jueves, 19 de julio de 2018
EL MORITO DE BURGOS
TOQUES DE CAMPANA
Tocar a yelo: Tocar a hielo, para evitar las heladas que pudieran aniquilar los campos y sembrados.
viernes, 31 de julio de 2009
RAMÓN DE BONIFAZ, UN BURGALÉS; PRIMER ALMIRANTE DE ESPAÑA, CONQUISTADOR DE SEVILLA Y CREADOR DE LA ARMADA ESPAÑOLA
Una vez más, como ya pasó con Juan de Garay (véase articulo en este mismo blog), se intenta confundir al lector poco avezado pretendiendo para otros lugares el origen de un burgalés.
Ramón de Bonifaz y Camargo es -a todas vistas- natural de la Cabeza de Castilla, así esta inscrito en el "Libro Armorial de la Cofradía de la Parroquia de Santiago de la Fuente de Burgos" con todo su linaje, genealogía y parentela; tanto de los Bonifaz como de los Camargo, descritos y miniados cada uno de ellos en él con sus armas heráldicas, y algunos de ellos distinguidos como esforzados caballeros en el Arte del Bofordo (véase también aquí).
De su origen burgalés tampoco presenta dudas la Crónica General de Alfonso X -contemporánea suya- donde se asegura de él que era “Omne de Burgos” y “Sabidor de las cosas de la mar”
La data de su nacimiento en Burgos se establece en 1196 y poco más tarde ya aparece documentado como poseedor de propiedades en el burgalés barrio de San Llorente y es muy probable que asistiera con 16 años a la fonsadera burgalesa de la batalla de “Las Navas de Tolosa” junto a los caballeros de su linaje, (estos si documentados en ella), como era costumbre en la época y donde adquiriría sus primeros conocimientos militares que seguiría ejerciendo hasta ocupar el cargo de Alcaide la Fortaleza y Ciudad de Burgos, comisión que por entonces era más militar que política.
Ya en 1247; el Rey le encomienda que aprestara una escuadra naval para la toma de Sevilla, sabedor como era el Rey de sus conocimientos militares que entonces no se diferenciaban de los de la mar, ya que los navíos tan solo se empleaban ocasionalmente como medio de transporte de las huestes, así nos lo dice la Crónica:
"Remon Bonifaz, un omme de Burgos, vino ver al rey et al rey plogo mucho del, et desque ovo sus cosas con el fablado, mandol luego tornar apriesa que fuese guisar naves et galeas et la mayor flota que pudiese et la meior guisada, et que se viniese con ella para Sevilla".
Con tal encargo se dirige a las villas marineras de Castilla sitas en las entonces provincias castellanas de Santander, Vizcaya y Guipuzcoa, donde construye y reúne una importante armada con la que se dirige al sur, reforzándola en algunos puertos de Asturias y Galicia.
A primeros de Agosto bordea Gibraltar y se encara al Guadalquivir donde derrota a la flota sarracena de zabras y saetías de Abu Qabl que pretendía imposibilitarle el acceso al río y ya en él derrota a otra que traía refuerzos desde África, remontó el río hasta Sevilla que estaba protegida por un pontón de barcas fuertemente encadenadas y ya en contacto con la hueste del Rey, permitió a esta el movimiento hacia la fortaleza de Triana evitando así el apoyo de las tropas del Rey de Niebla Suayb ibn Muhammad ibn Mahfuz.
Tan solo quedaba la conquista definitiva de Sevilla para lo que era necesaria la ruptura de la fortificada barrera de barcas que la protegía entre la Torre del Oro y su gemela de Triana. Los almohades intentaron aniquilar la Escuadra de Castilla incendiándola, con sus combatientes dentro, mediante una balsa de “fuego griego”, una especie de “napalm” de la época que fue evitado por la decisiva intervención de nuestro Almirante, veamos como nos narra este suceso la Crónica:
“Et asmaron de fazer una balsa tamanna.../... et que la ynchiesen toda de ollas et de tinaias llenas de fuego greguiesco et dizenle en arauigo.../... et resina et pez et estopas.../... et mouieron asy muy demodados contra las naues de los cristianos para gelas quemar et començaron a echar fuego.../... mas non fueron muy sabidores ca pues ellos empezaron a mouer faciendo grandes roydos de trompas et de tanbores: los vnos de las naues de los cristianos que estauan apareidos et muy aperçecbidos los reçibieron de tal guisa et fueron recodir con ellos que los fezieron ser represos del ardimente que tomaron et del cometimiento que ouieron fecho”.

