martes, 31 de marzo de 2009

BURGOS, 1º DE ABRIL

Hace setenta años que se emitió en Burgos, entonces Capital de España, el siguiente y lacónico comunicado


FOTOGRAFÍA DEL DOCUMENTO ORIGINAL MANUSCRITO POR EL PROPIO GENERAL FRANCO

Transcripción:

CUARTEL GENERAL DEL GENERALÍSIMO
ESTADO MAYOR

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejercito Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus ultimos objetivos militares. La guerra ha terminado.


El Generalísimo

Franco

Burgos 1º Abril 1939

miércoles, 18 de marzo de 2009

EL MILAGRO DE LA LUZ EQUINOCCIAL EN ORTEGA

En el equinoccio de primavera, cuando la noche dura igual que el día, cuando la luz vence a la oscuridad y los días son cada vez mas largos, como todos los años en el pueblecito burgalés de Ortega, se produce un fenómeno asombroso que la sabiduría popular ha dado en llamar desde tiempos remotos como “El Milagro de la Luz Equinoccial”.

Pero antes que nada, tenemos que hablar de S. Juan de Ortega, este burgalés de Quintanaortuño, vecino y contemporáneo del Cid, hijo de Vela Velasco por lo tanto de cuna noble y rica, y quien tuvo un singular porte para la época pues medía dos metros y algo también raro en aquellos tiempos como fue el llegar casi a los cien años.
Fue un gran viajero que llegó hasta Jerusalén y también a Compostela y la experiencia de estas peregrinaciones le hicieron unirse a otro burgalés, Domingo de Viloria, conocido como Stº. Domingo de la Calzada, para así juntos ponerse al servicio de los peregrinos como pontífices, que no es que fueran Papas sino constructores de puentes sobre la Calzada Jacobea.
Después se retiró como ermitaño a Ortega, sobre el Camino de Santiago, donde fundó un santuario y albergue para proteger a los peregrinos en la difícil travesía de los Montes de Oca, donde eran asaltados por maleantes o atacados por los lobos o los osos.

Y es precisamente en este templo románico de este su santuario, donde todos los equinoccios se produce un singular fenómeno que transciende a lo metafísico: en el momento del ocaso, un rayo de sol entra por un ventanuco de la fachada incidiendo sobre la figura de la Virgen que lo recibe entre sus brazos.
EL CAPITEL ES ILUMINADO POR LA LUZ DEL OCASO
Dicho así, parece que no tiene nada de particular, esto de hacer pasar un rayo de sol por un punto determinado ya ocurre en otros sitios, incluso mas famosos, como Stonehenge en Inglaterra o en Uaxactún, Guatemala, sin embargo en Ortega es más asombroso, a poco que repare uno se da cuenta que la iglesia románica se construyó ya pensando en este fenómeno, calculando no ya el Equinoccio, difícil para los conocimientos de astronomía de la época, sino para que también coincidiera el ultimo rayo del sol poniente sobre el único capitel historiado de todo el templo.
DETALLE DEL CAPITEL RECIBIENDO LOS ÚLTIMOS RAYOS DE SOL
Pero no acaba aquí lo asombroso, resulta que en todas las demás iconografías de la Anunciación de María, la Virgen está mirando al ángel, aquí no, aquí María mira directamente al rayo de sol que ilumina su vientre, recibiéndolo entre sus brazos y en ese momento las facciones hieráticas de su cara, típicas del románico, parecen dulcificarse casi en una sonrisa mientras sus ojos parecen deslumbrados por el sol.
DETALLE DE LA SONRISA DE MARÍA
No hay que olvidar que todo esto sucede justamente nueve meses antes de la Navidad, esto sin duda, nos transmite una idea de fecundidad, como es la propia concepción de la Virgen y después está el hecho de que el sol en el ocaso parece penetrar en la tierra haciendo resurgir la primavera.

No es extraño por tanto que el santo sea patrono, entre otras cosas, de las mujeres que desean tener hijos, así lo entendieron Isabel la Católica y las esposas de Carlos V y Felipe III que vinieron hasta aquí en busca de su anhelada descendencia. Asimismo el santo es patrón de los arquitectos técnicos, como constructor que fue, y también lo es de viandantes, camineros y campesinos.

Nota)
Creo que debo referirlo; llevo muchos años asistiendo puntualmente a ver este fenómeno, y casi siempre, justo al crepúsculo y ya bajo las nubes, un tímido rayo de sol –casi por milagro-, se colaba entre ellas para producir el esperado efecto… .

Hoy; equinoccio de primavera del 2015, habían llegado excursiones y gran número de visitantes, sin embargo, el nubloso cielo no nos quiso acompañar.

Decepcionados fuimos a visitar el pequeño museo de interpretación que existe en la aneja capilla de San Nicolás, allí tienen una replica exacta del capitel, cerca de nosotros, estaba una patrulla de la Guardia Civil,  encargados de la protección al peregrino; al verles se me abrió el cielo:
-Agente; ¿no tendrá Vd. una linterna?,
-Por supuesto,
-Pues hágame el favor de alúmbrarme para hacer una foto.

Y así; de esta forma tan sutil, y gracias a la Guardia Civil, se pudo remedar el milagro, María volvió a sonreir. Aquí dejo el testimonio en forma de fotografía.
     MARÍA SONRÍE ILUMINADA POR LA GUARDIA CIVIL

lunes, 16 de febrero de 2009

CARNAVAL EN BURGOS

En Burgos no se puede hablar de carnaval, ¡chitón!, y no es que no nos dejen, es que en el Burgos antiguo no existe el carnaval, el carnaval es una idea moderna, de hecho, como ahora lo conocemos no aparece hasta bien entrado el siglo XVIII.

En Burgos podemos hablar, y mucho de “Carnestolendas”, de ir de “Antruejo”, de hacer “Marracanadas” e incluso de “Mojigangas” y “Mascaritos”, pero nunca de chirigotas, murgas ni comparsas, esto, como digo, es la idea moderna del Carnaval, mas propia de otras latitudes, donde la bonanza del clima permiten otras demostraciones e incluso que las mozas vayan en folguetas cuando no en pura porreta.

Sin embargo, en cuanto se pone uno a “arrascar” en la historia aparece el carnaval antiguo, con gran arraigo en nuestras tradiciones, se puede decir que el carnaval burgalés se pierde en la noche de los tiempos, mezclado con ritos arcanos de los pueblos anteriores a la romanización. Pero es precisamente la civilización romana la que nos aporta la idea primigenia de nuestro carnaval que sin duda está unido a la Lupercalia que se celebraba, precisamente, en estas fechas en honor del dios Pan.


Posteriormente la religión cristiana consigue adaptar estas celebraciones a su liturgia pero la tradición permanece y no es gratuito pensar que figuras de nuestro carnaval, como son los “Zarragones” o los “Cachibirrios” o los “Capidiablos”, siempre provistos de un zurriago o una bochincha para golpear a niños y sobre todo a las mujeres, no es otra cosa que la adaptación de los ritos de fecundidad de las lupercales.

Otra costumbre pagana que ha llegado a nuestros días, ésta con menos fuerza, aunque se sigue realizando en diversos puntos de nuestra provincia, es la de arrojar ceniza a los concurrentes, desde luego también está unida a la Lupercalia y se trata de un individuo del pueblo, algunas veces disfrazado, que recitando versos disparatados trata de atraer a los curiosos, a los que sorprende arrojándoles ceniza o harina o incluso salvado.

En alguna de nuestras zonas aparecen “Tarascas” o la “Vaca Curra o Romera”, pero éstas son más propias de otras celebraciones como puede ser la del Corpus Christi o el teatro.



El “Jueves de Todos” sin duda también desciende de los ritos lupercales y como tal subsiste en todas las culturas romances, en Francia es el “Mardi Grass”, en Italia el “Lardero” y en Portugal la “Terça Feira Gorda”, en todas ellas los niños visitan las casas solicitando con canciones golosinas o algo para merendar, en Burgos suele ser :



Somos niños de la escuela,
que venimos a rogar
a la dueña de esta casa
que nos de “pa” merendar.

Otras veces se completa con el Juego del “Higuí”, en el que algún adulto disfrazado, atrae a la chiquillería con un higo atado a un cordel colgando de un palo mientras recita con voz chillona:


Al higuí, al higuí
que con la mano, no
que con la boca, si.

