martes, 23 de abril de 2019

LA PLAZA DE ESPAÑA DE BURGOS



La actual conformación urbanística de la Plaza de España de Burgos, data de las décadas de los sesenta y setenta de la pasada centuria del siglo XX.

Para hacernos una idea de lo que había, hasta entonces en ella, deberemos remitirnos hasta la época medieval:


Si observamos, actualmente, el firme de dicha plaza, distinguiremos unos trazados que la transcurren y que están realizados en distinto tipo de pavimentación. Estas marcas no son otra cosa que el testimonio de por donde iba la antigua muralla, que corría entre el Arco de San Juan y la Puerta de Margarita, sita en las inmediaciones de la actual calle del General Sanz Pastor y que desde ésta se prolongaba hasta la Puerta de San Gil.
Año 1958, Plaza de España con el Parque de Artillería de San Ildefonso limitado por la muralla. Junto a San Lesmes el taller de escultura y el lavadero.

Todavía y en las inmediaciones de la Plaza, podemos contemplar un paño de aquel muro defensivo de la ciudad, el que está ante un edificio de nueva planta, justo enfrente de la espadaña de la Iglesia de San Lesmes. Y hay que recordar que el Río Vena, antes de su actual encauzamiento pasaba lamiendo la base de la muralla, volviendo a estar encauzado desde el Puente de San Juan hasta el de las Viudas sobre el por entonces llamado “Camino de Francia”, hoy Calle de Vitoria.

Es preciso establecer, antes de continuar, que la actual Avenida del Cid Campeador por entonces no existía, ya que el acceso, por allí, a la ciudad estaba clausurado por la muralla, que limitaba con un paraje llamado “Los Vadillos”, por los frecuentes vados de agua que por allí se originaban.

En este estado de cosas; comprendemos fácilmente que la Puerta de San Juan era la principal entrada de aquellos que provenían del Norte, tal y como aun se recuerda que entró Cristóbal Colon a entrevistarse con los Reyes Católicos en la Casa del Cordón, procedente del Cantábrico y acompañado de indios desnudos, a la vuelta de su segundo viaje, lo que causó gran impacto entre nuestras recatadas gentes.

Dicha Puerta de San Juan era la más antigua de las doce puertas de la ciudad, y fue remodelada en el año 1.842, pasando a ser ocupada por casas de vecindad, tal y como ahora la conocemos, siendo muy diferente a la anteriormente existente que tenia torres, almenas y troneras, como la importante posición defensiva que hasta entonces era.

Plaza y Puerta de San Juan

Intramuros; y donde ahora se ubica el Mercado de Abastos de la Zona Norte, entre la muralla, la Puerta de San Juan y la Calle de Hortelanos, estuvo el Monasterio de San Ildefonso de Monjas Agustinas, fundación del Obispo Burgalés Dom Alonso de Cartagena y que como tal Convento estuvo funcionando hasta la Desamortización de Mendizábal en el siglo XVIII.

Volviendo al pasado, hay que recordar que en el 1.085, Alfonso VI, “el de la Jura”, en agradecimiento a San Lesmes, por su ayuda en la toma de Toledo, le quiso regalar posesiones, Así nos lo relata el cronista: “Quiso el rey agradecerle esta milagrosa intervención, dándole a elegir, entre los de su reino, el mejor lugar que le conviniera para poder servir mejor a Dios”, a lo que Lesmes contestó que tan solo quería: “La capilla elemosinaria de Sant Joan que para emendacion de los pecados y recoger a los pobres pelegrinos has mandado construir en Burgos”.

Pareciéndole poco al Rey, le dio, no solo, la Capilla de S. Juan, si no también el Hospital y Monasterio del mismo nombre que aun están sobre el Camino de Santiago y durante siglos fueron un importantísimo hito de la hospitalidad jacobea: “Para que allí mores con los freires de Sant Benito y fagais preces por mi el Rey, por Doña Constanza la reyna nuestra señora y por toda Castilla”, todo ello según se recoge en un documento del año 1091 por el que Alfonso VI concede el Monasterio.

El 30 de Enero del 1.097 muere Lesmes en Burgos, siendo recogidos sus restos en aquella su primera capilla elemosinaria o limosnera, que estaba en la actual Plaza de España, pegada a la muralla y que tuvo que ser derribada por Juan I, ya bien entrado el siglo XIV, al ser un peligro, ya que desde ella se podía escalar el muro, por lo que los restos del Santo fueron trasladados a la inmediata iglesia parroquial que desde entonces lleva su nombre.

