigua usanza típica castellana.


Su rancia alcurnia desciende por vía directa de aquellas “tarascas y gigantillas” de las que ya hay noticias en 1242. Desde aquellas excéntricas efigies primitivas fueron adquiriendo el solemne abolengo representativo de nuestro patrimonio cultural solariego que hoy ostentan.


El Gigantillo lleva las características capa parda y faja roja, “sombrero castellano de velludo” y la vara representativa de su autoridad.

La Gigantilla va de elegante jubón recubierto por su mantón bordado, “chambra blanca”, amplia falda de percal con estampado de florecitas, delantal negro, pendientes y collar de gruesas bolas rematado en una cruz de plata, un ramo de flores en la mano y un coqueto ramillete en su escote, mientras que su “particular belleza” se ve realzada por un elegante repeinado con el típico “moño de picaporte” y su amplia sonrisa se ve aderezada con una graciosa verruga no desprovista de vello. En ocasiones se la engalana con su vestido de burgalesa.

Mientras que él transita tieso y grave, ella anda donairosa con salerosos contoneos celebrados por el público. En determinados momentos ejecutan sus danzas vernáculas donde la Gigantilla gira vertiginosamente dejando ver su elegante lencería con encajes hasta la rodilla.

El único Pitero que les acompaña viste de sobrio traje negro con sombrero de ala ancha rodeado de una larga cinta roja que termina a media espalda rematada de flecos dorados. Con inusitada habilidad pulsa el pito con la mano derecha de cuyo antebrazo cuelga el tamboril que redobla con la izquierda.

Una de sus danzas autóctonas y ancestrales son “las mochadas” donde la pareja baila con las cabezas juntas, proviene esta danza de la antigua costumbre -que ya no se practica- de sorprender a los incautos con golpes en sus cabezas por parte de la de los gigantillos, al respecto el pueblo se inventó una coplilla para acompañarla al son del pito y tamboril:

Currucú, currucú, muchachillos,
que os cogen Los Gigantillos,
que os cogen a la descuidada
y os dan una fuerte mochada.
Mientras que otra tonadilla popular nos aclara aspectos de su relación marital:

“La Gigantilla es hembra
del Alcalde Mayor;
pero todos por dentro,
parecen un farol”.


Por si hubiera lugar a dudas.

jueves, 30 de abril de 2009

LOS DANZANTES DE BURGOS

Los Danzantes de Burgos con sus Tetines encarnan una de nuestras inmemoriales tradiciones culturales de más recia raigambre, sus antecedentes históricos, aunque no excesivamente documentados, se remontan a las celebraciones del Corpus Christi de 1.463 donde ya existe constancia de su participación para mayor solemnidad tal y como corresponde a la Cabeza de Castilla.



EFIGIES EN BRONCE DE TETÍN Y DANZANTE

ANTE LA CAPITANÍA DE BURGOS


Se trata de un grupo de doce niños dirigido por el “Tetín Mayor” a quien auxilian otros tres “Tetines”, todos ellos acompañados de dos Dulzaineros y un Tambor Redoblante más otros tres niños aprendices de Danzante que ayudan a distribuir y recoger los trebejos de las danzas por lo que se les denomina “Paleros”.

La indumentaria tradicional de los Danzantes es a guisa de “Paje de Corte” y data del siglo XVI, lo que nos da una idea de su antigüedad, aunque anteriormente llevasen otras no consignadas y aun más vetustas que hubieron de remozar, está compuesta de tonelete con sobremangas de terciopelo rubro con galones estofados de oro, gorra a juego con vistoso airón blanco, camisa cruda de encaje, calzas carachas con sandalias que -no mucho ha- aun se les confeccionaban a medida, y tahalí de cordobán colgando al talabarte. Los Paleros visten igual pero de color verdusco dada su impericia.

Los Tetines van tocados de vistosas mitras y sus gayos trajes de fieltro dibujan rombos de colores que recuerdan al de los “Zaharrones” de nuestro carnaval más ancestral o al del “Capidiablo” y “el Colacho” de la Celebración del Corpus Christi, en la mano llevan un zurriago de cola de buey lo que unido a la mitra les entronca de alguna manera con personificaciones de antiguas mitologías. Sus atavíos alternan de los colores grana, sinople y blanco, mientras que el del Tetín Mayor se distingue por su fondo índigo, los remates en punta, tanto del cuello como los de los bajos de sus casacas, van adornados de sonoros cascabeles.


LOS DANZANTES DE BURGOS

ANTE LOS ARCOS DEL CONSISTORIO

Los Dulzaineros y el Tambor Redoblante van de sobrio traje negro con sombrero de ala ancha del que pende una larga cinta roja rematada en flecos dorados.

Su repertorio se compone de atávicas danzas de paloteo, espadas y arcos, y sus complicadas evoluciones son dirigidas por las distintas posiciones del zurriago de los Tetines. En sus pasacalles y algunas danzas se acompañan de tarrañuelas.

A alguna de sus añosas músicas la sabiduría popular fue capaz de ponerles letra, para mejor recordamiento, como aquella que dice:


Ha venido mayo,
bienvenido sea ,
“pa” que los danzantes,
juegen a la rueda.




Su intervención en nuestras funciones y fiestas de solemnidad contribuye a su mayor boato y esplendor y entre sus muy antiguos cometidos destacan el de bailar en las vísperas del Corpus delante de las casas de cada una de las autoridades, y el aun mas notable del “Salto de la Trucha” que ejecutan para rendir honor ante personalidades de especial relevancia.

martes, 7 de abril de 2009

EL PERDÓN DEL VIERNES SANTO DE LA CRUZ

Existe en toda España la costumbre de indultar a un reo en estas fechas de Semana Santa, lo que muchos ignoran es que esta piadosa costumbre de nuestros reyes y posteriormente de las instituciones judiciales, fue creada aquí en Burgos por Juan II de Castilla, el Padre de Isabel la Católica, por una ley suya del año 1447, que dio en llamarse “El perdón del Viernes Santo de la Cruz”.
JUAN II DE CASTILLA
ILUSTRACIÓN DE LA CRÓNICA DE JUAN DE MENA

Desde entonces muchos han sido los presos excarcelados, pero tal vez el más importante fue el Capitán General de los Comuneros, quien alcanzó esta benevolencia de manos del Emperador Carlos I, gracias a los buenos oficios cortesanos y diplomáticos del Condestable de Castilla D. Iñigo Fernández de Velasco, tío del encausado.