Una vez superado este episodio recibe la Orden del Rey de romper el puente de barcas, para ello manda acorazar la proa de sus dos mejores naves, la suya incluida. Esperó el momento propicio y el 3 de Mayo de 1248, una vez bendecidas las naves por San Telmo que acompañaba al Santo Rey y aprovechando el viento favorable y la subida de la marea se lanzaron contra el puente con todo el trapo desplegado y la fuerza de los remeros del cantábrico, la primera en embestir fue la otra nave que le hizo estremecer, detrás; tal vez más pesada, llegaba la nave capitana con Bonifaz al mando, consiguiendo tan feroz arremetida que rompió las gruesas cadenas con que estaban engarzados los pontones; desbaratándoles, siendo seguido ya sin impedimentos por toda su escuadra, veamos como nos lo relatan los cronistas:
De cómo el rey don Fernando mando a Remont Bonifaz que fuese quebrantada la puente de Triana, et de cómo la quebrantó con las naves: "… et mando a Remont Bonifaz, con quien se conseio et otros que y fueron llamados que eran sabidores de la mar, que fuesen ensayar algun artifiçio commo les quebrantasen por alguna arte la puente, si podiesen, porque non podiesen unos a otros pasar. Et el acuerdo en que se fallaron fue este que fezieron: tomaron dos naves, las mayores et mas fuertes que y avie, et guisaronlas muy bien de todo quanto mester era para fecho de conbater. Esto era en dia de sancta Cruz, tercer dia de mayo, en la era de mill et dozientos et ochenta et seys; et andava la era de la Encarnaçion del Sennor en mill et dozientos et quarenta et ocho annos. Et esse Remont Bonifaz, guisado muy bien, entro en la una nave con buena conpanna et muy guisada de muchas armas; en la otra nave entraron aquellos que se don Remont Bonifaz escogio, omnes buenos et buena conpanna et bien guisada. et la nave en que don Remont yva, descendio muy mas ayuso que la otra. Et el rey don Fernando, en crencia verdadera, mando poner ençima de los mastes desas dos naves sendas cruzes, commo aquel que firme se avia de toda creençia verdadera.../...La nave que primero llego, que yva de parte del arenal, non pudo quebrantar la puente por o acerto, pero que la asedo yaquanto; mas la otra en que Remont Bonifaz yva, desque llego fue dar de frente un tal golpe que se passo clara de la otra parte"Continua la crónica resaltando que en este hecho: “.../...consistió toda la victoria, porque los moros desde aquella hora conocieron ser vencidos".
Y así fue; pues el 23 de Noviembre no le quedo más remedio al Rey taifa Axataf que capitular, devolviendo Sevilla a Fernando III de Castilla quien como única condición exige que la ciudad esté vacía de musulmanes, por lo que salieron de ella mas de cien mil, dejándoles marchar libres y francos.
Ya solo con cristianos las huestes castellanas entran en la ciudad siendo recibidos como nos indica la crónica:
“en 22 días del mes de diciembre, día de la traslación de San Isidoro, arzobispo que fue de la noble Sevilla, do fue el Rey recibido con procesión de toda la clerecía y de todas las gentes, con muy grandes voces, bendiciendo a Dios y al buen Rey, que les diera”
Bonifaz es recompensado con señoríos y propiedades en Sevilla y en Burgos y en 1250 es nombrado por el Monarca como Almirante de Castilla, siendo la primera vez que aparece este titulo en España, cargo que se describe como: “cabdillo de todos los navíos que son para guerrear” constituyéndose de esta forma la primera Armada Española con Ordenanzas Militares pues las “Ordinatione riparae” anteriores eran para la marina mercante, estas ordenanzas creadas por el burgalés fueron posteriormente recogidas en el “Código de las Siete Partidas”
Una vez consolidada Sevilla, el Rey mandó aparejar a Bonifaz otra escuadra para reconquistar Cartagena y también consta al mando de otra expedición de socorro al puerto de Safí.