Pasemos ahora el Río Vena, por el Puente de San Juan para descubrir lo que había en la otra ribera:
Junto a esta Iglesia de San Lesmes y hacia la actual Plaza de España, existían unas huertas que eran conocidas como “Eras de San Juan de la Vega” y en el año 1.235, Fernando III “El Santo”, permitió construir diversas edificaciones en ellas, sufriendo diversas modificaciones hasta llegar a principios del siglo XX, cuando aun quedaban entre otras: Un Lavadero Público Municipal, y el taller de Escultura de Valeriano Martínez García.

Un poco más allá, donde ahora está el Monumento a las Fuerzas Armadas, se encontraba una casa grande donde vivía la familia de Don Benito García Valdivielso, quien era propietario de una gran huerta que ocupaba toda la actual manzana, hasta el antiguo Cuartel de la Guardia Civil del Morco, en la Calle Guardia Civil de hoy en día. Huerta que subsistió hasta la década de los setenta del siglo XX, cuando se construye sobre ella.

Volvemos a cruzar el puente y bordeamos lo que queda de la muralla, donde había casas de vecinos a la altura de la actual Calle de Hortelanos, y donde se instaló la decana de las Sociedades de Burgos; La Unión Artesana, fundada en 1.908 en la citada casa de Don Benito García. La dicha casa de la muralla se conocía como: “La lejiera”, por que en sus bajos había habido una fábrica de este producto de limpieza y desde sus ventanas, algunos socios de la Artesana, echaban los reteles al río, para hacer una rica merienda de cangrejos a continuación.



La “Lejiera”, desde su galería acristalada algunos socios pescaban cangrejos.

De vuelta a 1.846, y con la implantación en nuestra ciudad de la Capitanía General, se creó en Burgos una amplia infraestructura militar con acuartelamientos para las diferentes Unidades Militares aquí acantonadas, muchas de ellas aprovecharon, de momento, las antiguas posesiones de la Iglesia y de las Ordenes Religiosas. Así el Convento de San Ildefonso pasó a ser: primero Hacienda Militar y después, desde 1.839, Parque y Maestranza de Artillería de la Región Militar, permaneciendo como tal hasta ya bien entrado el siglo XX.


Año de 1951; interior del Parque de Artillería de San Ildefonso


Al otro lado de la Plaza de España, y frente a aquel Parque de Artillería, se encontraba La Plaza de Toros Permanente de los Vadillos, inaugurada el Día de San Pedro y San Pablo de 1.862 y cuya Puerta Grande estaba orientada a la nueva Avenida del Cid. Dicho coso taurino ocupaba más que toda la manzana actual, donde se encuentra un soberbio edificio de una Caja de Ahorros.

Aquella Plaza de los Vadillos, llegó a ser más que centenaria, pues en el 1.967, ciento cinco años después de su inauguración, se dio la ultima corrida de toros, coincidiendo con la apertura de la actual del Plantío, otra vez con la coincidencia de nuestra Fiesta Titular de San Pedro y San Pablo, por lo que en aquella Feria Taurina hubo corridas en las dos plazas.


Avenida del Cid, con la Plaza de Toros y el Parque de Artillería.


A la vez que se derribaba la plaza de toros, comenzaron las obras de urbanización de la Plaza de España, la que ya contenía desde el decenio de los sesenta, los edificio Feygón 1 y 2, que la cerraban por su lado occidental y limitando con la Avenida del Cid.

La Plaza; una vez desarrollada, quedo cuadrangular y rodeada de pérgolas, rematadas con “floridos pensiles” de los que se descollaban plantas, tal y como la conocemos hoy en día, siendo añadida posteriormente la Fuente de los Delfines, sobre el Río Vena y a ambos lados: en uno; una reproducción conmemorativa del Perro Perdiguero de Burgos y al otro, un monumento de España y Argentina, a la proeza del burgalés D. Ramón de Bonifaz, el fundador de Buenos Aires. Y en el centro de los marcos de las pérgolas se colocó, más recientemente dos enormes placas de bronce donde se recuerdan las gestas de los burgaleses ante la invasión francesa de 1.808.

Plaza de España actual, con el Monumento a la Fuerzas Armadas, la Fuente de los Delfines y el Mercado Norte.
 