EL EMPERADOR CARLOS I DE CASTILLA

RETRATADO POR RUBENS

Sucedió en Burgos en la mañana del Viernes Santo de 1524, el César Carlos acompañado de los principales de su corte pasaba la Semana Santa en el Convento de Fredesval, el Condestable sabiendo la costumbre del Perdón aprovechó la ocasión para recordársela al Emperador, pero dejemos que sea la Crónica quien mejor nos lo relate:

“Ya en la mañana se acercó el Condestable D. Iñigo a D. Carlos diciéndole, con gran pesar y congoja, que su bisabuelo, D. Juan II de Castilla en unas sus Cortes de Burgos en 1447, había dado la Ley de “El Perdón del Viernes Santo de la Cruz”, por el cual Perdón se indultaba desde entonces, cada año a un reo, diciéndole que si bien quisiera pudiera exculpar al su sobrino D. Pedro Girón, hijo del Conde de Urueña que se había alzado contra él capitaneando la Revuelta Comunera, estando desde entonces preso, esperando la ejecución y ya que todos habían de morir que aún le llegase el indulto de su imperial gracia.

Mesóse la barba el Emperador y también muy quedo contestóle de los muchos pesares que le habían causado a él y a toda Castilla aquellos nobles levantiscos, pero que si Dios Nuestro Señor quería perdonar a Nos y nuestros súbditos de nuestras muchas iniquidades, el otrosí haría perdonando a D. Pedro.”

De esta forma salvó la vida el Capitán General de los Comuneros, de la misma forma que el resto de los burgaleses que habían participado, que ya habían alcanzado la amnistía por una Real Cedula firmada por el Emperador en Worms el 16 de Diciembre de 1520.

(Véase también “LA FIN DEL MUNDO”, entrada de Marzo 2008)

martes, 31 de marzo de 2009

BURGOS, 1º DE ABRIL

Hace setenta años que se emitió en Burgos, entonces Capital de España, el siguiente y lacónico comunicado


FOTOGRAFÍA DEL DOCUMENTO ORIGINAL MANUSCRITO POR EL PROPIO GENERAL FRANCO

Transcripción:

CUARTEL GENERAL DEL GENERALÍSIMO
ESTADO MAYOR

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejercito Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus ultimos objetivos militares. La guerra ha terminado.


El Generalísimo

Franco

Burgos 1º Abril 1939

miércoles, 18 de marzo de 2009

EL MILAGRO DE LA LUZ EQUINOCCIAL EN ORTEGA

En el equinoccio de primavera, cuando la noche dura igual que el día, cuando la luz vence a la oscuridad y los días son cada vez mas largos, como todos los años en el pueblecito burgalés de Ortega, se produce un fenómeno asombroso que la sabiduría popular ha dado en llamar desde tiempos remotos como “El Milagro de la Luz Equinoccial”.

Pero antes que nada, tenemos que hablar de S. Juan de Ortega, este burgalés de Quintanaortuño, vecino y contemporáneo del Cid, hijo de Vela Velasco por lo tanto de cuna noble y rica, y quien tuvo un singular porte para la época pues medía dos metros y algo también raro en aquellos tiempos como fue el llegar casi a los cien años.
Fue un gran viajero que llegó hasta Jerusalén y también a Compostela y la experiencia de estas peregrinaciones le hicieron unirse a otro burgalés, Domingo de Viloria, conocido como Stº. Domingo de la Calzada, para así juntos ponerse al servicio de los peregrinos como pontífices, que no es que fueran Papas sino constructores de puentes sobre la Calzada Jacobea.
Después se retiró como ermitaño a Ortega, sobre el Camino de Santiago, donde fundó un santuario y albergue para proteger a los peregrinos en la difícil travesía de los Montes de Oca, donde eran asaltados por maleantes o atacados por los lobos o los osos.

Y es precisamente en este templo románico de este su santuario, donde todos los equinoccios se produce un singular fenómeno que transciende a lo metafísico: en el momento del ocaso, un rayo de sol entra por un ventanuco de la fachada incidiendo sobre la figura de la Virgen que lo recibe entre sus brazos.
EL CAPITEL ES ILUMINADO POR LA LUZ DEL OCASO
Dicho así, parece que no tiene nada de particular, esto de hacer pasar un rayo de sol por un punto determinado ya ocurre en otros sitios, incluso mas famosos, como Stonehenge en Inglaterra o en Uaxactún, Guatemala, sin embargo en Ortega es más asombroso, a poco que repare uno se da cuenta que la iglesia románica se construyó ya pensando en este fenómeno, calculando no ya el Equinoccio, difícil para los conocimientos de astronomía de la época, sino para que también coincidiera el ultimo rayo del sol poniente sobre el único capitel historiado de todo el templo.
DETALLE DEL CAPITEL RECIBIENDO LOS ÚLTIMOS RAYOS DE SOL
Pero no acaba aquí lo asombroso, resulta que en todas las demás iconografías de la Anunciación de María, la Virgen está mirando al ángel, aquí no, aquí María mira directamente al rayo de sol que ilumina su vientre, recibiéndolo entre sus brazos y en ese momento las facciones hieráticas de su cara, típicas del románico, parecen dulcificarse casi en una sonrisa mientras sus ojos parecen deslumbrados por el sol.
DETALLE DE LA SONRISA DE MARÍA
No hay que olvidar que todo esto sucede justamente nueve meses antes de la Navidad, esto sin duda, nos transmite una idea de fecundidad, como es la propia concepción de la Virgen y después está el hecho de que el sol en el ocaso parece penetrar en la tierra haciendo resurgir la primavera.

No es extraño por tanto que el santo sea patrono, entre otras cosas, de las mujeres que desean tener hijos, así lo entendieron Isabel la Católica y las esposas de Carlos V y Felipe III que vinieron hasta aquí en busca de su anhelada descendencia. Asimismo el santo es patrón de los arquitectos técnicos, como constructor que fue, y también lo es de viandantes, camineros y campesinos.