En 1252 y después de todos estos esfuerzos se sabe que retorna a Burgos donde deja su cargo de Alcalde; que aun mantenía, a su hijo Diego, para dedicarse por completo desde aquí a sus labores de Almirante con jurisdicción y tribunales sobre todas las cosas de la mar y veedor de las rentas reales de todos los puertos, cargo de trascendental jerarquía como apoderado del Rey en todo lo concerniente a la regencia de los puertos, naciendo así la vocación marinera de la Ciudad de Burgos y que sería germen del posterior establecimiento en ella del Consulado del Mar y que ya no abandonaría como encrucijada entre la Corte y los puertos del Cantábrico.
Con Bonifaz, Alfonso X otorga en Burgos privilegios que alcanzan a la Puebla de Bilbao y su puerto y otros para Santander y Laredo como participantes en dicha gesta: “…Esta merced les fago por el mucho servicio que fisieron al Rey don Fernando, mio padre, e a mi, mayormente en la presion de Sevilla” , hecho este que los montañeses aun recuerdan en su escudo, donde se ve el navío de Bonifaz rompiendo las cadenas de Sevilla.
En 1256 falleció nuestro Almirante en Burgos siendo sepultado en el Monasterio de San Francisco; fundado por él, bajo su bulto yaciente constaba la siguiente inscripción:
“Aquí yace el muy noble y esforzado caballero don Ramón Bonifaz, primer almirante de Castilla que ganó a Sevilla. Murió el año MCCLVI”. Posteriormente la Reina Católica en una de sus visitas mando añadir: “que fue en ganar a Sevilla con el rey Don Fernando”.
Por su testamento sabemos que estuvo casado tres veces: “con doña Andrea Grimaldo, con doña Luisa de Velasco et con doña Teresa Arias de las que hubo dos hijos et cuatro hijas”. Durante la invasión francesa dicho monasterio fue bombardeado, esto y la desidiosa "amortización" de Mendizábal hicieron desaparecer su sepulcro, no obstante la Ciudad de Burgos sigue recordando a este esclarecido hijo suyo con una céntrica calle a su nombre cerca de donde estuvieron sus casas y posesiones.
miércoles, 24 de junio de 2009
BURGOS 1497; LLEGADA DE LOS PRIMEROS INDIOS A EUROPA
CASA DEL CORDÓN DE BURGOS
En la Casa del Cordón les esperaba la Corte de Castilla presidida por los Reyes Católicos sentados bajo su solio ceremonial.
Quien iba a ser recepcionado con tan altos honores no era otro que el Almirante de Castilla D. Cristóbal Colón que a la vuelta de su segundo viaje a las Indias Occidentales había querido presentarse con el Hábito de San Francisco como muestra de humildad, en vez de las lujosas vestiduras que a su elevado rango correspondían, de su cintura colgaba el Cordón de la Orden, el mismo que en piedra exornaba y aun enmarca la portada del Palacio entre unicornios y dragones. Le acompañaban sus hijos Don Diego y Don Fernando.
PORTADA DE LA CASA DEL CORDÓN
Entre los indios del sequito venían el hermano y el hijo del Gran Cacique Caribe Caonabó, quien también venía a Burgos pero desafortunadamente había muerto durante la dura travesía atlántica.
Así nos lo narra el Bachiller Andrés Bernáldez quien era cronista del Almirante: ...“que fue mi huesped e me dexo algunas de sus escripturas... e vino en Castilla vestido de unas ropas de color de habito de San Francisco de la observancia y en la hechura poco menos que habito, e un cordon de San Francisco por devocion y trujo consigo algunos indios, al gran Cacique Caonaboa, e a un su hermano, e a un su fijo de fasta diez años... muriose el Caonaboa en la mar o de dolencia o de poco placer”.
Tanto Bernáldez como Pedro Marguerite castellanizan en sus crónicas el nombre de Caonabó, cuyo nombre significa “Señor de la casa de oro” y era el Gran Cacique Soberano de Maguana en la región de Cibao de la actual Republica Dominicana, aquella isla que entonces se llamaba “La Española”. Su esposa era Anacaona que se traduce como “Flor de Oro” y que a su vez era la Caciquesa de Xaragua, mujer de gran belleza y gentileza que había recibido a los españoles ofreciéndoles trescientas muchachas vírgenes mientras les cantaba poemas propios en los areytos (grandes festejos tribales).