 



sábado, 26 de enero de 2019

EL SANTO CRISTO DE BURGOS






La antigüedad de nuestro Cristo de Burgos, se pierde en la noche de los tiempos, sabida es la leyenda que dice que su autor fue Nicodemus, este San Nicodemo fue un rico fariseo que conoció personalmente a Jesús, conversando con Él en numerosas ocasiones, según nos relata el mismo San Juan en su Evangelio, y como tal amigo de Jesús se comporta, junto a José de Arimatea, para ayudarle en el camino de la cruz, siendo después, el propio Nicodemo quien se encarga de solicitar a Pilatos el permiso para desclavar a Cristo y proceder a su entierro.

Así; que no es de extrañar, que construyese un crucificado lo más parecido posible a quien él había visto muerto en la cruz. Y así es, tal y como nos lo relata nuestro paisano; el burgalés Padre Flórez, uno de los más críticos y exactos historiadores, cuando en 1.747, en su obra “España Sagrada”, nos lo corrobora con estas palabras:
-“Sobre esto es lo más común decir que es obra de Nicodemus”.

Por otra parte está la Legenda Áurea, donde el Beato Jacopo della Vorágine, obispo de Genova, quien en 1.250 nos da cuenta de unos hechos producidos en el año 750, y donde pone en boca del anterior heredero del Santo Cristo, un cristiano de Beirut, lo siguiente:
-“Esta imagen del Señor fue hecha por Nicodemo, quien a su muerte la entregó a Gamaliel; Gamaliel, poco antes de morir, la transfirió a Zaqueo; Zaqueo, a su vez, la legó a Jacob, y Jacob a Simón, y Simón a otro, y así, sucesivamente, de manera que hasta la destrucción de Jerusalén esta venerable efigie de Cristo estuvo siempre en la ciudad y fue pasando de unos depositarios a otros.”

Y así estuvo hasta la invasión agarena, cuando sus propietarios, para evitar que cayese en manos infieles, le ponen a buen recaudo del mar. De su llegada a Burgos, es el Padre Enrique Flórez quien nos sigue dando noticia:
-“Un mercader de Burgos, muy devoto de los agustinos de Burgos, pasó a Flandes. Les pidió que le encomendasen a Dios en su viaje, ofreciendo traerles alguna cosa preciosa. A la vuelta halló en el mar un cajón a modo de ataúd, que recogido y abierto, tenía dentro de sí una caja de vidrio y en ella la soberana imagen del crucifijo, de estatura natural, con los brazos sobre el pecho…”.

Y continua diciéndonos: -“Gozoso el mercader y acordándose de la oferta que hizo a los agustinos, la cumplió, entregándoles el sagrado tesoro que venía escondido en aquel arca, y dicen que al llegar se tocaron las campanas del convento, solas, y por sí mismas”.

Desde entonces siempre estuvo en el Convento de San Agustín de Burgos, produciendo innumerables milagros que serían muy prolijos de enumerar, y allí estuvo, siendo muy visitado por los burgaleses y peregrinos hasta la Desamortización de Mendizábal, cuando; expulsadas las Ordenes Religiosas, tuvo que ser trasladado a la parte románica de nuestra catedral, donde permanece desde entonces.

De su aspecto diremos que su efigie es tan real que hasta no hace muchos años había quien aseguraba que se trataba de un autentico cuerpo humano incorrupto, y vuelve a ser el Padre Flórez quien aún nos da más detalles:
-“El primor de la imagen es lo bien que representa lo imaginado. La figura, los nervios y el llagado, todo está muy al vivo. Las carnes tan flexibles, que si un dedo las comprime, bajan, y vuelven luego al natural. La cabeza se mueve al lado que la inclinan; los brazos, si se quitan del clavo, caen al modo de los del cuerpo humano. Los cabellos, las barbas y las uñas no están como pegados, sino como nacidos”.

Como nos dice el historiador tiene la barba y el pelo reales y las uñas naturales, tanto es así que hasta hace no mucho se creía en Burgos, que le crecían y que había un miembro del cabildo con la misión de arreglarle los cabellos y la barba, y recortarle las uñas una vez al mes. Todo ello expresado por quienes se acercaban lo suficiente como para poder comprobarlo, ahora es un peregrino llamado Jaime Sobieski, tal vez de origen ruso, quien nos afirmaba con asombrosa confianza:
-“Este Crucifijo suda, le crecen las uñas y el cabello [...] Confieso no haber visto cosas parecidas en todos mis viajes por Francia, Países Bajos y Alemania”.