Nota)
Creo que debo referirlo; llevo muchos años asistiendo puntualmente a ver este fenómeno, y casi siempre, justo al crepúsculo y ya bajo las nubes, un tímido rayo de sol –casi por milagro-, se colaba entre ellas para producir el esperado efecto… .

Hoy; equinoccio de primavera del 2015, habían llegado excursiones y gran número de visitantes, sin embargo, el nubloso cielo no nos quiso acompañar.

Decepcionados fuimos a visitar el pequeño museo de interpretación que existe en la aneja capilla de San Nicolás, allí tienen una replica exacta del capitel, cerca de nosotros, estaba una patrulla de la Guardia Civil,  encargados de la protección al peregrino; al verles se me abrió el cielo:
-Agente; ¿no tendrá Vd. una linterna?,
-Por supuesto,
-Pues hágame el favor de alúmbrarme para hacer una foto.

Y así; de esta forma tan sutil, y gracias a la Guardia Civil, se pudo remedar el milagro, María volvió a sonreir. Aquí dejo el testimonio en forma de fotografía.
     MARÍA SONRÍE ILUMINADA POR LA GUARDIA CIVIL

lunes, 16 de febrero de 2009

CARNAVAL EN BURGOS

En Burgos no se puede hablar de carnaval, ¡chitón!, y no es que no nos dejen, es que en el Burgos antiguo no existe el carnaval, el carnaval es una idea moderna, de hecho, como ahora lo conocemos no aparece hasta bien entrado el siglo XVIII.

En Burgos podemos hablar, y mucho de “Carnestolendas”, de ir de “Antruejo”, de hacer “Marracanadas” e incluso de “Mojigangas” y “Mascaritos”, pero nunca de chirigotas, murgas ni comparsas, esto, como digo, es la idea moderna del Carnaval, mas propia de otras latitudes, donde la bonanza del clima permiten otras demostraciones e incluso que las mozas vayan en folguetas cuando no en pura porreta.

Sin embargo, en cuanto se pone uno a “arrascar” en la historia aparece el carnaval antiguo, con gran arraigo en nuestras tradiciones, se puede decir que el carnaval burgalés se pierde en la noche de los tiempos, mezclado con ritos arcanos de los pueblos anteriores a la romanización. Pero es precisamente la civilización romana la que nos aporta la idea primigenia de nuestro carnaval que sin duda está unido a la Lupercalia que se celebraba, precisamente, en estas fechas en honor del dios Pan.


Posteriormente la religión cristiana consigue adaptar estas celebraciones a su liturgia pero la tradición permanece y no es gratuito pensar que figuras de nuestro carnaval, como son los “Zarragones” o los “Cachibirrios” o los “Capidiablos”, siempre provistos de un zurriago o una bochincha para golpear a niños y sobre todo a las mujeres, no es otra cosa que la adaptación de los ritos de fecundidad de las lupercales.

Otra costumbre pagana que ha llegado a nuestros días, ésta con menos fuerza, aunque se sigue realizando en diversos puntos de nuestra provincia, es la de arrojar ceniza a los concurrentes, desde luego también está unida a la Lupercalia y se trata de un individuo del pueblo, algunas veces disfrazado, que recitando versos disparatados trata de atraer a los curiosos, a los que sorprende arrojándoles ceniza o harina o incluso salvado.

En alguna de nuestras zonas aparecen “Tarascas” o la “Vaca Curra o Romera”, pero éstas son más propias de otras celebraciones como puede ser la del Corpus Christi o el teatro.



El “Jueves de Todos” sin duda también desciende de los ritos lupercales y como tal subsiste en todas las culturas romances, en Francia es el “Mardi Grass”, en Italia el “Lardero” y en Portugal la “Terça Feira Gorda”, en todas ellas los niños visitan las casas solicitando con canciones golosinas o algo para merendar, en Burgos suele ser :



Somos niños de la escuela,
que venimos a rogar
a la dueña de esta casa
que nos de “pa” merendar.

Otras veces se completa con el Juego del “Higuí”, en el que algún adulto disfrazado, atrae a la chiquillería con un higo atado a un cordel colgando de un palo mientras recita con voz chillona:


Al higuí, al higuí
que con la mano, no
que con la boca, si.

Otra mojiganga carnavalesca de nuestra tradiciones es el entierro de la sardina, que todos conocemos y está muy extendida en toda España, sin embargo en Burgos, también toma formas propias como cuando el “oficiante” que suele ser el herrero del pueblo, rocía a la gente con una escoba y un pequeño caldero, parodiando las salmodias fúnebres como:

Mocitas, las de este pueblo
no tengáis miedo
porque el hisopo
tieso lo llevo.

Suele acompañarle un monaguillo con una especie de roquete repleto de nabos que contestaba al “oficiante” con aquello de:

Aunque de nabos me veis vestido
el más gordo lo llevo bien escondido.

El Carnaval Moderno, como ya se ha dicho surge en el Siglo XVIII, con figuras como los Arlequines, Pierrots y otros que recuerdan con sus vestidos a nuestros "Zarramacos", "Colachos" y "Tetines" que desde luego, vienen mucho mas de antaño como dicho queda.

miércoles, 14 de enero de 2009

SAN LESMES; UN FRANCÉS, PATRÓN DE CASTILLA

En Loudun, en el Poitou francés, allá por el 1.030, en el seno de una familia noble, nació Alleaume. De su infancia poco se sabe, pero es probable que al igual que otros hijos de noble se formase en alguno de los conventos de su región. En su juventud, siguiendo el deseo de su padre, entró al servicio del Ejército del Rey de Francia, donde dio grandes muestras de valor y demás virtudes militares siendo un ejemplo para sus compañeros y subordinados.

A la muerte de sus padres abandonó el ejercicio de las armas, repartiendo sus pertenencias entre sus escuderos y después de peregrinar a Roma tomó el habito de S. Benito en la Abadía de “Domus Dei”, la actual “Chaise Dieu” en la Auvergne cuando era Abad S. Roberto, poco después fue ordenado sacerdote en Clermont – Ferrand. A la muerte de S. Roberto es elegido Abad por toda la comunidad, pero como su humildad no le permitía el ejercicio de tan alto cargo renunció a él dos años mas tarde, en esta época ya se le conoce con su nombre latino de Adelmus. Pronto adquiere fama de santidad, llegando a sanar milagrosamente a la Reina Matilde, la esposa de Guillermo “el Conquistador”, de la misma forma que libraba de la peste a quien comía del pan por el bendecido.