ILUSTRACIÓN ANTIGUA DONDE SE VE A CAONABÓ Y ANACAONA
Es de notar que en estos areytos, dada la desnudez de las indias y la proverbial fogosidad de los españoles se produjese algún desmán como se desprende de las advertencias del propio Almirante: ... “porque no aya causa que ninguna persona, de cualquier grado o condiçión que sea, vaya a rescatar cosa ninguna de los indios y los hazer dos mill enojos, y es cosa que es mucho contra su voluntad y deserviçio del Rey e de la Reina, nuestros Señores, porque Sus Altezas desean más la salvación d´esta gente, porque sean cristianos, que todas las riquezas que de acá puedan salir; así que bien proveído va, y se debe de contentar cada uno que Sus Casiques les manden pagar para comer y otras cosas que neçesarias vos fueren”.

ILUSTRACIÓN ANTIGUA DONDE SE VEN INDIAS Y ESPAÑOLES SOLAZÁNDOSE EN EL AGUA
Aun así, entre los presentes que traían los indios para sus Católicas Majestades venían objetos, animales y plantas antes nunca vistas de este lado de la mar océana, tales como guacamayos, árboles y plantas desconocidas, (tal vez entre ellas la patata), aunque lo que más del gusto de los Soberanos fue “la corona del Cacique Caonaboa, muy alta, con alas en forma de adargas, con grandes ojos y en la frente un ídolo sentado”.
Esta vez es el Paje Cronista del Príncipe Don Juan quien nos lo relata: ... “Fizieron una grand presente a los Reys de muchas cosas i muestras que troian de las Indias, ansi de diversidad de pajaros, animales, como de arboles, plantas, instrumentos i otras cosas de que los indios se sirven en sus casas i placeres i ansi mesmo de muchas mascaras i cintas con varias figuras en las quales en logar de ojos i orejas ponen los Indios ojos de oro i ademas oro en grano, como le produjo la natura, pequeno y grueso como habas i garbanzos, i algunos granos como huevos de palomas”.

Dicho oro lo donó la Reina Isabel de Castilla a la Cartuja de Miraflores de Burgos para que Diego de la Cruz dorara su incomparable retablo tallado por Gil de Siloé.

RETABLO CENTRAL DE LA CARTUJA DE MIRAFLORES Y ENTERRAMIENTO DE JUAN II DE CASTILLA
Con posterioridad en dicha Casa del Cordón se reunió la “Junta de Pilotos” con asistencia de Juan de la Cosa, Vicente Yáñez Pinzón, Juan Díaz Solís y Américo Vespucio y aun mas tarde en el mismo Palacio se redactaron y publicaron “Las Leyes de Burgos de 1512” donde, entre otras cosas, se regulaban aspectos que favorecían a los indios, pero esto ya es materia de otro trabajo.