Otra mojiganga carnavalesca de nuestra tradiciones es el entierro de la sardina, que todos conocemos y está muy extendida en toda España, sin embargo en Burgos, también toma formas propias como cuando el “oficiante” que suele ser el herrero del pueblo, rocía a la gente con una escoba y un pequeño caldero, parodiando las salmodias fúnebres como:

Mocitas, las de este pueblo
no tengáis miedo
porque el hisopo
tieso lo llevo.

Suele acompañarle un monaguillo con una especie de roquete repleto de nabos que contestaba al “oficiante” con aquello de:

Aunque de nabos me veis vestido
el más gordo lo llevo bien escondido.

El Carnaval Moderno, como ya se ha dicho surge en el Siglo XVIII, con figuras como los Arlequines, Pierrots y otros que recuerdan con sus vestidos a nuestros "Zarramacos", "Colachos" y "Tetines" que desde luego, vienen mucho mas de antaño como dicho queda.

miércoles, 14 de enero de 2009

SAN LESMES; UN FRANCÉS, PATRÓN DE CASTILLA

En Loudun, en el Poitou francés, allá por el 1.030, en el seno de una familia noble, nació Alleaume. De su infancia poco se sabe, pero es probable que al igual que otros hijos de noble se formase en alguno de los conventos de su región. En su juventud, siguiendo el deseo de su padre, entró al servicio del Ejército del Rey de Francia, donde dio grandes muestras de valor y demás virtudes militares siendo un ejemplo para sus compañeros y subordinados.

A la muerte de sus padres abandonó el ejercicio de las armas, repartiendo sus pertenencias entre sus escuderos y después de peregrinar a Roma tomó el habito de S. Benito en la Abadía de “Domus Dei”, la actual “Chaise Dieu” en la Auvergne cuando era Abad S. Roberto, poco después fue ordenado sacerdote en Clermont – Ferrand. A la muerte de S. Roberto es elegido Abad por toda la comunidad, pero como su humildad no le permitía el ejercicio de tan alto cargo renunció a él dos años mas tarde, en esta época ya se le conoce con su nombre latino de Adelmus. Pronto adquiere fama de santidad, llegando a sanar milagrosamente a la Reina Matilde, la esposa de Guillermo “el Conquistador”, de la misma forma que libraba de la peste a quien comía del pan por el bendecido.

Constanza de Borgoña estaba casada a la sazón con Alfonso VI de Castilla, quien siempre había mostrado preferencia para sus matrimonios por princesas extranjeras y es, precisamente Dª. Constanza; conocedora de la fama de Adelmus, quien se empeña en hacerle venir en contra de sus deseos a Castilla, así puede leerse en el “Bezerro de Sant Joan”:
" La dicha Reyna Doña Constanza, pidió al Rey, su marido, que trojese al Santo Varón Adelelmo, para que con su santidad amparase a este Reyno de Castilla".
En un principio Adelmus rechaza la invitación, siendo conminado en varias cartas por la reina, quien llega a decirle: "Te conjuro de parte de Dios que si no quisieres venir y descuidares en llegar a esta tierra de Castilla, que con gran deseo te espera, Dios te lo demandará por las almas que se pierdan".

Obligado de esta forma y obedeciendo el deseo del Papa Gregorio VII de sustituir en Castilla el rito mozárabe por el latino, llega a Burgos sobre el 1.081, siendo recibido por los reyes quienes le nombran: Consejero, Confesor y Abad de su Reino, siendo muy posible que en esta época coincidiese con el Cid Campeador en algún acto de la Corte. Pronto los castellanos, ante la dificultad de pronunciar correctamente su nombre; lo van adaptando a su lengua, así primero es Adelelmo, después Adelelme y Alesmes, hasta llegar a Lesmes, nombre por el que es, a partir de entonces, conocido.

En el 1.085, Alfonso VI le pide que le acompañe en la toma de Toledo: "El Rey dispuso sus ejércitos de una parte del Tajo, sitiando la ciudad, de los moros mucho bien guarnida. Una noche díjole Lesmes al Rey que aprestase sus gentes pues aquella misma noche se había de tomar Toledo. Estando descuidados los moros, por donde el río era mas profundo, tanto que se podía navegar, Lesmes trazó la Señal de la Cruz sobre las aguas, pasando el río a lomos de un rucio o jumentillo, sin que llegase la agua a mas de las corvas de su caballería y así le siguió todo el ejercito y aquella noche se tomó Toledo"

"Quiso el rey agradecerle esta milagrosa intervención, dándole a elegir, entre los de su reino, el mejor lugar que le conviniera para poder servir mejor a Dios", a lo que Lesmes contestó que tan solo quería: "La capilla elemosinaria de Sant Joan que para emendacion de los pecados y recoger a los pobres pelegrinos has mandado construir en Burgos".

Pareciéndole poco al Rey y le dio, no solo, la Capilla de S. Juan, si no también el Hospital y Monasterio del mismo nombre que aun están sobre el Camino de Santiago y durante siglos fueron un importantisimo hito de la hospitalidad jacobea: "Para que allí mores con los freires de Sant Benito y fagais preces por mi el Rey, por Doña Constanza la reyna nuestra señora y por toda Castilla".

En Burgos, Lesmes vive austeramente, repartiendo cada día panecillos a los pobres, a los que conforta e incluso bromea con ellos según cuenta la tradición. Además de los numerosos milagros que se le atribuyen en esta época, todavía es reconocido en Burgos por las importantes obras de saneamiento y encauzamiento de ríos que el mismo dirige, posiblemente aprovechando conocimientos de su etapa militar y que evitaron la peste y las inundaciones que sufría periódicamente la Cabeza de Castilla.

TÍMPANO DE LA PORTADA DEL TEMPLO DE S. LESMES EN BURGOS

De algunos de estos episodios históricos quedan, además de documentos, diferentes obras artísticas, como las vidrieras de St. Pierre en Luodun, o la portada de su templo gótico de S. Lesmes Abad en Burgos, donde se escenifican sus milagros, la travesía del Tajo, el reparto de sus ropas a los escuderos u otras muchas escenas de su vida.

El 30 de Enero del 1.097 muere en Burgos, siendo recogidos sus restos en aquella su primera capilla, que tuvo que ser derribada por Juan I al ser un peligro ya que desde ella se podía escalar la muralla, sus restos fueron trasladados a la inmediata iglesia parroquial que desde entonces lleva su nombre.

Su fama y milagros se siguieron extendiendo por toda Castilla, que en el 1.385 le elige como Patrón y el propio Rey Alfonso VII así lo declara, mandando grabar la efigie del Santo en escudos y monedas junto a la suya imperial: "TOMÁNDOLE POR PATRÓN, DEFENSOR Y TUTELAR DE TODOS SUS REYNOS, FECHOS Y DOMINIOS".

También es el Patrón titular de la Ciudad de Burgos cuya festividad celebra con todo boato y esplendor en dicha fecha desde de tiempos inmemoriales, existiendo actas municipales que recuerdan a la Corporación que debe conmemorarla, como una de 1533, donde se dice que “esta fiesta fue echa a petición de la Justicia y Regimiento de la ciudad, quien esta obligada a guardar de precepto”, u otra de 1617 donde para resaltar la festividad el Ayuntamiento toma el acuerdo de “que se vaya allá en caballo, desde la Torre de Santa María, con sus mazeros y en acto, conforme la ciudad lo tiene acordado”.

sábado, 20 de diciembre de 2008

LA PASCUALA

Allá por los principios del pasado siglo XX existía en Burgos un grupo de amigos, algunos industriales y otros artesanos, que solían reunirse cada día -al mediodía- para compartir un rato y tomarse unos “dieces” de clarete en aquel afamado Bar Restaurant que a su nombre regía la Hija de Iturriaga al final de la C/ Santander o principios de la Avª. del Cid, según se vea.

Dicen que un Primero de Año, para celebrarlo, se pusieron a entonar -se supone que ellos también “entonados”- una letrilla entonces en boga de una obra de las denominadas del “género chico”: “La Pascuala”.
Dado el éxito obtenido entre la concurrencia decidieron repetirlo cada año en tan significada fecha, así nació esta tradición donde los descendientes de aquellos primeros “Pascuales” seguimos celebrando esta “Pascua secular”.