Constanza de Borgoña estaba casada a la sazón con Alfonso VI de Castilla, quien siempre había mostrado preferencia para sus matrimonios por princesas extranjeras y es, precisamente Dª. Constanza; conocedora de la fama de Adelmus, quien se empeña en hacerle venir en contra de sus deseos a Castilla, así puede leerse en el “Bezerro de Sant Joan”:
" La dicha Reyna Doña Constanza, pidió al Rey, su marido, que trojese al Santo Varón Adelelmo, para que con su santidad amparase a este Reyno de Castilla".
En un principio Adelmus rechaza la invitación, siendo conminado en varias cartas por la reina, quien llega a decirle: "Te conjuro de parte de Dios que si no quisieres venir y descuidares en llegar a esta tierra de Castilla, que con gran deseo te espera, Dios te lo demandará por las almas que se pierdan".

Obligado de esta forma y obedeciendo el deseo del Papa Gregorio VII de sustituir en Castilla el rito mozárabe por el latino, llega a Burgos sobre el 1.081, siendo recibido por los reyes quienes le nombran: Consejero, Confesor y Abad de su Reino, siendo muy posible que en esta época coincidiese con el Cid Campeador en algún acto de la Corte. Pronto los castellanos, ante la dificultad de pronunciar correctamente su nombre; lo van adaptando a su lengua, así primero es Adelelmo, después Adelelme y Alesmes, hasta llegar a Lesmes, nombre por el que es, a partir de entonces, conocido.

En el 1.085, Alfonso VI le pide que le acompañe en la toma de Toledo: "El Rey dispuso sus ejércitos de una parte del Tajo, sitiando la ciudad, de los moros mucho bien guarnida. Una noche díjole Lesmes al Rey que aprestase sus gentes pues aquella misma noche se había de tomar Toledo. Estando descuidados los moros, por donde el río era mas profundo, tanto que se podía navegar, Lesmes trazó la Señal de la Cruz sobre las aguas, pasando el río a lomos de un rucio o jumentillo, sin que llegase la agua a mas de las corvas de su caballería y así le siguió todo el ejercito y aquella noche se tomó Toledo"

"Quiso el rey agradecerle esta milagrosa intervención, dándole a elegir, entre los de su reino, el mejor lugar que le conviniera para poder servir mejor a Dios", a lo que Lesmes contestó que tan solo quería: "La capilla elemosinaria de Sant Joan que para emendacion de los pecados y recoger a los pobres pelegrinos has mandado construir en Burgos".

Pareciéndole poco al Rey y le dio, no solo, la Capilla de S. Juan, si no también el Hospital y Monasterio del mismo nombre que aun están sobre el Camino de Santiago y durante siglos fueron un importantisimo hito de la hospitalidad jacobea: "Para que allí mores con los freires de Sant Benito y fagais preces por mi el Rey, por Doña Constanza la reyna nuestra señora y por toda Castilla".

En Burgos, Lesmes vive austeramente, repartiendo cada día panecillos a los pobres, a los que conforta e incluso bromea con ellos según cuenta la tradición. Además de los numerosos milagros que se le atribuyen en esta época, todavía es reconocido en Burgos por las importantes obras de saneamiento y encauzamiento de ríos que el mismo dirige, posiblemente aprovechando conocimientos de su etapa militar y que evitaron la peste y las inundaciones que sufría periódicamente la Cabeza de Castilla.

TÍMPANO DE LA PORTADA DEL TEMPLO DE S. LESMES EN BURGOS

De algunos de estos episodios históricos quedan, además de documentos, diferentes obras artísticas, como las vidrieras de St. Pierre en Luodun, o la portada de su templo gótico de S. Lesmes Abad en Burgos, donde se escenifican sus milagros, la travesía del Tajo, el reparto de sus ropas a los escuderos u otras muchas escenas de su vida.

El 30 de Enero del 1.097 muere en Burgos, siendo recogidos sus restos en aquella su primera capilla, que tuvo que ser derribada por Juan I al ser un peligro ya que desde ella se podía escalar la muralla, sus restos fueron trasladados a la inmediata iglesia parroquial que desde entonces lleva su nombre.

Su fama y milagros se siguieron extendiendo por toda Castilla, que en el 1.385 le elige como Patrón y el propio Rey Alfonso VII así lo declara, mandando grabar la efigie del Santo en escudos y monedas junto a la suya imperial: "TOMÁNDOLE POR PATRÓN, DEFENSOR Y TUTELAR DE TODOS SUS REYNOS, FECHOS Y DOMINIOS".

También es el Patrón titular de la Ciudad de Burgos cuya festividad celebra con todo boato y esplendor en dicha fecha desde de tiempos inmemoriales, existiendo actas municipales que recuerdan a la Corporación que debe conmemorarla, como una de 1533, donde se dice que “esta fiesta fue echa a petición de la Justicia y Regimiento de la ciudad, quien esta obligada a guardar de precepto”, u otra de 1617 donde para resaltar la festividad el Ayuntamiento toma el acuerdo de “que se vaya allá en caballo, desde la Torre de Santa María, con sus mazeros y en acto, conforme la ciudad lo tiene acordado”.

sábado, 20 de diciembre de 2008

LA PASCUALA

Allá por los principios del pasado siglo XX existía en Burgos un grupo de amigos, algunos industriales y otros artesanos, que solían reunirse cada día -al mediodía- para compartir un rato y tomarse unos “dieces” de clarete en aquel afamado Bar Restaurant que a su nombre regía la Hija de Iturriaga al final de la C/ Santander o principios de la Avª. del Cid, según se vea.

Dicen que un Primero de Año, para celebrarlo, se pusieron a entonar -se supone que ellos también “entonados”- una letrilla entonces en boga de una obra de las denominadas del “género chico”: “La Pascuala”.
Dado el éxito obtenido entre la concurrencia decidieron repetirlo cada año en tan significada fecha, así nació esta tradición donde los descendientes de aquellos primeros “Pascuales” seguimos celebrando esta “Pascua secular”.