CARTELA CONMEMORATIVA EN LA FACHADA DE LA CASA DEL CORDÓN
sábado, 23 de mayo de 2009
LOS TIMBALEROS DE BURGOS

Y es cosa muy de ver y oír como aun; cubiertos de bicornio, vestidos de librea azur con abotonadura dorada y orlas encarnadas; calzón a media pierna con medias blancas y calzados de zapatos de hebilla, salen enfáticos a los balaustres para “Tocar a Concejo” por tres veces; espaciadas cada cuarto, antes de la sesión.
Cuando la Corporación Municipal acude de ceremonial en “Acto de Ciudad” va, como es de costumbre, acompañada de estos Timbaleros, que en realidad es un solo Timbalero más dos Clarineros y dos Portadores que para estos actos van revestidos a la antigua usanza de los “Ministriles de Castilla”.

Los tañedores vienen tocados con montera castellana de satén labrado de damasco encarnado con filetes dorados y garzota blanca, anchuroso gorjal alechugado, sobre la almilla de seda escarlata llevan a juego ropón a modo de dalmática con gran Blasón de Burgos centrado al pecho, calzón corto con calzas y escarpines altos, todos bermejos.
Los Portadores llamados “Mozos del Peso” traen los dos atabales de caldera sobre una tablazón recubierta de estambre arrebolado con guarniciones de oro y la “Insignia de la Ciudad”, visten como los tañedores, cambiando el ropón por un balandrán de velludo con sendos escusones al uso de los corchetes.
Los cinco sones que van mudando al tañer, arrancan del medievo, siendo legados de maestro a maestro desde entonces. Uno de ellos es la “Marcha de la Ciudad” y otro la “Marcha de Castilla” que del mismo modo suenan para iniciar o cerrar o dar aura a hechos de desusada nombradía.

martes, 19 de mayo de 2009
LOS MAZEROS DE BURGOS
Al menos desde entonces, la Corporación Municipal de Burgos asiste a los actos oficiales “bajo mazas”, que dicho así parece que se les obliga a asistir bajo la amenaza de la maza, pero no, veamos sus porqués.
Ya en el Paleolítico Superior nuestros antepasados de Atapuerca aprendieron a enastar sus bifaces líticos transformando el utensilio en arma y creando así una primitiva maza que se fue perfeccionando.
En nuestra Baja Edad Media la maza es ya una eficaz arma que portan los paladines más esforzados, con la que solían escoltar y acompañar al Rey, Condes, Jueces y otros líderes naturales, convirtiéndose la maza de esta forma en alegoría de su autoridad tanto militar como política y judicial, pasando a ser un “arma de parada”; más suntuosa que eficaz, que a la vez sirve como objeto de carácter que da boato y esplendor
Anteriormente, durante nuestra romanización habíamos visto llegar hasta aquí a los Emperadores siempre precedidos de sus turiferarios tal y como nos explica Covarrubias en su Diccionario de Autoridades donde dice que: “estas mazas tienen la forma del badillo o “batillum” que antiguamente llevaban los emperadores romanos que consistía en un cetro con un turíbulo o braserillo en la parte superior, en que se llevaban perfumes olorosos”, lo que puede explicar las formas que van adquiriendo posteriormente las mazas.
Ya en el S XIV, aparece la figura de los llamados “Ballesteros del Rey” antiguo oficio de la Casa Real de Castilla como reconoce el Diccionario de la Real Academia. Unos de estos eran los llamados “Ballesteros de Maza” como aquellos que acompañaban al Rey Burgalés D. Pedro I, quien en 1351, mediante ellos, tuvo que resolver de forma ejecutoria la alta traición que contra él estaba tramando su hermano bastardo Enrique, quien trataba de arrebatarle el Trono; “..y mandó a los Ballesteros de Maza de la su guardia la acabasen” (Crónicas del Rey Don Pedro).
En la antigua Enciclopedia Española de Derecho llamada: “Nuevo Teatro Universal de la Legislación de España e Indias” se dice que: “Ballesteros, en fin, se llamaron los porteros y mazeros que alguna vez suplían la ineficacia de los alguaciles para hacer efectivas las ordenes, equivaliendo a jueces ejecutores o de apremio”.
Tal y como anteriormente se había dictado en las Ordenanzas Reales de Castilla de 1484: “Ordenamos que cuando los alguaciles de la nuestra Corte o alguno de ellos no cumplieren lo que nuestros alcaldes les enviaren mandar por su carta, mandamos a cualquier de nuestros Ballesteros de Maza de la nuestra Corte, a quien los nuestros alcaldes o alguno de ellos lo mandaren que lo cumplan”
De aquellos “Ballesteros de Maza de Castilla” llegamos a nuestros “Mazeros de la Ciudad de Burgos” quienes aun portan sobre sus hombros sus “Mazas Ceremoniales” de plata cincelada con los blasones de la Ciudad y que acompañan a la Corporación Municipal.
Delante de ella van dos “Mazeros Mayores” mientras que otros dos llamados “Menores” flanquean al Alcalde, todos llevan suntuosos ropajes derivados de los de aquellos ballesteros y heraldos medievales.