Uno de aquellos iniciadores de esta raigambre fue el Señor Don Benito García Valdivielso, “El Berzero”, abuelo paterno de quien esto suscribe, quien fue persona que por su proverbial simpatía, agudo ingenio, buen humor, fácil conversación y campechanía supo granjearse la amistad tanto de las clases mas humildes como la de intelectuales y autoridades. En la cuadra de su casa sita en la actual Pzª. de España se fundó la ya centenaria “Unión Artesana”, decana de las Sociedades de Burgos.

Aquel local original de la Hija de Iturriaga fue después el Bar “Nervión” y en la actualidad lo ocupa una “Caixa” de Ahorros por lo que cada uno de Enero nos seguimos reuniendo, ahora en el Bar “Boston” del otro lado de la calle, y allí, venciendo la resaca de rigor, con toda pompa y ceremonia seguimos cantando La Pascuala como recuerdo y homenaje a nuestros antecesores y bienvenida al Año Nuevo.

EN LA CASA QUE SE VISLUMBRA AL FONDO ESTUVO SITO EL BAR-RESTAURANT DE LA HIJA DE ITURRIAGA

El ritual siempre es el mismo: alguien se sube en una silla, golpea una copa para requerir atención y después de una breve alocución nos invita a cantar; primero tarareamos, por dos veces, las primeras notas del Himno a Burgos para a continuación lanzarnos con La Pascuala que dice así:

Es la Señora Pascuala,
una mujer que asusta,
por cualquier cosa se enfada
y nada le gusta.

A una mujer como esa.
yo nunca la conocí,
por eso al pobre marido,
le dicen así:

¡Daala, daala,
que es una cosa muy maala
¡daala, daala,
que hay que acabar de una vez,
“pa” que no sea soez,
La Pascuaala.

El otro día estando en misa,
le salto dos “envergüenzas”,
“y” al padre Cobisa,
todos los feligreses,
agrupados en montón,
al sacristán le gritaban
con indignación:

¡Daala, daala,
que es una cosa muy maala
¡daala, daala,
que hay que acabar de una vez,
“pa” que no sea soez,
La Pascuaala.

¡VIVA LA PASCUALA!

Como se ve, hoy en día la letra no sería “políticamente correcta”, sin embargo, en aras de la tradición tanto mujeres como hombres la cantamos en tono festivo sin pararnos en más consideraciones, denostando previamente cualquier tipo de maltrato.

Hay que aclarar que no se trata de una “peña” como mucha gente piensa y que los asistentes ni tan siquiera nos conocemos entre nosotros en muchos casos, siendo ésta la única ocasión en que nos reunimos, teniendo que sortear a los otros asistentes que acuden al reclamo de la generosa colación que los amables dueños del “Boston” ofrecen a la concurrencia.

sábado, 6 de diciembre de 2008

LA MEJOR INFANTERÍA DEL MUNDO

II (DE LA EDAD MODERNA A LA ACTUALIDAD)

nota) viene de I (PREHISTORIA, EDAD ANTIGUA y MEDIA )



En 1517 el joven Emperador Carlos I (nieto de los Reyes Católicos) desembarca en el puerto castellano de Laredo para dirigirse a Burgos, -la “Cabeza de Castilla”-, a hacerse cargo del Reino de su inhabilitada madre la Reina Juana I. Con él se reúne el mayor Imperio que hayan conocido los siglos, aquel en el que nunca se ponía el sol.

Con él se distinguen los Tercios Españoles de Infantería, la fuerza necesaria para mantener tan dilatados dominios. Tuvieron que operar primero en Italia; “Los Tercios Viejos de Italia” y después los llamados “Tercios Nuevos de Flandes” extendieron su acción a toda Europa, Estado Pontificio incluido.
En las campañas de Flandes, aunque nunca fueron batidos, sufrieron innumerables bajas, llegándose a hacerse populares entre ellos aquellos versos que declamaban ufanos en las tabernas:



España mi natura,
Italia mi ventura,
¡Flandes mi sepultura!





Su creador había sido D. Gonzalo Fernández “El Gran Capitán”, ilustrado hombre renacentista capaz de inventar una nueva estrategia y organización militar de la que se derivan todos los ejércitos actuales, (como ejemplo baste decir que los diferentes empleos: General, Coronel, Capitán, Sargento, etc., hoy en día utilizados en todos los ejércitos del mundo son creación española).
Fernando de Aragón, cometiendo sin duda un fallo diplomático, llegó a exigir cuentas al Gran Capitán de los gastos de la Campaña de Nápoles, siendo altaneramente contestado por este en los siguientes términos conocidos como "Las Cuentas del Gran Capitán:
“Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados."








RENDICIÓN DE BREDA POR DIEGO VELAZQUEZ


Su estructura organizativa va variando a lo largo de los tiempos, llegando en los tiempos de los Tercios Nuevos a componerse cada uno de: Un Maestre de Campo como jefe superior del Tercio del que dicha unidad recibía su nombre: “Duque de Alba”, “Don Juan de Austria”, “Don Alejandro Farnesio”, etc.,y que era nombrado por el Rey, como segundo jefe le acompañaba un Sargento Mayor. Cada Tercio contaba con 12 Compañías (10 de Piqueros y 2 de arcabuceros), cada cuatro de estas compañías (lo que hoy sería un Batallón) se llamaba Coronelía y estaba mandada por un Coronel, y cada compañía solía tener entre 250 y 300 hombres.

Los Sargentos que mandaban sobre 30 hombres iban armados de la “sargenta”, una alabarda que les distinguía y los soldados además del arma correspondiente siempre llevaban su espada toledana de taza y atrás, atravesada al cinto, una daga. Los piqueros se dividían en: “picas secas” y “picas armadas”, los primeros tan solo se protegían por el típico “morrión” y el “coselete”, mientras que los segundos llevaban armadura completa. Los arcabuceros y mosqueteros se distinguían por su chaleco de cuero y colgando de su bandolera llevaban los saquetes de pólvora y las balas de plomo.





MOSQUETERO DE LOS TERCIOS DE FLANDES


Castilla fue la que mas soldados aportó a los Tercios, el alistamiento era voluntario e indefinido y cuando el Capitán encargado del reclutamiento desplegaba su bandera en el lugar acostumbrado, hasta él llegaban multitudes de aspirantes, desde labriegos hasta nobles, deseosos de ventura.

Estos bizarros nuevos infantes estaban aun imbuidos del espíritu caballeresco de los peones medievales, su preponderancia y prestigio fue tal que se encuentran recogidas anécdotas como aquella en que toda una gran ciudad se rindió a un solo infante que llegaba a la muralla, lo que les llenaban del orgullo y gallardía necesarios para desarrollar su oficio, sin embargo dentro de sus unidades demostraban una gran disciplina, humildad y sobre todo silencio.

La etimología latina de infante (infans-antis) nos indica que es “el que no habla”, a los soldados de los tercios les gustaba el silencio y desde luego no admitían el griterío de otras tropas y ni tan siquiera el de sus jefes. Pedro Calderón de la Barca, genio de nuestras letras y Soldado de la Infantería Española así lo expone en uno de sus versos:

Estos son españoles. Ahora puedo
hablar, encareciendo estos soldados,
y sin temor; pues sufren a pie quedo,
con un semblante, bien o mal pagados.

Nunca la sombra vil vieron del miedo,
y aunque soberbios son, son reportados;
todo lo sufren en cualquier asalto,
sólo no sufren, que les hablen alto.



El mismo Calderón vuelve a cantar a su profesión de infante definiéndola con estos sentidos versos que aún siguen honrosamente colocados a la entrada de las actuales Compañías:

Este ejército que ves,
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que él adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede.
Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mayor calidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho,
no adorna el vestido al pecho,
que el pecho adorna al vestido;

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la fineza, la lealtad,
el honor, la bizarría;
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son,
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna,
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.



En el reino de España, “Infante” también es aquel hijo del Rey que no es el Heredero, los Infantes de los Tercios se sentían “nobles” a través de la nobleza de su oficio.