De su historia, no me sustraigo a relataros un par de anécdotas:


La primera es de nuestra Reina Isabel La Católica, quien enérgica y decidida, pidió una escalera para aproximarse más al Santo Cristo y así llevarse, para si, uno de los clavos que sostienen sus manos al madero, así lo hizo, pero al arrancar la citada clavija, el brazo descendió, abrazándola, lo que la hizo desistir, asustada y de inmediato, de tan azaroso intento.

La segunda anécdota es de Gonzalo Fernández de Córdoba, aquel “Gran Capitán”, quien había sido el terror de todos lo ejércitos europeos y ante cuya presencia temblaban hasta los más bregados soldados, este mismo capitán quien con toda arrogancia y osadía, se acercó a nuestro Cristo de Burgos, comprobando con su dedo que la piel de la Divina Imagen se hundía y se recuperaba tras el dicho tacto, como si de una persona real se tratara, lo que le hizo retroceder, sobrecogido por el pavor, y diciendo: -“No queramos tentar a Dios”.


La verdad es que seguiríamos hablando del Santo Cristo de Burgos, durante horas, pero debemos de ir concluyendo, y lo haremos, considerando la extensísima devoción que existe a este Cristo en diversas partes del mundo.
Así, os podemos indicar que existe culto al Santo Cristo de Burgos en:
-154 localidades de España y también en Portugal y en Italia,
-28 lugares de Suramérica, donde se le conoce, invariablemente como: “Nuestro Señor de Burgos”,
-en Filipinas constan más de 5,
-y en otras diferentes partes, aun concurren otras 23, que se sepa.

miércoles, 31 de octubre de 2018

LOS AUTOBUSES URBANOS DE BURGOS



Venimos glosando episodios gloriosos de nuestra historia burgalesa, sin embargo, existen otros más recientes que tampoco deben ser pasados por alto ya que forman parte    de nuestro patrimonio histórico contemporáneo.  

En estas fechas de Octubre de 1952, llegaban a Burgos los dos primeros autobuses urbanos y aunque anteriormente habían existido ambiciosos proyectos como el de dotarnos de un tranvía, que como es sabido fueron infructuosos.




Posteriormente fueron utilizados los llamados “coches de línea”, que en su trayecto hacían parada en alguno de nuestros actuales barrios que por entonces aun eran pueblos, e incluso se llegó a utilizar de forma publica la llamada “diligencia militar”, una especie de ómnibus tirado por caballerías que unía el centro de Burgos con la Residencia de Oficiales y que era aprovechado en su trayecto por algunos vecinos.



Así pues, aquellos dos primeros Autobuses Urbanos como tales, llegaron a nuestra ciudad de la mano de la Caja de Ahorros Municipal y dentro de los servicios de esta entidad financiera estuvieron funcionando varios años, siendo, hasta no hace mucho tiempo, habitual en Burgos, que la gente se refiriera a ellos como “Los Autobuses de la Caja”, situación ésta que permaneció hasta que el Ayuntamiento fue capaz de crear su propio Servicio de Autobuses, traspasando parte del personal y unidades que venían prestando este cometido.


    LOS AUTOBUSES DE LA CAJA EN LA CALLE VITORIA




Aquellos dos primeros autobuses citados, como alguno aun tal vez recordará, habían llegado desde Inglaterra, por lo que aun tenían el volante a la derecha, y habían sido recogidos en el Puerto de Bilbao por Don Teodoro García Lara, padre de quien esto suscribe, y que por entonces era el Primer Inspector Jefe del Servicio de Autobuses Urbanos de Burgos.


DON TEODORO GARCÍA LARA, PRIMER INSPECTOR     JEFE DE LOS AUTOBUSES URBANOS DE BURGOS



 Las dos unidades fueron traídas por carretera a Burgos, en una complicada travesía dado que el desarrollo de marchas estaba conformado para el uso urbano, y aun teniendo que vencer serias dificultades climatológicas por el Puerto de Orduña, siendo conducido el primero de ellos por el citado Inspector Sr. García Lara.