Uno de aquellos iniciadores de esta raigambre fue el Señor Don Benito García Valdivielso, “El Berzero”, abuelo paterno de quien esto suscribe, quien fue persona que por su proverbial simpatía, agudo ingenio, buen humor, fácil conversación y campechanía supo granjearse la amistad tanto de las clases mas humildes como la de intelectuales y autoridades. En la cuadra de su casa sita en la actual Pzª. de España se fundó la ya centenaria “Unión Artesana”, decana de las Sociedades de Burgos.

Aquel local original de la Hija de Iturriaga fue después el Bar “Nervión” y en la actualidad lo ocupa una “Caixa” de Ahorros por lo que cada uno de Enero nos seguimos reuniendo, ahora en el Bar “Boston” del otro lado de la calle, y allí, venciendo la resaca de rigor, con toda pompa y ceremonia seguimos cantando La Pascuala como recuerdo y homenaje a nuestros antecesores y bienvenida al Año Nuevo.

EN LA CASA QUE SE VISLUMBRA AL FONDO ESTUVO SITO EL BAR-RESTAURANT DE LA HIJA DE ITURRIAGA

El ritual siempre es el mismo: alguien se sube en una silla, golpea una copa para requerir atención y después de una breve alocución nos invita a cantar; primero tarareamos, por dos veces, las primeras notas del Himno a Burgos para a continuación lanzarnos con La Pascuala que dice así:

Es la Señora Pascuala,
una mujer que asusta,
por cualquier cosa se enfada
y nada le gusta.

A una mujer como esa.
yo nunca la conocí,
por eso al pobre marido,
le dicen así:

¡Daala, daala,
que es una cosa muy maala
¡daala, daala,
que hay que acabar de una vez,
“pa” que no sea soez,
La Pascuaala.

El otro día estando en misa,
le salto dos “envergüenzas”,
“y” al padre Cobisa,
todos los feligreses,
agrupados en montón,
al sacristán le gritaban
con indignación:

¡Daala, daala,
que es una cosa muy maala
¡daala, daala,
que hay que acabar de una vez,
“pa” que no sea soez,
La Pascuaala.

¡VIVA LA PASCUALA!

Como se ve, hoy en día la letra no sería “políticamente correcta”, sin embargo, en aras de la tradición tanto mujeres como hombres la cantamos en tono festivo sin pararnos en más consideraciones, denostando previamente cualquier tipo de maltrato.

Hay que aclarar que no se trata de una “peña” como mucha gente piensa y que los asistentes ni tan siquiera nos conocemos entre nosotros en muchos casos, siendo ésta la única ocasión en que nos reunimos, teniendo que sortear a los otros asistentes que acuden al reclamo de la generosa colación que los amables dueños del “Boston” ofrecen a la concurrencia.

sábado, 6 de diciembre de 2008

LA MEJOR INFANTERÍA DEL MUNDO

II (DE LA EDAD MODERNA A LA ACTUALIDAD)

nota) viene de I (PREHISTORIA, EDAD ANTIGUA y MEDIA )



En 1517 el joven Emperador Carlos I (nieto de los Reyes Católicos) desembarca en el puerto castellano de Laredo para dirigirse a Burgos, -la “Cabeza de Castilla”-, a hacerse cargo del Reino de su inhabilitada madre la Reina Juana I. Con él se reúne el mayor Imperio que hayan conocido los siglos, aquel en el que nunca se ponía el sol.

Con él se distinguen los Tercios Españoles de Infantería, la fuerza necesaria para mantener tan dilatados dominios. Tuvieron que operar primero en Italia; “Los Tercios Viejos de Italia” y después los llamados “Tercios Nuevos de Flandes” extendieron su acción a toda Europa, Estado Pontificio incluido.
En las campañas de Flandes, aunque nunca fueron batidos, sufrieron innumerables bajas, llegándose a hacerse populares entre ellos aquellos versos que declamaban ufanos en las tabernas:



España mi natura,
Italia mi ventura,
¡Flandes mi sepultura!





Su creador había sido D. Gonzalo Fernández “El Gran Capitán”, ilustrado hombre renacentista capaz de inventar una nueva estrategia y organización militar de la que se derivan todos los ejércitos actuales, (como ejemplo baste decir que los diferentes empleos: General, Coronel, Capitán, Sargento, etc., hoy en día utilizados en todos los ejércitos del mundo son creación española).
Fernando de Aragón, cometiendo sin duda un fallo diplomático, llegó a exigir cuentas al Gran Capitán de los gastos de la Campaña de Nápoles, siendo altaneramente contestado por este en los siguientes términos conocidos como "Las Cuentas del Gran Capitán:
“Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados."








RENDICIÓN DE BREDA POR DIEGO VELAZQUEZ


Su estructura organizativa va variando a lo largo de los tiempos, llegando en los tiempos de los Tercios Nuevos a componerse cada uno de: Un Maestre de Campo como jefe superior del Tercio del que dicha unidad recibía su nombre: “Duque de Alba”, “Don Juan de Austria”, “Don Alejandro Farnesio”, etc.,y que era nombrado por el Rey, como segundo jefe le acompañaba un Sargento Mayor. Cada Tercio contaba con 12 Compañías (10 de Piqueros y 2 de arcabuceros), cada cuatro de estas compañías (lo que hoy sería un Batallón) se llamaba Coronelía y estaba mandada por un Coronel, y cada compañía solía tener entre 250 y 300 hombres.

Los Sargentos que mandaban sobre 30 hombres iban armados de la “sargenta”, una alabarda que les distinguía y los soldados además del arma correspondiente siempre llevaban su espada toledana de taza y atrás, atravesada al cinto, una daga. Los piqueros se dividían en: “picas secas” y “picas armadas”, los primeros tan solo se protegían por el típico “morrión” y el “coselete”, mientras que los segundos llevaban armadura completa. Los arcabuceros y mosqueteros se distinguían por su chaleco de cuero y colgando de su bandolera llevaban los saquetes de pólvora y las balas de plomo.





MOSQUETERO DE LOS TERCIOS DE FLANDES


Castilla fue la que mas soldados aportó a los Tercios, el alistamiento era voluntario e indefinido y cuando el Capitán encargado del reclutamiento desplegaba su bandera en el lugar acostumbrado, hasta él llegaban multitudes de aspirantes, desde labriegos hasta nobles, deseosos de ventura.