Como dominadores de toda Europa que fueron, a veces sintieron el odio y el temor de otros pueblos que no pudiendo vencerles les crearon la “Leyenda Negra” con la que se intentaba denostarles, en ocasiones tachándoles de incultos, cosa harto incierta, pues como aun se puede comprobar, rara es la nomina de una Compañía en la que el 50% de sus soldados no están antecedidos del titulo de “Don”, hecho que indica que cuanto menos eran bachilleres, en aquellos tiempos en que las masas de población de toda Europa, España incluida, eran iletradas. También aparecen muchos nombres precedidos de “Señor” lo que indica, al menos, titulo de Hidalguía.


Esta “Gloriosa Infantería” permaneció invencible durante siglos, siendo tan solo batidos en Rocroi debido a problemas políticos, ajenos a la milicia, que les hicieron presentar batalla contra un ejército muy superior en número y en condiciones desventajosas, aun así fue una “derrota honrosa”. Entre sus muchas victorias caben destacar: la de 1.547 contra el Elector de Sajonia y la de 1.557 en S. Quintín contra Enrique II de Francia quien fue hecho preso, en 1571 derrotaron al temido ejercito Turco en Lepanto salvando antes Viena y Malta de su invasión y en 1.634 aniquilaron al fabuloso ejercito Sueco en Nordlingen.



Pero si importantes fueron los Tercios no debemos olvidar al resto de la Infantería, no menos importante que permanecía repartida por todo el Imperio, desde Las Carolinas, Las Marianas y Las Filipinas, pasando por África y llegando hasta America.



Después de un gran salto en el tiempo, con duraderos espacios de paz, y para no cansar más al lector llegamos a nuestros días, a la Guerra Civil Española (1.936-39), Guerra “Incivil” como al autor le gusta llamarla, donde la Infantería Española vuelve a tomar especial relevancia. Así durante la Campaña del Ebro dirigida por el propio General Franco, se relata la anécdota de que un General Alemán que hacia las veces de Observador, respetuosamente por que era más moderno le dijo:
-“Mi General, la Infantería Española es la mejor del mundo...”
a lo que Franco lacónicamente replicó:
-“Si, pero no olvide Vuecencia que aquellos de enfrente también son españoles”.

También está recogido que en la II Guerra Mundial, el General Jurgens, Jefe del XXXVIII Cuerpo de Ejercito Alemán, se dirigía así a sus arrogantes soldados en una arenga respecto a los Voluntarios Españoles de la División Azul:
"Si en el frente tocáis con un soldado desaliñado, sentado a la vera de un camino, cuadraos ante el y saludarlo: : ¡es un héroe!, ¡es un infante español!"


No obstante, otra característica principal de la Infantería Española es el buen humor con el que sabe vencer las calamidades y penurias del combate, de ello existen millares de anécdotas, baste como ilustración la siguiente fotografía donde se ve un Voluntario Español de la División Azul en pleno frente de Stalingrado, tomándose la guerra a guasa y aderezando ensaladillas con productos de la huerta rusa.




Para concluir se añade un articulo publicado, no hace muchos años en prensa, como Homenaje a la Infantería Española que en estos días esta venerando a su Excelsa Patrona “La Inmaculada Concepción”, el texto es de Camilo José Cela, de quien dicen que en sus tarjetas de visita gustaba de anteponer a los títulos de “Marques de Iria Flavia” y “Premio Nobel de Literatura”, el para él más honroso de “Soldado de la Infantería Española”:

A PIE Y SIN DINERO

A pie y sin un ochavo en los bolsillos, calados hasta los huesos y con el estomago frío; en la vista una nube de hielo y en el dedo que oprime el gatillo un sabañón.
El día 8 de Diciembre hace frío, mucho frío, pero nunca bastante para frenar a la Infantería, que con un trajecito de dril, derrite la nieve de los montes y la escarcha de los ríos difíciles y el hielo que oprime los corazones en desgracia.
Ningún oficio mas bonito que el de Capitán de Infantería, artesano del valor heroico, orfebre del valor estoico, que va a pie donde lo mandan con sus hombres detrás, y que a veces se queda en el camino con una bala " !Con que facilidad, Dios mío! " que le para los pulsos del corazón.
La guerra no es triste, porque levanta las almas. La guerra no es triste porque nos enseña que fuera de la Bandera, nada, ni aún la vida, importa.
La Infantería es la guerra a pie firme, la guerra cara a cara, la vida jugada a cara y cruz de la victoria y la muerte. La Infantería es la guerra a cuerpo limpio, y el Infante lidiador que lleva el espíritu armado de un estoque de fuego, como un arcángel de estrellas en la bocamanga.
La Infantería no es la materia, es el ligero y tenue soplo que vivifica.
La Infantería no es la masa, es la compañía.
La Infantería no es, a veces, ni el concierto; es siempre la canción arrebatada del solitario centinela, que canta para que el Cabo de Guardia sepa que esta vivo.
Quien no haya sido Soldado de Infantería quizá ignore que cuando el hombre se cansa, aún le faltan muchas horas y muchas leguas para cansarse. Porque el secreto de la Infantería, (nosotros estamos hablando naturalmente de la Infantería Española, la de las cornetas en el cuello de la guerrera) es el de sacar fuerzas de flaqueza y hacer de tripas corazón. Que nunca mas noble fin tuvieron, ni nada mejor pudieron servir.
Quien no haya sido Soldado de Infantería quizá ignore que cuando el hombre se lanza, cuando al hombre se le calienta la sangre, lo más difícil es pararlo y enfriarlo. Porque el otro secreto de la Infantería es el de calentar el aire con la mirada y darse cuenta de que la batalla terminó cuando el soldado creía que estaba empezando. Que nunca mejores temples se conocieron ni en más gallardo menester se emplearon.
Quien no haya sido Soldado de Infantería quizá ignore lo que es sentirse amo del mundo a pie y sin dinero.
A pie paseamos por donde quisimos, porque el que no va a pie, no se entera y os lo dice un vagabundo. Y sin dinero izamos nuestra Bandera donde nos dio la gana y donde nos mandaron, porque la victoria no es algo que se compra sino que se conquista y os lo dice un pobre.
Ningún oficio más bello que el de Infante, que lleva su casa a cuestas como el caracol y se pelea porque no admite jaques; como el león y como el gallo y como el toro. Sin medir las fuerzas (que no fuera noble presentar las batallas ganadas) y sin mirar atrás porque detrás no hay nada, absolutamente nada.
Con el frío del 8 de Diciembre se calienta nuestro corazón al pensar, como en una novia a la que quisiésemos, en la Infantería. Resuenan pífanos marciales y aún nupciales en la última y más profunda revuelta de nuestros oídos y aún se estremece, gracias a Dios, ese ultimo nervio que en los cuerpos de los bien nacidos se guarda, como oro en paño, para que vibre en las ocasiones solemnes.
COMANDANTE DE INFANTERÍA ACTUAL EN UNIFORME DE  ETIQUETA

miércoles, 3 de diciembre de 2008

LA MEJOR INFANTERÍA DEL MUNDO

I (PREHISTORIA, EDAD ANTIGUA y MEDIA)


Sin tener que hacer muchas especulaciones es de suponer que el “Hombre de Atapuerca”, aquellos primeros europeos de hace 1,2 millones de años, ya defendían su territorio que siguiendo el cauce del Arlanzón llegaba hasta los cerros que circundan la ciudad de Burgos, distante apenas una decena de kilómetros y donde también se han hallado asentamientos prehistóricos. Dadas sus arduísimas condiciones de vida no es difícil imaginarlos; organizados, con rudimentarias armas y a pie -desde luego- dispuestos a defender a su tribu, tributo necesario para su subsistencia de la que dependería la evolución de los pueblos europeos.

Desde estos primeros “infantes” hasta nuestros días, la Infantería Española ha sabido demostrar, en opinión de los más autorizados tratadistas que es –sin lugar a dudas- la “Mejor Infantería del Mundo”. Veamos por qué:


Míticas y legendarias fueron las infanterías Asiria, Hitita e Hicsa conquistadoras de imperios que fueron sucumbiendo sucesivamente a manos de otras infanterías más evolucionadas como las falanges griegas, de cualquiera de sus “Polis”, donde resaltaron los míticos “hoimoi” espartanos con sus legendarias gestas. Pero estas infanterías nunca llegaron a enfrentarse con españoles, aunque es posible que ya contasen, como mercenarios, con los épicos “Honderos Baleares”.