Ya en Burgos, ambos vehículos fueron matriculados,  correspondiéndoles las matriculas de Burgos; 4.113 y 4.114, pasando de inmediato a realizar su primer servicio el Día de los Santos de 1952, en viajes continuos hasta el Cementerio de Burgos, tanta era la afluencia de viajeros que querían celebrar el novedoso servicio aunque alguno tal vez se quejara     del importe del trayecto, que quedaba fijado en una peseta.

 EL SEÑOR GARCÍA LARA DISPUESTO PARA CELEBRAR EL DÍA DE SAN CRISTOBAL DE 1953

jueves, 27 de septiembre de 2018

SAN ANTÓN Y BURGOS


TABLA GÓTICA DE SAN ANTÓN EN LA CATEDRAL DE BURGOS


El 17 de Enero, se celebra el día de San Antón, festividad ésta que desde antaño se ha conmemorado en la ciudad de Burgos y su provincia con singulares actos que pasamos a considerar.

Pero antes de continuar, lo primero será detenernos en la figura histórica del santo varón, venerado tanto en la iglesia católica como en las ortodoxas y quien es patrón de los animales irracionales, pero también de amputados, cesteros, cepilleros, carniceros, enterradores, porquerizos y de los afectados de epilepsia, y de ergotismo, o fuego de San Antón.
 
Nació en Heracleópolis, ciudad de Egipto, en el año 251 y fue el primer archimandrita o abad de los muchos eremitorios que se fundaron en el desierto egipcio allá por el año 300 de nuestra era. 

Su símbolo es la letra Tau griega, con la que remataba su bastón, aunque también pudiera ser la misma Tau egipcia, dada su procedencia, y que era símbolo de la inmortalidad, y por lo menos lo fue de longevidad ya que murió en 356, con la avanzada edad de 105 años, cosa totalmente inusual en su época.


Al ermitaño egipcio S Antón se le puede considerar como el primer monje de la cristiandad, allá por el año 300, se retiro como eremita al desierto.
 Siendo seguido por muchos discípulos como S. Pacomio o S. Atanasio, que fueron los fundadores de los primeros monasterios, todas estas casas reconocieron la autoridad de un solo superior, un abad o archimandrita, que no fue otro que el propio S. Antón, por lo que es considerado el fundador de la forma de vida cenobítica.
 
Pero S. Antón, podemos decir, que une, de alguna forma a la ciudad de Burgos, es decir, que le coge de punta a punta, ya que no hay que olvidar que esta fiesta se celebra desde los barrios de Gamonal y San Cristóbal, hasta los de Huelgas y el Hospital del Rey, lo mismo que en muchas localidades de nuestra provincia.

En Gamonal, es muy conocido, como la Cofradía de San Antón, desde hace más de 500 años, celebra a su patrón repartiendo titos, ascendiendo la cantidad repartida cada año, que en la actualidad se cifra en más de 20.000 raciones, teniendo su origen esta tradición en la necesidad de atención a los menesterosos, que desde un principio, fue parte de la regla fundacional de la Cofradía.

 REPARTIENDO LOS TITOS EN GAMONAL

Los titos, es una leguminosa, el “Lathyrus Sativus”, que también se la conoce en nuestras latitudes como yeros o francos y que aunque, en principio, está destinada al alimento del ganado en invierno, también sirvió como recurso proteico en la alimentación humana en tiempos de escasez.

 TITOS, YEROS O TAMBIÉN FRANCOS (con perdón)

Todo ello sin olvidar otra curiosa acepción de la palabra tito, como es la existencia de un núcleo étnico prerromano, se trata de los tittos, que con los arévacos, bellos y lusones ocuparon nuestras tierras burgalesas, antes de la llegada del imperio romano.

 Mientras en Gamonal se reparten los titos, en Huelgas se celebra la tradicional bendición de los animales, actualmente casi todos domésticos, mientras que en el barrio de San Cristóbal se conmemora con la matanza de un cerdo y la posterior degustación de sus productos.

BENDICIÓN DE LOS ANIMALES (racionale e irracionales), EN EL REAL MONASTERIO DE LAS HUELGAS

  Algo parecido ocurre en el inmediato pueblo de Renuncio, sito en el Alfoz de Burgos, donde la tradición se celebra con la bendición de panes y piensos y la rifa de un ejemplar porcino.