lunes, 11 de mayo de 2009
LOS GIGANTONES DE BURGOS
En la actualidad, siempre precedidos de los Gigantillos y al ritmo más ceremonioso de su respectivo “Pitero” desfilan en hilera; solemnes e hieráticos.
Después vienen El Cid y Doña Jimena. Don Ruy de Guerrero Castellano; celada borgoñota, cota de malla completa con capuz, sobrevesta pardisca de brocado, ciñe su Tizona sin guarnir pendiendo del talabarte y lleva escusón en venera con las armas de su linaje. Su esposa va de elegante Dama Castellana con cofia ocre, toca blanca de tul y sus cabellos aprestados en largas trenzas, sus galas son de ricas telas de guadamecí en tonos pajizos con orlas de cañutillo de oro de los que penden madroños de pasamano, como aderezo luce en su busto un camafeo-retrato de su tan bizarro cónyuge.

Siguen una pareja de Caciques Amerindios como aquellos que hasta aquí llegaron acompañando a Don Cristóbal Colón en la vuelta de su segundo viaje; ambos van totalmente vestidos con ropajes de escaques y losanges en ámbar y azabache, uno y otra con arco y aljaba de flechas a la espalda, en el caso de ella como referencia a las temibles amazonas. Él porta feroz destral en mano, mientras ella se adorna con candongas o broquelillos dorados.
Prosiguen los Califas, él y ella de marcadas facciones prietas y tocados de sendos turbantes donde se alternan el leonado y el azur, él; con mosca y gruesas arracadas colgando de sus orejas, trae tunica pajiza y sobrepelliz bermejo, de su cintura pende terrífica cimitarra. Ella lleva zarcillos y ahogador de abalorios, vestidura de tafetán arrasado en índigo con listas gualdas, medias mangas de muselina blanca y apretadera de trencilla. 

como están tan cansados hacen el arrimón.
Alajú, alajú, gigantones, menead con sal los talones,
y a compás, con gracia y contento
a salud del Ayuntamiento.
Los gigantones, madre, el Día del Señor
corren, saltan, grandones, bailan al rededor.