Esta primacía bélica sucumbiría con la llegada de la Falange Macedónica de Alejandro Magno con una nueva táctica basada en el predominio de empleo de la infantería ligera como los egregios “hoplitas” que casi desnudos, a veces sin su “hoplon” (escudo) y tan solo armados de su “kopis” (espada), fácilmente superaban a sus contendientes griegos. Entre aquellos hoplitas de Alejandro sobresalían los peonios, también llamados “peones”, término este último que coincide con el nombre dado a los soldados de a pie de las mesnadas castellanas medievales como más tarde veremos.

Siguiendo el hilo de las sucesivas infanterías forjadoras de imperios, llegamos a las legiones romanas portadoras de su cultura y civilización cuyos valores aun perduran. La supremacía alcanzada por este novedoso modelo de infantería se basó, en un principio, en la organización jerárquica fragmentada en unidades subordinadas. Esta estructura de “Legión Manipular” (“manipulo” era una de sus subdivisiones) fue la que hizo sucumbir a las falanges macedónicas y permitió conseguir brillantes victorias tanto en las Galias como en Britania, extendiendo rápidamente el imperio por toda Europa.


Pero la invasión romana de Hispania fue frenada por la infantería de las diferentes tribus ibéricas, -pata negra-, de aquellos iberos pobladores de ambas riberas del Ebro (“Iberus Flumen”) del que reciben su nombre y que muy probablemente eran en gran parte descendientes de aquel “Hombre de Atapuerca” como aquellos Autrigones, Bárdulos, Bascones, Caristios o Vacceos que hicieron que el propio emperador Octavio Augusto tuviera que desplazarse desde Roma hasta aquí -hasta Sasamón en la provincia de Burgos- para dirigir personalmente la guerra contra aquellas tribus que como ninguna otra antes se resistían y cuyo principal baluarte estaba en las burgalesas tierras de Amaya.


Aquellos infantes iberos estaban armados de su mítica y temible “falcata”, una novedosa espada corta pero robusta, afilada y bien equilibrada que con su golpe de corte de hacha y su punta aguzada destrozaba las defensas de los romanos quienes no tardarían en copiarla y adaptarla como su “glaudius hispaniensis”. El arma larga ibérica era el “soliferrum”, una resistente lanza cuyo hasta era imposible de partir por las “spathas” romanas ya que era toda de hierro y como defensa usaban la “caetra”, un escudo pequeño de piel curtida de carnero, redondo y liviano pero muy resistente. Estas armas, cuando un infante caía en combate, eran inutilizadas y enterradas solemnemente con él, gracias a este rito se han recuperado muchas en nuestras comarcas.


INFANTE IBERO


La novedosa táctica de combate ibérica era el hostigamiento en forma de lucha de guerrillas -aquí es donde se inventó este tipo de combate- que con audaces golpes de mano primero lanzaban potentes salvas de sus “soliferrum” con lo que lograban desorganizar las rígidas formaciones romanas para después, roto el cuadro, pasar a la lucha cuerpo a cuerpo destrozando fácilmente las corazas romanas con sus falcatas. Con el éxito obtenido y dado que no contaban con ventaja numérica, se retiraban velozmente para reorganizarse y volver a atacar cuando el factor sorpresa les fuera conveniente.

Pero el arma más poderosa con la que contaban era la “voluntad de vencer” ya que luchaban en legítima defensa de sus hogares, familias y territorios, como los heroicos Defensores de Numancia en las castellanas tierras de Soria, en contraposición con la idea de guerra de los legionarios romanos que tan solo combatían por su “salarium” (salario, pago en especie con sal que llegaba a valer su peso en oro).

Con la decadencia del Imperio Romano llegaron los Visigodos que menos hostiles e invasivos se establecieron junto a los iberos en fraternal convivencia, llegando a ser un solo pueblo, hasta que la invasión musulmana hizo nacer la Mesnada Castellana que a la vez que los Almogávares de Aragón y los Guerreros Astures iniciaron la Reconquista. Esta contienda que duro ocho siglos vio florecer la Infantería, con aquellos llamados “peones”, como ya hemos citado, que aun conservan fortalezas como en los burgaleses pueblos de Castíl de Peones o Salas de los Infantes.

La Hueste Real Castellana estaba perfectamente estructurada y conformada por: La Mesnada Realenga, Las Mesnadas Señoriales, Las Mesnadas de Cibdad y Las Órdenes Militares, su escala jerárquica comenzaba en el propio Rey quien estaba obligado, por sus propios fueros, a participar en las campañas siendo su incapacidad motivo de abdicación. Junto al Rey comandaba la Hueste el Alférez Real, cargo que desempeñó nuestro principal héroe el Cid Campeador y que mas tarde, ya en la Alta Edad Media y Moderna, sería sustituido por el cargo de Condestable de Castilla, Mando Supremo de todos los Ejércitos de España cuya sede siempre estuvo en Burgos.

La Mesnada Señorial Castellana era la que mediante “fonsadas” “apellidos” o llamamientos era reclutada por un “Comes” (conde) entre los vecinos de su circunscripción que no eran soldados, ya que no cobraban sueldo y les horripilaba la idea del mercenario, si no que se aprestaban libremente a organizarse en su propia defensa mediante aquellos apellidos, que no levas, que tan frecuentemente tuvo que hacer Fernán González “El Buen Conde” para defenderse de las “algaras” moras.


Cada mesnada, comandada por el propio comes, tenia un “Alférez” portaestandarte, un “Maiurinus” o “Merino” que a través del “Anubdator” se encargaba del alistamiento y la logística, también existían “Sayones”, “Añafiles” y “Atalayeros” destinados a transmitir las ordenes y dar la alarma haciendo sonar sus cuernos de guerra y “Servidores de Abnudas y de Almenas”, encargados de la alimentación y la fortificación, “Escoltas” para la seguridad y “Escuderos”.


ATABALERO, SPATHARIOS Y MONTERO

La fuerza estaba compuesta, en su mayoría, por Peones de Infantería al frente de los cuales estaban sus “Cabdiellos” (caudillos, capitanes), y “Almocadenes” y “Decenarios” como mandos subalternos, (estos últimos mandaban sobre diez peones lo que les haría equivalentes al sargento actual). Los peones de tropa se dividían según sus especialidades, destacando entre ellos los “Monteros”, protectores de la Real Persona como los actuales que aun proceden de aquellos “Monteros de Espinosa” de las montañas de Burgos.

Después de desalojar a los invasores, estos “Infanzones Castellanos”, casi todos procedentes del pueblo llano, llegaron a alcanzar títulos de hidalguía y nobleza como los otorgados por Alfonso XI, desde entonces y para siempre en adelante, a los hijos de la ciudad de Burgos que hubiesen colaborado en tres o más fonsadas.

En 1492, y justo después de la toma de Granada y pacificación del territorio hispano se produce el descubrimiento del “Nuevo Mundo”. En las carabelas de Colón, fletadas con dineros castellanos, viajan Unidades de aquella Infantería Española que organizada al modo de “Cuadrilleros de la Santa Hermandad”, fundados por Isabel I de Castilla, recorren a pie aquellos nuevos territorios, mezclándose con los indígenas de igual a igual, fundado ciudades y aportando nuestra cultura, lengua castellana y civilización que aun perduran.
Aquellos infantes se distribuían en “Capitanías” (compañías) que al mando de su ya Capitán reunían a más de 800 peones, compuestas de: un “Abanderado”, sobre 20 “cuadrilleros” que ejercían el mando subalterno, unos 700 “piqueros”, 80 “espingarderos”, y los correspondientes “atambores”.