Mucho más al sur de nuestra provincia; en Milagros, se celebra “la Manda de San Antón”, una antañona tradición donde se subasta un sabroso lote de buenas viandas, con asistencia de autoridades y los cofrades de la Vera Cruz ataviados con capas, y donde cada oferta de la subasta es remarcada con un toque de esquila del alguacil.

Pero donde más significado cobra esta celebración; es en el antiguo Convento de San Antón, en Castrogeriz, fundado sobre el Camino de Santiago, en el antiguo palacio que allí tuvo el Rey Burgalés Pedro I, y donde se estableció la Orden de los Antonianos en este Real Xenodoquio, como sede del Comendador Mayor de la Orden.

 ROSETÓN CON LAS TAU,s
 
El hábito de la Orden era negro con una gran Tau azul sobre el pecho, la misma letra que aparece aun en los rosetones y cimeras de las ruinas del Convento y que posteriormente fue tomada por los Templarios, como signo.

Este convento de San Anton, cogió fama en toda Europa, pues era el único sitio donde se curaba el llamado “Fuego de San Antón, que no era otra cosa que el ergotismo, terrible enfermedad que asolaba Europa en los siglos X y XI, curación que se lograba tras largas ceremonias en las que se bendecía la Tau que se les imponía como escapulario, y se les daban otros remedios bendecidos, tales como: el Pan de San Antonio, el Vino santo, el Remedio de Fuego y las Campanillas del Santo.

Además, atendían con esmerada hospitalidad a todos los peregrinos jacobeos, incluso a los que pasaban de noche, para los que tenían dispuestas, bajo la protección del pórtico de la iglesia, unas alacenas de piedra en las que siempre se encontraban las necesarias provisiones para seguir el camino.

La Orden de San Antón se suprimió en 1789 y con la posterior Desamortización de Mendizábal el Convento quedó convertido en la ruina que hoy nos queda, como recuerdo de la importancia que San Antón tuvo en nuestra ciudad de Burgos y su provincia.

 RUINAS DEL CONVENTO DE SAN ANTÓN EN CASTROGERÍZ
 
La Fiesta de San Antón, siempre fue muy celebrada, y aun lo sigue siendo, y se considera que con ella; el 17 de Enero, se acaban las festividades de la Navidad, existiendo en nuestra paremiología el proverbio que nos lo recuerda: “Hasta San Antón las Pascuas son”.










jueves, 19 de julio de 2018

EL MORITO DE BURGOS



En la fachada norte del Edificio del Teatro Principal de Burgos, subido sobre un reloj bifaz desde 1887, está el “Morito”, ese entrañable niño de tez cetrina, aunque de marcados rasgos occidentales, que con una amable sonrisa, puntual exactitud y a golpe de carillón, viene marcándonos a los burgaleses nuestros aconteceres cotidianos y nuestro lugar de cita.

Se sabe; que en nuestro Alfoz de Burgos, en el vecino pueblo de Quintaortuño, existió una familia dedicada a la fundición de campanas, siendo uno de sus sucesores D. Lesmes Villanueva, quien ya en 1840, constaba como maestro relojero especializado en la construcción de relojes de torre con patente propia y cuya empresa llegó a ser la segunda de toda España en su genero, instalando más de cien relojes, tanto en toda España como en el extranjero.

Su hijo; D. Manuel Villanueva, destacado maestro relojero y orífice, continuando con el negocio familiar, se trasladó a Burgos donde patentó un sistema regulador que conseguía mayor exactitud de los relojes de torre, instalándose en 1887 en los bajos del edificio del Teatro Principal, donde como reclamo de su negocio colocó un reloj de dos esferas rematado por un tardón o pequeño autómata que tañería tanto los cuartos, como repicaría las enteras y al que pronto los burgaleses darían en llamar “El Morito”.

Continuó la familia Villanueva con el negocio relojero, siendo reconocidos en 1905 como “Proveedores de la Real Casa”, y ampliando su comercio con relojes de pared, despertadores, de bolsillo, así como artículos de joyería y óptica, y extendiéndolo después; primero a los gramófonos y después a los receptores de radiodifusión, momento en el que sobre la tienda se funda “Radio Castilla” e instalan en 1934 la primera megafonía de nuestra Catedral de Burgos, para continuar como óptica hasta ya muy avanzado el siglo XX.