Estos bizarros nuevos infantes estaban aun imbuidos del espíritu caballeresco de los peones medievales, su preponderancia y prestigio fue tal que se encuentran recogidas anécdotas como aquella en que toda una gran ciudad se rindió a un solo infante que llegaba a la muralla, lo que les llenaban del orgullo y gallardía necesarios para desarrollar su oficio, sin embargo dentro de sus unidades demostraban una gran disciplina, humildad y sobre todo silencio.

La etimología latina de infante (infans-antis) nos indica que es “el que no habla”, a los soldados de los tercios les gustaba el silencio y desde luego no admitían el griterío de otras tropas y ni tan siquiera el de sus jefes. Pedro Calderón de la Barca, genio de nuestras letras y Soldado de la Infantería Española así lo expone en uno de sus versos:

Estos son españoles. Ahora puedo
hablar, encareciendo estos soldados,
y sin temor; pues sufren a pie quedo,
con un semblante, bien o mal pagados.

Nunca la sombra vil vieron del miedo,
y aunque soberbios son, son reportados;
todo lo sufren en cualquier asalto,
sólo no sufren, que les hablen alto.



El mismo Calderón vuelve a cantar a su profesión de infante definiéndola con estos sentidos versos que aún siguen honrosamente colocados a la entrada de las actuales Compañías:

Este ejército que ves,
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que él adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede.
Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mayor calidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho,
no adorna el vestido al pecho,
que el pecho adorna al vestido;

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la fineza, la lealtad,
el honor, la bizarría;
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son,
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna,
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.



En el reino de España, “Infante” también es aquel hijo del Rey que no es el Heredero, los Infantes de los Tercios se sentían “nobles” a través de la nobleza de su oficio.

Como dominadores de toda Europa que fueron, a veces sintieron el odio y el temor de otros pueblos que no pudiendo vencerles les crearon la “Leyenda Negra” con la que se intentaba denostarles, en ocasiones tachándoles de incultos, cosa harto incierta, pues como aun se puede comprobar, rara es la nomina de una Compañía en la que el 50% de sus soldados no están antecedidos del titulo de “Don”, hecho que indica que cuanto menos eran bachilleres, en aquellos tiempos en que las masas de población de toda Europa, España incluida, eran iletradas. También aparecen muchos nombres precedidos de “Señor” lo que indica, al menos, titulo de Hidalguía.


Esta “Gloriosa Infantería” permaneció invencible durante siglos, siendo tan solo batidos en Rocroi debido a problemas políticos, ajenos a la milicia, que les hicieron presentar batalla contra un ejército muy superior en número y en condiciones desventajosas, aun así fue una “derrota honrosa”. Entre sus muchas victorias caben destacar: la de 1.547 contra el Elector de Sajonia y la de 1.557 en S. Quintín contra Enrique II de Francia quien fue hecho preso, en 1571 derrotaron al temido ejercito Turco en Lepanto salvando antes Viena y Malta de su invasión y en 1.634 aniquilaron al fabuloso ejercito Sueco en Nordlingen.



Pero si importantes fueron los Tercios no debemos olvidar al resto de la Infantería, no menos importante que permanecía repartida por todo el Imperio, desde Las Carolinas, Las Marianas y Las Filipinas, pasando por África y llegando hasta America.



Después de un gran salto en el tiempo, con duraderos espacios de paz, y para no cansar más al lector llegamos a nuestros días, a la Guerra Civil Española (1.936-39), Guerra “Incivil” como al autor le gusta llamarla, donde la Infantería Española vuelve a tomar especial relevancia. Así durante la Campaña del Ebro dirigida por el propio General Franco, se relata la anécdota de que un General Alemán que hacia las veces de Observador, respetuosamente por que era más moderno le dijo:
-“Mi General, la Infantería Española es la mejor del mundo...”
a lo que Franco lacónicamente replicó:
-“Si, pero no olvide Vuecencia que aquellos de enfrente también son españoles”.

También está recogido que en la II Guerra Mundial, el General Jurgens, Jefe del XXXVIII Cuerpo de Ejercito Alemán, se dirigía así a sus arrogantes soldados en una arenga respecto a los Voluntarios Españoles de la División Azul:
"Si en el frente tocáis con un soldado desaliñado, sentado a la vera de un camino, cuadraos ante el y saludarlo: : ¡es un héroe!, ¡es un infante español!"


No obstante, otra característica principal de la Infantería Española es el buen humor con el que sabe vencer las calamidades y penurias del combate, de ello existen millares de anécdotas, baste como ilustración la siguiente fotografía donde se ve un Voluntario Español de la División Azul en pleno frente de Stalingrado, tomándose la guerra a guasa y aderezando ensaladillas con productos de la huerta rusa.




Para concluir se añade un articulo publicado, no hace muchos años en prensa, como Homenaje a la Infantería Española que en estos días esta venerando a su Excelsa Patrona “La Inmaculada Concepción”, el texto es de Camilo José Cela, de quien dicen que en sus tarjetas de visita gustaba de anteponer a los títulos de “Marques de Iria Flavia” y “Premio Nobel de Literatura”, el para él más honroso de “Soldado de la Infantería Española”:

A PIE Y SIN DINERO

A pie y sin un ochavo en los bolsillos, calados hasta los huesos y con el estomago frío; en la vista una nube de hielo y en el dedo que oprime el gatillo un sabañón.
El día 8 de Diciembre hace frío, mucho frío, pero nunca bastante para frenar a la Infantería, que con un trajecito de dril, derrite la nieve de los montes y la escarcha de los ríos difíciles y el hielo que oprime los corazones en desgracia.
Ningún oficio mas bonito que el de Capitán de Infantería, artesano del valor heroico, orfebre del valor estoico, que va a pie donde lo mandan con sus hombres detrás, y que a veces se queda en el camino con una bala " !Con que facilidad, Dios mío! " que le para los pulsos del corazón.
La guerra no es triste, porque levanta las almas. La guerra no es triste porque nos enseña que fuera de la Bandera, nada, ni aún la vida, importa.
La Infantería es la guerra a pie firme, la guerra cara a cara, la vida jugada a cara y cruz de la victoria y la muerte. La Infantería es la guerra a cuerpo limpio, y el Infante lidiador que lleva el espíritu armado de un estoque de fuego, como un arcángel de estrellas en la bocamanga.
La Infantería no es la materia, es el ligero y tenue soplo que vivifica.
La Infantería no es la masa, es la compañía.
La Infantería no es, a veces, ni el concierto; es siempre la canción arrebatada del solitario centinela, que canta para que el Cabo de Guardia sepa que esta vivo.
Quien no haya sido Soldado de Infantería quizá ignore que cuando el hombre se cansa, aún le faltan muchas horas y muchas leguas para cansarse. Porque el secreto de la Infantería, (nosotros estamos hablando naturalmente de la Infantería Española, la de las cornetas en el cuello de la guerrera) es el de sacar fuerzas de flaqueza y hacer de tripas corazón. Que nunca mas noble fin tuvieron, ni nada mejor pudieron servir.
Quien no haya sido Soldado de Infantería quizá ignore que cuando el hombre se lanza, cuando al hombre se le calienta la sangre, lo más difícil es pararlo y enfriarlo. Porque el otro secreto de la Infantería es el de calentar el aire con la mirada y darse cuenta de que la batalla terminó cuando el soldado creía que estaba empezando. Que nunca mejores temples se conocieron ni en más gallardo menester se emplearon.
Quien no haya sido Soldado de Infantería quizá ignore lo que es sentirse amo del mundo a pie y sin dinero.
A pie paseamos por donde quisimos, porque el que no va a pie, no se entera y os lo dice un vagabundo. Y sin dinero izamos nuestra Bandera donde nos dio la gana y donde nos mandaron, porque la victoria no es algo que se compra sino que se conquista y os lo dice un pobre.
Ningún oficio más bello que el de Infante, que lleva su casa a cuestas como el caracol y se pelea porque no admite jaques; como el león y como el gallo y como el toro. Sin medir las fuerzas (que no fuera noble presentar las batallas ganadas) y sin mirar atrás porque detrás no hay nada, absolutamente nada.
Con el frío del 8 de Diciembre se calienta nuestro corazón al pensar, como en una novia a la que quisiésemos, en la Infantería. Resuenan pífanos marciales y aún nupciales en la última y más profunda revuelta de nuestros oídos y aún se estremece, gracias a Dios, ese ultimo nervio que en los cuerpos de los bien nacidos se guarda, como oro en paño, para que vibre en las ocasiones solemnes.
COMANDANTE DE INFANTERÍA ACTUAL EN UNIFORME DE  ETIQUETA

miércoles, 3 de diciembre de 2008

LA MEJOR INFANTERÍA DEL MUNDO

I (PREHISTORIA, EDAD ANTIGUA y MEDIA)


Sin tener que hacer muchas especulaciones es de suponer que el “Hombre de Atapuerca”, aquellos primeros europeos de hace 1,2 millones de años, ya defendían su territorio que siguiendo el cauce del Arlanzón llegaba hasta los cerros que circundan la ciudad de Burgos, distante apenas una decena de kilómetros y donde también se han hallado asentamientos prehistóricos. Dadas sus arduísimas condiciones de vida no es difícil imaginarlos; organizados, con rudimentarias armas y a pie -desde luego- dispuestos a defender a su tribu, tributo necesario para su subsistencia de la que dependería la evolución de los pueblos europeos.

Desde estos primeros “infantes” hasta nuestros días, la Infantería Española ha sabido demostrar, en opinión de los más autorizados tratadistas que es –sin lugar a dudas- la “Mejor Infantería del Mundo”. Veamos por qué:


Míticas y legendarias fueron las infanterías Asiria, Hitita e Hicsa conquistadoras de imperios que fueron sucumbiendo sucesivamente a manos de otras infanterías más evolucionadas como las falanges griegas, de cualquiera de sus “Polis”, donde resaltaron los míticos “hoimoi” espartanos con sus legendarias gestas. Pero estas infanterías nunca llegaron a enfrentarse con españoles, aunque es posible que ya contasen, como mercenarios, con los épicos “Honderos Baleares”.

Esta primacía bélica sucumbiría con la llegada de la Falange Macedónica de Alejandro Magno con una nueva táctica basada en el predominio de empleo de la infantería ligera como los egregios “hoplitas” que casi desnudos, a veces sin su “hoplon” (escudo) y tan solo armados de su “kopis” (espada), fácilmente superaban a sus contendientes griegos. Entre aquellos hoplitas de Alejandro sobresalían los peonios, también llamados “peones”, término este último que coincide con el nombre dado a los soldados de a pie de las mesnadas castellanas medievales como más tarde veremos.

Siguiendo el hilo de las sucesivas infanterías forjadoras de imperios, llegamos a las legiones romanas portadoras de su cultura y civilización cuyos valores aun perduran. La supremacía alcanzada por este novedoso modelo de infantería se basó, en un principio, en la organización jerárquica fragmentada en unidades subordinadas. Esta estructura de “Legión Manipular” (“manipulo” era una de sus subdivisiones) fue la que hizo sucumbir a las falanges macedónicas y permitió conseguir brillantes victorias tanto en las Galias como en Britania, extendiendo rápidamente el imperio por toda Europa.


Pero la invasión romana de Hispania fue frenada por la infantería de las diferentes tribus ibéricas, -pata negra-, de aquellos iberos pobladores de ambas riberas del Ebro (“Iberus Flumen”) del que reciben su nombre y que muy probablemente eran en gran parte descendientes de aquel “Hombre de Atapuerca” como aquellos Autrigones, Bárdulos, Bascones, Caristios o Vacceos que hicieron que el propio emperador Octavio Augusto tuviera que desplazarse desde Roma hasta aquí -hasta Sasamón en la provincia de Burgos- para dirigir personalmente la guerra contra aquellas tribus que como ninguna otra antes se resistían y cuyo principal baluarte estaba en las burgalesas tierras de Amaya.