INFANTE CASTELLANO ADMIRANDO UN TEMPLO ENTRE UNA MULTITUD DE INDIGENAS

Con la “Ordenanza” del Contador Mayor Alonso de Quintanilla (1.496) aparece el término “Batalla” (después batallón), para designar la agrupación de varias compañías, y sobre 1.500 con “La Infantería de la Ordenanza” los Reyes Católicos la reorganizan en: “Un tercio de picas, otro de escudados y un tercero compuesto de ballesteros y espingarderos”, Este pudiera ser el origen del término “Tercio” que después definiría a nuestros infantes.

nota) Sigue en II (de la Edad Moderna a la actualidad)

jueves, 6 de noviembre de 2008

LA BATALLA DE GAMONAL

Después de aquellos sucesos gloriosos del 18 de Abril de 1808, (ver post: “El 2 de Mayo Burgalés”), la presión ejercida por el pueblo de Burgos, el hostigamiento de nuestros guerrilleros y el tener que atender a otras ofensivas, hacen que el 22 de Septiembre, los ejércitos napoleónicos abandonen nuestra población, lo que es acogido con grandes muestras de jubilo.

Pero el soberbio Napoleón, “el Rayo de la Guerra”, no podía admitir ni la derrota, ni que sus ejércitos perdiesen una plaza tan valiosa como Burgos, para ello -él mismo- con lo mejor de sus tropas se encamina hacia Burgos al objeto de reconquistarla, contando con el Cuerpo de Ejército I mandado por el General Victor, el II por Soult, el III por Monceytro, el IV al mando de Lefebvre y el VI por Ney, todo ello unido a la Guardia Imperial que manejaba el propio Bonaparte y la reserva formada por la División del General Merle.

La defensa de nuestra ciudad se encomendó a la Primera División del Cuerpo de Ejercito de Extremadura, cuyo mando supremo hacía poco que había recaído en el General D. Ramón Patiño, “Conde de Belveder”, a la sazón un joven inexperto de 32 años, personaje muy curioso, que en muy poquitos años había ascendido, por extraños méritos, de simple Guardia de Corps a General, siendo más experto en amoríos en los salones de la Corte Madrileña que en el mando militar.

Esta División estaba reforzada con el Batallón de Escolares de Benavente y el Provincial de Tuy, y en total se contaba con 6.069 infantes, 2.672 caballos, y un pequeño grupo de artillería con 4 piezas del Ejército de Galicia, la Infantería era comandada por el general D. José María Alós, y la Caballería estaba a las órdenes de D. Juan de Henestrosa, fuerzas a todas vistas insuficientes para enfrentarse a aquel potentísimo enemigo, por ello Belveder recibió ordenes expresas de establecer una defensa periférica de la ciudad desde los cerros que la circundan, esperando la llegada del Ejercito Inglés del general Blake que acudía en su auxilio.

ESQUEMA ORIGINAL DE LA BATALLA DE BURGOS O DE GAMONAL

Mientras tanto los franceses avanzaban por la Bureba hacia Burgos, según orden del propio Napoleón fechada el día 8 de Noviembre de 1808 en su campamento de Cubo de Bureba. Tan solo la vanguardia formada por la División Mouton y la Caballería Ligera del General Lasalle reunía a 20.000 infantes y 4.000 caballos y había sido avistada ya en los altos de la Brújula, precedida de aquellos temibles lanceros polacos que se sabe habían vivaqueado pernoctando en Quintanavides. Detrás venía la División Bonnet acompañada de los aguerridos Dragones de Milhaud, “...que caminando al paso, parecían mas ir a una parada militar, que hallarse en una campaña militar...”.

El 9 de Noviembre de 1808, Belveder, desobedeciendo la orden de esperar a Blake, y en contra del criterio de los otros Generales de Carrera más expertos y veteranos, decide oponer batalla al ejercito de Napoleón y lo hace en el sitio menos aconsejable, pues despliega sus tropas en línea delante del actual monte de Gamonal, ya cerca de Villafría, situando la vanguardia de exploración y toma de contacto en las alturas de Rubena, y allí, al descubierto, expone sus hombres ante el mayor ejercito del mundo en la época, mientras la defensa inmediata de la ciudad se le encomienda a la mal armada y atemorizada población burgalesa.

Realmente la batalla debería llamarse de Villafría pues fue en términos de este pueblecito donde tuvo lugar, aunque la batalla como es obvio, era por recuperar Burgos, “Batalla de Burgos” tal y como consta en el propio cenotafio del emperador, bajo la cúpula de Los Inválidos de París junto con el nombre de sus principales campañas, igualmente inscrita en el Arco de Triunfo de París;  donde Burgos –y no Gamonal como algunos creen- aparece cronológicamente entre las batallas de Le Boulou y Espinosa.

FOTOGRAFÍA DE LAS BATALLAS DEL ARCO DE TRIUNFO DE PARÍS, 
(BURGOS EN LA ESQUINA SUPERIOR DERECHA)


Al amanecer del día 10 sucedió la tragedia que era de suponer, solamente parte de la caballería francesa al mando de Lasalle, y algo de la infantería de Mouton, todos ellos comandados por Bessiers, fueron suficientes para derrotar a nuestro ejército.

La Batalla no llego a ser tal sino una horrenda derrota, pues a las 11 de la mañana ya unos pocos supervivientes huían en desbandada perseguidos por los franceses, algunos atravesando fugazmente el escaso caserío de Gamonal, donde los pocos lugareños que no se habían refugiado en Burgos les veían pasar sin poder socorrerles, mientras otros se retiraban por las riberas del Arlanzón para ponerse a salvo en Burgos.
BATALLA DE BURGOS POR PHILIP POTEAUX

Tan solo las bizarras Guardias Wallonas (Guardias Españolas de Infantería de guarnición en Burgos), fueron capaces de aguantar estoicamente las sucesivas cargas de caballería, formando en cuadro, hasta quedar solamente 74 hombres vivos sin rendirse:
“El jefe accidental del Batallón, D. Vicente Genaro de Quesada, se mantuvo en su puesto esperando la muerte, y cuando algunos jinetes franceses se le acercaron exigiéndole la entrega de la espada, aún intentó defenderse, en cuya pelea heroica sacó fuera de combate a uno de los enemigos e hirió a otro, hasta que rendido de fatiga y acribillado de heridas, cayó casi exámine sin conocimiento, que no recobró hasta al ser curado en el hospital de sangre”.

“Henestrosa al frente de los Húsares, trata de contener el ataque, pero el desastre es total y desolado busca incesantemente a Belveder, al cual desde el inicio del ataque francés no ha vuelto a ver. Poco podría imaginarse aquél, que Belveder, a los primeros síntomas del desastre, había emprendido fugaz huida hacia Burgos, pensando sólo en su salvación, y desentendiéndose de la situación desesperada en que se hallaban sus hombres”.

“Al mando de los Granaderos Provinciales de Burgos se hallaba el joven teniente don Juan Díaz Porlier, que tan sólo con 20 años de edad, ha sido testigo de un nuevo descalabro de los ejércitos regulares españoles, la retirada a que se vió forzado, debió de ser perfectamente llevada a cabo, ya que aconsejado por el sargento de Granaderos, Amor Pisa, gran conocedor de aquellos parajes y de la protección que les podía brindar el terreno en aquella apurada situación, inician la marcha hacia los montes de Oca y el cauce del Alto Ebro".
GUARDIAS REALES WALLONAS

La Ciudad de Burgos, fue entregada al saqueo de los soldados de Napoleón: “Cogieron también como botín 2.000 sacas de lana merina, que vendida en Bayona produjo muchos millones”.

Una vez consolidada la situación, la noche del día 11 el Emperador entra en Burgos sin triunfalismos, reservando los fastos en honor de su hermano José Bonaparte que permanecía aún acantonado en Briviesca. Napoleón establece su Cuartel General y domicilio en el Consulado del Mar custodiado día y noche por su Guardia Personal de Mamelucos y desde aquí, el “Pequeño Cabo” (Le Petit Caporal), como le llamaban sus soldados o “El Gran Corso” como le apodaban los que le temían, dirige las campañas militares de ocupación del norte de la península.

De aquellos infaustos días es mejor no rememorar nada y mucho menos celebrarlo, en cualquier caso, es de agradecer la caballerosidad de los generales franceses que consiguieron la promesa de sus compañeros de que nuestra Catedral no fuese atacada y el rasgo del General Bessiers quien acudió al hospital a visitar y devolverle la espada al moribundo Comandante Quesada, que al frente de sus Guardias Españolas, fueron los únicos que demostraron una actitud heroica.