Y ésta es –en resumidas cuentas- la historia de de este Manneken Pis Burgalés, no más pequeño que el de Bruselas, pero si menos famoso por ser más humilde como buen castellano, y que por lo menos no nos mea, como el otro, y que sigue tañendo con gusto los episodios ciudadanos, cuando no se convierte en Cupido, para hacerse cómplice de citas amorosas bajo el discreto resguardo de su sombrilla  campana.


Morito pititón,
del nombre virulí,
ha revuelto con la sal,
la sal y el perejil,
perejil, don,don,
perejil don,don,
las armas son,
del nombre virulí,
del nombre virulón

Al tío Tomasón,
le gusta el perejil
en invierno y en abril,
más con la condición,
perejil don, don,
perejil don, don,
la condición,
que llene el perejil
la boca de un lechón.

Se ufana Melitón,
un vago del lugar,
de jamás anís catar,
más cuando no le ven,
perejil, don, don,
perejil, don, don,
el remolón,
se toma sin chistar
un frasco de Chinchón.

Según diversas fuentes consultadas, la canción “Morito Pititón”, aunque conocida en toda España, es una canción popular de Burgos de las que se pueden definir como de rueda o de corro infantil.

La letra de su estribillo; sin sentido aparente, parece estar compuesta como si de un acertijo se tratara, como si alguien nos hubiese dejado un enigma a la posteridad para que tratásemos de descubrir el personaje.
Para ello nos da alguna pista: “Virulí y Virulón” parecen referirse a la virula o virola que es una pieza fundamental del mecanismo de un reloj mecánico,         mientras que “perejil, don, don,” bien pudiera ser la onomatopeya del sonido de las tres campanas del Morito al repicar.

Así pues; todo parece indicar que se está refiriendo a un reloj, un reloj de nombre “Morito”, y que sepamos, tan solo existe uno; el de Burgos.

Pero todo esto; no deja de ser más que una hipótesis que siempre me rondó la cabeza y que ahora aprovecho para intentar que algún folclorista la recoja e intente investigarla con mejor éxito.

TOQUES DE CAMPANA




En los pueblos y en las ciudades, antiguamente, la vida se regía por los diversos toques de campana que efectuaba el sacristán o el campanero, si lo había, y servían tanto para anunciar un determinado culto que iba a comenzar en la Iglesia como para avisar de alguna tarea sobrevenida a realizar por los vecinos, como pudiera ser apagar un incendio. A continuación especificaremos algunos de ellos:

Tocar al alba: Se realizaba al salir el sol, y se daban sobre diez toques de campana, al fin de avisar a los vecinos la conveniencia de abandonar el lecho y comenzar las faenas cotidianas.

Tocar a maitines: Toque al amanecer para avisar de los rezos que debían efectuarse a aquellas horas.

Tocar a las horas: En algún pueblo se daba un toque cada hora, con un número determinado de campanadas según la hora que era, era lo bastante lento como para poder contar las campanadas.

Tocar a Misa: Llamar a Misa tanto los Domingos y fiestas de guardar como cuando hay alguna desacostumbrada, (véase dar las terceras). Se podían considerar tres tipos de misa: diaria, con un toque largo efectuado por una campana sola, misa dominical, que se anunciaba volteando una o más campanas, misa festiva con volteo de todas las campanas y repique.

Tocar a alzar a ver a Dios: En algún pueblo se daba este toque durante la consagración, aunque lo normal era tocar la campanilla cuando el sacerdote levantaba el cáliz y después cuando se arrodillaba.

Tocar a oraciones: En alguna otra localidad se solía recordar con este toque las diferentes rezos a realizar a lo largo del día.

Tocar al Ángelus: Era un toque breve de una sola campana que tañía doce veces para indicar la hora de las doce del mediodía, se llamaba a oración a los vecinos para recordar el misterio de la Encarnación y homenaje a la Virgen María.

Tocar a mediodía: Unas veces a las doce y otras a la una, se tocaba la campana para avisar a los vecinos de que ya era hora de dejar la labor e ir a casa a comer.

Tocar a muerto: Toque cuando había muerto algún vecino del pueblo, se solía tocar cada hora del día, hasta el comienzo del funeral y el último toque se efectuaba en el momento de dar tierra al difunto. Este era un toque lento donde se alternaban la campana aguda con la grave, en algunos sitios las llamaban “la macho y la hembra”.

Tocar clamores: Toque que se daba al terminar el de muertos para diferenciar quien había fallecido; si se daba una sola campanada, (clamor), el difunto era un hombre, mientras que si se daban dos toques se trataba de una mujer.