Nota) el autor del texto, a la sazón Don Yagüe Garcés, prescinde de glosar las palabras de suso dichas, pues por desusadas que puedan parecer las susodichas aun se encuentran debidamente recogidas en el DRAE y ni aun el Word le puso discrepancia alguna como el avezado lector podrá comprobar, sirva para esparcir aun más nuestra medrada Lengua Castellana. VALE.
jueves, 7 de mayo de 2009
LOS GIGANTILLOS DE BURGOS

El Gigantillo lleva las características capa parda y faja roja, “sombrero castellano de velludo” y la vara representativa de su autoridad.
La Gigantilla va de elegante jubón recubierto por su mantón bordado, “chambra blanca”, amplia falda de percal con estampado de florecitas, delantal negro, pendientes y collar de gruesas bolas rematado en una cruz de plata, un ramo de flores en la mano y un coqueto ramillete en su escote, mientras que su “particular belleza” se ve realzada por un elegante repeinado con el típico “moño de picaporte” y su amplia sonrisa se ve aderezada con una graciosa verruga no desprovista de vello. En ocasiones se la engalana con su vestido de burgalesa.
El único Pitero que les acompaña viste de sobrio traje negro con sombrero de ala ancha rodeado de una larga cinta roja que termina a media espalda rematada de flecos dorados. Con inusitada habilidad pulsa el pito con la mano derecha de cuyo antebrazo cuelga el tamboril que redobla con la izquierda.
Una de sus danzas autóctonas y ancestrales son “las mochadas” donde la pareja baila con las cabezas juntas, proviene esta danza de la antigua costumbre -que ya no se practica- de sorprender a los incautos con golpes en sus cabezas por parte de la de los gigantillos, al respecto el pueblo se inventó una coplilla para acompañarla al son del pito y tamboril: Currucú, currucú, muchachillos,
que os cogen Los Gigantillos,
que os cogen a la descuidada
y os dan una fuerte mochada.
“La Gigantilla es hembra
pero todos por dentro,
Por si hubiera lugar a dudas.
jueves, 30 de abril de 2009
LOS DANZANTES DE BURGOS

La indumentaria tradicional de los Danzantes es a guisa de “Paje de Corte” y data del siglo XVI, lo que nos da una idea de su antigüedad, aunque anteriormente llevasen otras no consignadas y aun más vetustas que hubieron de remozar, está compuesta de tonelete con sobremangas de terciopelo rubro con galones estofados de oro, gorra a juego con vistoso airón blanco, camisa cruda de encaje, calzas carachas con sandalias que -no mucho ha- aun se les confeccionaban a medida, y tahalí de cordobán colgando al talabarte. Los Paleros visten igual pero de color verdusco dada su impericia.

Los Tetines van tocados de vistosas mitras y sus gayos trajes de fieltro dibujan rombos de colores que recuerdan al de los “Zaharrones” de nuestro carnaval más ancestral o al del “Capidiablo” y “el Colacho” de la Celebración del Corpus Christi, en la mano llevan un zurriago de cola de buey lo que unido a la mitra les entronca de alguna manera con personificaciones de antiguas mitologías. Sus atavíos alternan de los colores grana, sinople y blanco, mientras que el del Tetín Mayor se distingue por su fondo índigo, los remates en punta, tanto del cuello como los de los bajos de sus casacas, van adornados de sonoros cascabeles.

LOS DANZANTES DE BURGOS
ANTE LOS ARCOS DEL CONSISTORIO
Los Dulzaineros y el Tambor Redoblante van de sobrio traje negro con sombrero de ala ancha del que pende una larga cinta roja rematada en flecos dorados.
Su repertorio se compone de atávicas danzas de paloteo, espadas y arcos, y sus complicadas evoluciones son dirigidas por las distintas posiciones del zurriago de los Tetines. En sus pasacalles y algunas danzas se acompañan de tarrañuelas.
A alguna de sus añosas músicas la sabiduría popular fue capaz de ponerles letra, para mejor recordamiento, como aquella que dice:
Ha venido mayo,
bienvenido sea ,
“pa” que los danzantes,
juegen a la rueda.

Su intervención en nuestras funciones y fiestas de solemnidad contribuye a su mayor boato y esplendor y entre sus muy antiguos cometidos destacan el de bailar en las vísperas del Corpus delante de las casas de cada una de las autoridades, y el aun mas notable del “Salto de la Trucha” que ejecutan para rendir honor ante personalidades de especial relevancia.