Aquellos infantes iberos estaban armados de su mítica y temible “falcata”, una novedosa espada corta pero robusta, afilada y bien equilibrada que con su golpe de corte de hacha y su punta aguzada destrozaba las defensas de los romanos quienes no tardarían en copiarla y adaptarla como su “glaudius hispaniensis”. El arma larga ibérica era el “soliferrum”, una resistente lanza cuyo hasta era imposible de partir por las “spathas” romanas ya que era toda de hierro y como defensa usaban la “caetra”, un escudo pequeño de piel curtida de carnero, redondo y liviano pero muy resistente. Estas armas, cuando un infante caía en combate, eran inutilizadas y enterradas solemnemente con él, gracias a este rito se han recuperado muchas en nuestras comarcas.


INFANTE IBERO


La novedosa táctica de combate ibérica era el hostigamiento en forma de lucha de guerrillas -aquí es donde se inventó este tipo de combate- que con audaces golpes de mano primero lanzaban potentes salvas de sus “soliferrum” con lo que lograban desorganizar las rígidas formaciones romanas para después, roto el cuadro, pasar a la lucha cuerpo a cuerpo destrozando fácilmente las corazas romanas con sus falcatas. Con el éxito obtenido y dado que no contaban con ventaja numérica, se retiraban velozmente para reorganizarse y volver a atacar cuando el factor sorpresa les fuera conveniente.

Pero el arma más poderosa con la que contaban era la “voluntad de vencer” ya que luchaban en legítima defensa de sus hogares, familias y territorios, como los heroicos Defensores de Numancia en las castellanas tierras de Soria, en contraposición con la idea de guerra de los legionarios romanos que tan solo combatían por su “salarium” (salario, pago en especie con sal que llegaba a valer su peso en oro).

Con la decadencia del Imperio Romano llegaron los Visigodos que menos hostiles e invasivos se establecieron junto a los iberos en fraternal convivencia, llegando a ser un solo pueblo, hasta que la invasión musulmana hizo nacer la Mesnada Castellana que a la vez que los Almogávares de Aragón y los Guerreros Astures iniciaron la Reconquista. Esta contienda que duro ocho siglos vio florecer la Infantería, con aquellos llamados “peones”, como ya hemos citado, que aun conservan fortalezas como en los burgaleses pueblos de Castíl de Peones o Salas de los Infantes.

La Hueste Real Castellana estaba perfectamente estructurada y conformada por: La Mesnada Realenga, Las Mesnadas Señoriales, Las Mesnadas de Cibdad y Las Órdenes Militares, su escala jerárquica comenzaba en el propio Rey quien estaba obligado, por sus propios fueros, a participar en las campañas siendo su incapacidad motivo de abdicación. Junto al Rey comandaba la Hueste el Alférez Real, cargo que desempeñó nuestro principal héroe el Cid Campeador y que mas tarde, ya en la Alta Edad Media y Moderna, sería sustituido por el cargo de Condestable de Castilla, Mando Supremo de todos los Ejércitos de España cuya sede siempre estuvo en Burgos.

La Mesnada Señorial Castellana era la que mediante “fonsadas” “apellidos” o llamamientos era reclutada por un “Comes” (conde) entre los vecinos de su circunscripción que no eran soldados, ya que no cobraban sueldo y les horripilaba la idea del mercenario, si no que se aprestaban libremente a organizarse en su propia defensa mediante aquellos apellidos, que no levas, que tan frecuentemente tuvo que hacer Fernán González “El Buen Conde” para defenderse de las “algaras” moras.


Cada mesnada, comandada por el propio comes, tenia un “Alférez” portaestandarte, un “Maiurinus” o “Merino” que a través del “Anubdator” se encargaba del alistamiento y la logística, también existían “Sayones”, “Añafiles” y “Atalayeros” destinados a transmitir las ordenes y dar la alarma haciendo sonar sus cuernos de guerra y “Servidores de Abnudas y de Almenas”, encargados de la alimentación y la fortificación, “Escoltas” para la seguridad y “Escuderos”.


ATABALERO, SPATHARIOS Y MONTERO

La fuerza estaba compuesta, en su mayoría, por Peones de Infantería al frente de los cuales estaban sus “Cabdiellos” (caudillos, capitanes), y “Almocadenes” y “Decenarios” como mandos subalternos, (estos últimos mandaban sobre diez peones lo que les haría equivalentes al sargento actual). Los peones de tropa se dividían según sus especialidades, destacando entre ellos los “Monteros”, protectores de la Real Persona como los actuales que aun proceden de aquellos “Monteros de Espinosa” de las montañas de Burgos.

Después de desalojar a los invasores, estos “Infanzones Castellanos”, casi todos procedentes del pueblo llano, llegaron a alcanzar títulos de hidalguía y nobleza como los otorgados por Alfonso XI, desde entonces y para siempre en adelante, a los hijos de la ciudad de Burgos que hubiesen colaborado en tres o más fonsadas.

En 1492, y justo después de la toma de Granada y pacificación del territorio hispano se produce el descubrimiento del “Nuevo Mundo”. En las carabelas de Colón, fletadas con dineros castellanos, viajan Unidades de aquella Infantería Española que organizada al modo de “Cuadrilleros de la Santa Hermandad”, fundados por Isabel I de Castilla, recorren a pie aquellos nuevos territorios, mezclándose con los indígenas de igual a igual, fundado ciudades y aportando nuestra cultura, lengua castellana y civilización que aun perduran.
Aquellos infantes se distribuían en “Capitanías” (compañías) que al mando de su ya Capitán reunían a más de 800 peones, compuestas de: un “Abanderado”, sobre 20 “cuadrilleros” que ejercían el mando subalterno, unos 700 “piqueros”, 80 “espingarderos”, y los correspondientes “atambores”.

INFANTE CASTELLANO ADMIRANDO UN TEMPLO ENTRE UNA MULTITUD DE INDIGENAS

Con la “Ordenanza” del Contador Mayor Alonso de Quintanilla (1.496) aparece el término “Batalla” (después batallón), para designar la agrupación de varias compañías, y sobre 1.500 con “La Infantería de la Ordenanza” los Reyes Católicos la reorganizan en: “Un tercio de picas, otro de escudados y un tercero compuesto de ballesteros y espingarderos”, Este pudiera ser el origen del término “Tercio” que después definiría a nuestros infantes.

nota) Sigue en II (de la Edad Moderna a la actualidad)