Tocar a Gloria: Para esto hay tres posibilidades; la primera es de cuando muere un niño o una niña, caso en el que se daban tres clamores, era un toque festivo, pues se consideraba que el niño era un alma pura, que no le había dado tiempo a pecar, por lo que entraba en el cielo inmediatamente. Por otra parte era un toque de todas las campanas repicando que se efectuaba el Sábado Santo, cuando se consideraba y festejaba que había resucitado Cristo. Y la tercera opción con volteo de todas las campanas y repique, era cuando venía el Arzobispo, o se entronizaba a un nuevo Papa.

Tocar a las ánimas: Toque de los días 1 y 2 de Noviembre; Día de los Santos y Día de difuntos, por la noche, los mozos se encargaban de tocar a muerto, cada dos horas, durante toda la noche, hecho este que se repetía a los ocho días.

Tocar a procesión: En este caso se volteaban todas las campanas desde que la imagen del santo sale de la iglesia hasta que regresa, el sonido de las campanas se entremezcla con el de los cohetes y la música que acompaña a la procesión.

Tocar a vísperas: Se volteaban las campanas al atardecer, para anunciar que al día siguiente era una fiesta importante, o la fiesta mayor del pueblo, para que las gentes preparasen y limpiasen la plaza para el baile y las calles, sobre todo por donde había de pasar la procesión, a veces el volteo terminaba, cada vez, con repiques intermitentes. Otro toque de vísperas era el de oración al atardecer, se trataba de un toque corto de una campana sola.

Tocar a gordo: Se decía por los mozos cuando habia que tornear todas las campanas con motivo de Día de Fiesta.

Tocar a Rosario: Durante el mes de Mayo (mes de María, o de las flores), durante la Cuaresma y en Noviembre, (mes de difuntos), era normal convocar a los vecinos a la iglesia para rezar el rosario, toque este que solía coincidir con el de vísperas para rezar.

Tocar a Viático: Este era un toque lento de una campana, que se efectuaba cuando el cura con el monaguillo se dirigían a la casa de un moribundo portando el Santísimo, aunque, a veces era tan solo acompañado por el toque de campanilla del acolito, en cualquier caso la gente se arrodillaba a su paso.

Tocar a Concejo: En los pueblos; cuando el Alcalde quería reunir a los vecinos para tratar o informales de algún asunto, se daba un toque rápido y corto de campana, no así en las ciudades, como en Burgos, que aquí salían los timbaleros al balcón del Ayuntamiento a tocar sus clarines, (ver tocar a concejo y los timbaleros de la ciudad de Burgos).

Tocar a perdido: Cuando se temía que alguno se había extraviado de noche, se volteaba intermitentemente una campana para ayudarle a localizar el pueblo, por el sonido, el mismo toque se hacía cuando había niebla o nevadas.

Tocar a rebusco: Este toque era para señalar a todos que ya se había acabado de vendimiar, por lo que se les autorizaba a que entrasen a las viñas a rebuscar los racimos que se hubiesen quedado en las cepas.

Tocar a bueyada: Era un toque corto de una campana, y al terminar este se indicaba con uno, dos, o tres campanadas, el término donde podían ir a pastar las parejas de bueyes al día siguiente.

Tocar a rebato: Se trataba de un toque de alarma, para señalar o prevenir de un peligro, era un toque rápido y alarmante de una campana con el que se traba de congregar a los vecinos para responder a la peligrosa eventualidad.

Tocar a quema: Este era un toque de campana largo y rápido, convocando a acudir al incendio para apagarlo, y al oírlo, los vecinos, todos, se acercaban provistos de calderos para hacer la cadena de transporte de agua, mientras que si el humo se divisaba en el monte, solo acudían los varones provistos de hachas.

Tocar a tentenublo: Este toque se efectuaba con todas las campanas a su máxima potencia, para tratar de parar con su sonido una tormenta y así diluir los granizos o rayos que pudieran descargar. El sonido de las campanas se solían acompañar con unas letrillas: “Tente, nublo, / tente tú ,/ que Dios puede / más que tú”. O esta otra: “Tente nublo, / tente tu, / tente, / tente, / que no mates a la gente, / que no mates al pastor, / que no mates las ovejas de San Antón”.

Tocar a yelo: Tocar a hielo, para evitar las heladas que pudieran aniquilar los campos y sembrados.