Nota) Una vez más la historia presenta coincidencias y hay que advertir -para evitar errores- que existe otra “Batalla de Gamonal” que se desarrolló en entre las provincias argentinas de Santa Fé y Buenos Aires el 02SEP1820.

martes, 14 de octubre de 2008

JUAN DE GARAY, INDISCUTIBLEMENTE CASTELLANO

Dada la controversia suscitada por el lugar de nacimiento de Juan de Garay, me he puesto a consultar diferentes obras de diferentes historiadores e investigadores internacionales como el muy reconocido Franco-Argentino Paul Groussac, evitando a los castellanos y españoles que pudieran mostrar tendencia, para llegar a la conclusión de que en casi todos estos estudios se reconoce al ilustre fundador, entre otras, de la ciudad de Buenos Aires como natural de Villalba de Losa, población burgalesa del castellanísimo Valle de Losa.
Juan de Garay

Es el propio Juan de Garay quien declara en documentos ser natural de Losa y en otros especifica ser de Villalba, tan solo en algunas biografías recientes, de autores vascos, y no se sabe bien con que aviesas pretensiones, se intenta equivocar al lector diciendo que aquel intrépido conquistador nació en Orduña, población muy cercana a la otra que se encuentra actualmente en la provincia de Vizcaya, aduciendo que hubo un incendio en Orduña que hizo trasladarse a la familia de Garay de uno a otro pueblo. En su vano intento arguyen, casi como única razón, que el apellido Garay es vasco, obviando tal vez intencionadamente, que realmente es un topónimo, que como otros muchos en lengua vascuence, se repiten en toda la geografía de las Merindades de Castilla ya que antes de la romanización era el idioma común.

Es de resaltar el hecho que estas ultimas biografías se parecen muchísimo a las anteriores, coincidiendo sospechosamente en todo, menos en el dato del lugar de nacimiento. La divulgación de este dato erróneo parece obedecer a aquel dicho de quien carece de historia está obligado a inventársela” y ha llegado, incluso, a algunas obras de consulta, como una enciclopedia digital donde acabo de leer, no sin asombro, que Juan de Garay nació en Villalba de Losa, situando erróneamente este pueblo en la provincia de Vizcaya y no en la de Burgos como es correcto.

Por otra parte, la República Argentina y la Ciudad de Buenos Aires no tienen dudas al respecto, reconociendo a Villalba de Losa como el lugar de nacimiento y origen de tan importante explorador y colonizador de sus territorios, y así lo demuestran en monumentos y escritos, como los existentes en la parroquia de Villalba de Losa en cuya placa puede leerse:

CONSAGRADA A LA GLORIOSA MEMORIA
DEL GENERAL
D. JUAN DE GARAY
NATURAL DE VILLALBA DE LOSA
FUNDADOR DE LAS CIUDADES
DE STª FE DE LA VERACRUZ Y BUENOS AIRES
EN EL RÍO DE LA PLATA
*1528 +1583
___________
LA COLOCÓ PERSONALMENTE
EN NOMBRE DE LA REPÚBLICA ARGENTINA,
SU DELEGADO AL CONGRESO
INTERNACIONAL DE LA RABIDA
Y FIESTAS DEL 4º CENTENARIO
DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA
MDCCCLXLII

Placa conmemorativa en el Templo Parroquial de Villalba de Losa

Tampoco el Reino de España muestra dudas al respecto, ya que en 1980 se conmemoró en la ciudad de Burgos y en Villalba de Losa el 400 aniversario de la fundación de la ciudad de Buenos Aires con diversas celebraciones que contaron con la presidencia de honor de la Reina Dª. Sofía y la asistencia del Embajador de la República Argentina y otras altas autoridades, de esta forma se recordaba a este insigne castellano con un monumento rematado por una carabela, erigido en la Plaza de España de la Cabeza de Castilla, en cuya cartela exornada con los escudos de las ciudades de Burgos y Buenos Aires se lee:

LA CIUDAD DE BURGOS A LA CIUDAD DE
BUENOS AIRES EN LA CONMEMORACIÓN
DEL 400 ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN
POR EL BURGALÉS JUAN DE GARAY
Junio de 1980

Monumento en Burgos a Juan de Garay

En Villalba de Losa se viene celebrando el Día de la Comunidad Argentina, donde se reúnen los argentinos residentes en España, incluso los del País Vasco. Con motivo del 435 aniversario de la fundación de la Ciudad de Santa Fe de La Vera Cruz, ésta importante ciudad no dudó en hermanarse con Villalba de Losa, como cuna que es de su fundador, tal y como se recoge en las actas firmadas por el Intendente de Santa Fe, D. Mario Barletta y por el Alcalde de Villalba, D. José Losa. A dicho relevante acto oficial asistieron la Cónsul Argentina Dª. Georgina Bortolotto, el Vicecónsul Español D. Gustavo Cueto y dignos representantes de entidades españolas en la Argentina como los Centros: Balear, Gallego, Asturiano, Riojano y la Comunidad Castellana residente en aquellas tierras.

Por tanto; el origen castellano de Juan de Garay no admite discusiones, ya que sus más antiguos biógrafos, incluso su propia hija, no dudaron en afirmar que era castellano, no obstante, para los que se empeñan en mantener que era de Orduña, habría que recordarles que cuando nació Juan de Garay, no solo Orduña, sino todo el Señorío de Vizcaya desde su fundación eran castellanos, así como otros muchos territorios encuadrados, hoy en día, en las Provincias Vascongadas.

En cualquier caso; si alguien le hubiese preguntado a Garay en su tiempo su procedencia, él hubiera contestado, sin duda, que era Castellano ya que el termino “Español” estaba recién acuñado y casi nadie lo usaba, por otra parte; en el caso muy poco probable que él conociese el término “vasco”, solo representaba para él un antiguo pueblo que unido a autrigones y bardulos, entre otros, habían poblado en tiempos remotos aquellos lugares de la Bardulia, pero nadie se reconocía como vasco ya que era, más bien, un término despectivo.

Por ultimo, y para desfacer otro entuerto que se viene prodigando últimamente, donde se dice que Juan de Garay no fundó Buenos Aires, sino que tan solo la refundó, hay que decir que lo que había construido en el mismo lugar Pedro de Mendoza en 1536 no fue una ciudad, sino el llamado Fuerte de Nuestra Señora del Buen Aire, que no tenía mas pretensiones que la de ser un pequeño asentamiento defensivo y que poco después fue destruido por los indios. En 1580 Garay recibe el encargo de fundar allí una ciudad; con lo que ello significa, dada la importancia política y económica de mantener un puerto importante en el Atlántico para recibir las naves que llegaban desde España, así el 11 de Junio de 1580 y con las formalidades precisas fundó, en nombre de Castilla, no ya un fuerte, sino la “Ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires”, que es como él mismo les intitula en su acta fundacional:

“Conforme a las capitulaciones que el muy Ilustre Señor Adelantado Juan Ortiz de Zárate, (que haya gloria) hizo con la Majestad Real del Rey don Felipe (fue el II de este nombre), Nuestro Señor, y a mí, por virtud de sus poderes reales, para que, en nombre suyo y de Su Majestad, yo gobierne estas Provincias y haga en ellas las poblaciones que me pareciere ser convenientes para ensalzamiento de Nuestra Santa Fe Católica y para aumento de la Real Corona de Castilla”.


Nota) se recomienda no confundir con el general Juan de Garay Otañez y Rada, I Marqués de Villa-Rubia (Madrid 1586; †Gelsa, Aragón, 1650)



lunes, 29 de septiembre de 2008

LA MORCILLA DE BURGOS

Existen muchas cosas que llevan el apellido de nuestra tierra como seña de identidad, una de ellas es la afamada e insigne Morcilla de Burgos, (así con mayúsculas). Aunque es el mismísimo Platón quien atribuye que fue concebida por su paisano Aftónites, no se sabe con certeza su procedencia, bien pudiera ser burgalesa y haber viajado a aquellas latitudes, en cualquier caso es también loada, cual si de un héroe se tratara, por Homero en su Odisea y es posible que Ulises no hubiera vuelto a Ítaca sin el aporte proteico de tan singular producto.


S.M. LA MORCILLA DE BURGOS
Su etimología, ya documentada en el 1.400, es puramente castellana y es posible que proceda del prerromano ibérico “morcón” a través de su derivado “murcella”, ambos emparentados con el término céltico “mukorno”, (muñón), el portugués “morcela” y el vascongado “mukarra”. No obstante y con una raíz parecida, existe muy cerca de la Ciudad de Burgos (8 kmts.), la antigua población de Morquillas, nacida al amparo de la fundación de la Ciudad en el 884 y en la misma Ciudad existe, desde siempre, un barrio y calle denominados “El Morco”.
Por otra parte está la voz “morcuero” que emana de los májanos de piedras que se construían como ofrenda a Mercurio, pero pensamos que no tiene nada que ver con lo anteriormente expuesto, aunque en latín vulgar y descendiente del griego “amaurós”, también existe el término “mauricellus”, diminutivo de “maurus” (moro), que bien pudiera aludir al color negro de este sabroso manjar que nos ocupa, no si bien ya hemos visto que existen antecedentes más antiguos y además no han trascendido a otras lenguas romances ni al italiano actual ya que allí este tipo de embutidos se denominan “sanguinaccio”.
Baltasar del Alcázar “El Poeta Gastrónomo” de nuestro Siglo de Oro, llegó a ensalzarla como: “!Oh, gran señora digna de veneración!” y en el teatro existe una acepción diferente del término que se refiere, desde antiguo, a los añadidos que algún actor mete de su invención, a veces como recurso, durante una representación. A este respecto, el célebre José Luis López Vázquez, quien suele utilizar estas técnicas, siendo esperadas y aplaudidas por el público, nos decía que las mejores morcillas no son las suyas si no las de Burgos.
Entre nuestra paremiología existen refranes como: “Morcilla cular, a muchos ofrecen y a pocos dan”, “Donde has hecho astillas, que te den morcilla”, “Carne en calceta, que la coma quien la meta” o “La morcilla reciente, cómela con tu pariente”, todos ellos alusivos a nuestra morcilla.
También existe la conocida expresión: “¡Que te den morcilla!”, con la que rechazamos a alguien y que proviene de la costumbre que existía, en epidemias de rabia, de eliminar a los perros infectados con trozos de este producto envenenados.
Otra posibilidad, esta ya de germanías, es la que se utiliza como eufemismo de pene y ya casi, como que voy concluyendo este apartado etimológico, pues corro el riesgo de “repetirme como las morcillas”, modismo, este último, también profusamente utilizado.


Entre nuestras tradiciones, existe la inmemorial de celebrar con una “morcillada” en la vecina Cartuja de Miraflores, a S. Bruno (6 de Octubre) quien fue el fundador de la Orden Cartujana, lo mismo que nos acercamos el día de San Martín a la próximas localidades de Sotopalacios y Vivar del Cid (cuna de nuestro héroe), para saborear esta suculenta vianda.
La citada Cartuja de Miraflores, se mandó construir como enterramiento de Juan II de Castilla, donde yace, en el tal vez, más soberbio sepulcro gótico. Su hija Isabel I de Castilla “La Católica”, en unas ordenanzas suyas de 1.526 ya dicta normas sobre su correcta elaboración: “Los que vendieren o ficcieren morcillas para las vender en la dicha ciudad o en su tierra, que las fagan de tripas y sangre de puerco y no de sangre de vaca ni de carnero ni de otro animal”.

Nuestra Morcilla de Burgos esta asociada a las características de nuestro clima invernal que favorece su oreo y conservación y es básica en nuestra gastronomía ya que suele aportar sustancia a diferentes platos como la insuperable “Olla podrida” o el cocido típico, aunque se suele degustar sola o acompañada de huevos fritos o tiras de pimiento rojo asado, ya sea cruda (recién cocida), frita o asada, pero siempre bien caliente y a ser posible reciente.
Su elemento diferenciador es la cebolla “horcal”, una variedad autóctona de gusto suave, picor moderado y con una peculiar cáscara que garantiza su conservación ya que se solían cultivar esmeradamente en la huerta de cada familia, cosechándose en otoño, colgándose después en ristras, en lugar seco y aireado hasta su utilización.


Aunque antaño, las morcillas, se elaboraban durante la matanza del cerdo, hoy en día existe un centenar de empresas dedicadas a su elaboración tradicional agrupadas en La Asociación de Fabricantes de Morcilla de Burgos, quien vela por su promoción y homologación, con una producción estimada de 10.000 Tm., habiendo traspasado ya ampliamente los mercados territoriales para introducirse en otros mas lejanos como apreciada gollería exigida por los gourmets mas exquisitos.

Sus ingredientes básicos son: cebolla, sangre de cerdo, arroz y manteca, a la que se añaden diferentes especias, según zonas, pues coexisten las variedades de: Cardeña, Arlanzón, Sotopalacios, Covarrubias, Miranda de Ebro o Aranda de Duero, entre otras, y cada una con un toque singular ya sea de orégano, pimienta negra, pimentón, canela, alcaravea, clavo, tomillo o incluso anís. En cualquier caso, de esta morcilla nuestra siempre se ha dicho que debe ser: “sosa, grasosa y picajosa”, o también: “piripicante” y “piripisosa”.


Como ya hemos dicho, la elaboración de las morcillas se realizaba durante la matanza del cerdo, costumbre ancestral que suponía una fiesta y por la que las familias disponían de carne durante casi todo el año ya que las despensas se llenaban de jamones, perniles, chorizos, picadillo, tocino y patas, orejas, costillas o careta, estas últimas en adobo o debidamente conservadas en orzas de barro con aceite.

Dicha matanza tenia lugar a mediados de Noviembre, de aquí el dicho: “A cada cerdo le llega su San Martín” (11 de Noviembre), allí, una vez sujeto el cerdo por varios hombres, el matarife le realizaba un corte en el cuello procediéndose a recoger toda su sangre que se debe batir para evitar que se coagule.
Una vez extraído el vientre y la manteca y bien lavadas las tripas se cortan estas a un tamaño promediado de 15 cts., cosiéndose o atándose por uno de sus extremos, mientras tanto se mezclan bien y a partes iguales: la cebolla muy picada, el arroz y la manteca con la sangre, (la cantidad de esta última suele ser un 25% más que las otras), se le añade poca sal, bastante pimienta y las especias reseñadas al gusto. Una vez reposada esta mezcla, por algunos llamada “bodrio” y por otros “mondongo”, se “entripa” a mano ayudándose de un embudo gordo, eso si, teniendo especial cuidado en no llenar las tripas más del 50%, pues de lo contrario pudieran explotarse al hincharse el arroz durante la cocción.
Ya cosido o anudado el otro extremo con hilos mas largos para después colgarlas, se introducen las morcillas en una caldera de cobre para darlas un hervor suave durante aproximadamente una hora, durante la cocción pasan del tono rojizo a su característico color negro, y hay que estar pendiente de las que floten a la superficie para pincharlas con una aguja “matancera”, para evitar que revienten por acumulación de gases, aunque tradicionalmente se solía introducir en el caldo una moneda de cobre a estos mismos efectos.
Concluida la cocedura se extraen una a una, disponiéndolas sobre lenzuelos de sabana basta para que se enfríen y se sequen para posteriormente colgarlas al oreo en sitio reservado, desde donde se van retirando según se consumen.
El caldo restante en la caldera, donde ha quedado la “enjundia” de las morcillas, se llama “caldo mondongo” o “calducho”, es muy graso y se consume al momento, como consomé entrante de la colación típica de la matanza, para combatir los rigores invernales.

GRAN CÁPITULO DE LA COFRADÍA DE LA MORCILLA BURGENSIS

Entre las sociedades gastronómicas de Burgos existe la “Muy Sabia Cofradía de la Morcilla Burgensis”, hermanada con otras de Francia como la “Confrerie des Chevaliers du Goute Boudin”, en cuyo capitulo, La Morcilla de Burgos fue reconocida con la Medalla de Oro, entre otras más de setecientas internacionales que se la disputaban, e igualmente ha sido distinguida por las Cofradías Portuguesas: “La Panela ao Lume”, “Vinho do Porto” y “Vinho Verde” entre cuyos cofrades se encuentran el Rey D. Juan Carlos y el Príncipe Felipe.