miércoles, 31 de octubre de 2018

LOS AUTOBUSES URBANOS DE BURGOS



Venimos glosando episodios gloriosos de nuestra historia burgalesa, sin embargo, existen otros más recientes que tampoco deben ser pasados por alto ya que forman parte    de nuestro patrimonio histórico contemporáneo.  

En estas fechas de Octubre de 1952, llegaban a Burgos los dos primeros autobuses urbanos y aunque anteriormente habían existido ambiciosos proyectos como el de dotarnos de un tranvía, que como es sabido fueron infructuosos.




Posteriormente fueron utilizados los llamados “coches de línea”, que en su trayecto hacían parada en alguno de nuestros actuales barrios que por entonces aun eran pueblos, e incluso se llegó a utilizar de forma publica la llamada “diligencia militar”, una especie de ómnibus tirado por caballerías que unía el centro de Burgos con la Residencia de Oficiales y que era aprovechado en su trayecto por algunos vecinos.



Así pues, aquellos dos primeros Autobuses Urbanos como tales, llegaron a nuestra ciudad de la mano de la Caja de Ahorros Municipal y dentro de los servicios de esta entidad financiera estuvieron funcionando varios años, siendo, hasta no hace mucho tiempo, habitual en Burgos, que la gente se refiriera a ellos como “Los Autobuses de la Caja”, situación ésta que permaneció hasta que el Ayuntamiento fue capaz de crear su propio Servicio de Autobuses, traspasando parte del personal y unidades que venían prestando este cometido.


    LOS AUTOBUSES DE LA CAJA EN LA CALLE VITORIA




Aquellos dos primeros autobuses citados, como alguno aun tal vez recordará, habían llegado desde Inglaterra, por lo que aun tenían el volante a la derecha, y habían sido recogidos en el Puerto de Bilbao por Don Teodoro García Lara, padre de quien esto suscribe, y que por entonces era el Primer Inspector Jefe del Servicio de Autobuses Urbanos de Burgos.


DON TEODORO GARCÍA LARA, PRIMER INSPECTOR     JEFE DE LOS AUTOBUSES URBANOS DE BURGOS



 Las dos unidades fueron traídas por carretera a Burgos, en una complicada travesía dado que el desarrollo de marchas estaba conformado para el uso urbano, y aun teniendo que vencer serias dificultades climatológicas por el Puerto de Orduña, siendo conducido el primero de ellos por el citado Inspector Sr. García Lara.


Ya en Burgos, ambos vehículos fueron matriculados,  correspondiéndoles las matriculas de Burgos; 4.113 y 4.114, pasando de inmediato a realizar su primer servicio el Día de los Santos de 1952, en viajes continuos hasta el Cementerio de Burgos, tanta era la afluencia de viajeros que querían celebrar el novedoso servicio aunque alguno tal vez se quejara     del importe del trayecto, que quedaba fijado en una peseta.

 EL SEÑOR GARCÍA LARA DISPUESTO PARA CELEBRAR EL DÍA DE SAN CRISTOBAL DE 1953

jueves, 27 de septiembre de 2018

SAN ANTÓN Y BURGOS


TABLA GÓTICA DE SAN ANTÓN EN LA CATEDRAL DE BURGOS


El 17 de Enero, se celebra el día de San Antón, festividad ésta que desde antaño se ha conmemorado en la ciudad de Burgos y su provincia con singulares actos que pasamos a considerar.

Pero antes de continuar, lo primero será detenernos en la figura histórica del santo varón, venerado tanto en la iglesia católica como en las ortodoxas y quien es patrón de los animales irracionales, pero también de amputados, cesteros, cepilleros, carniceros, enterradores, porquerizos y de los afectados de epilepsia, y de ergotismo, o fuego de San Antón.
 
Nació en Heracleópolis, ciudad de Egipto, en el año 251 y fue el primer archimandrita o abad de los muchos eremitorios que se fundaron en el desierto egipcio allá por el año 300 de nuestra era. 

Su símbolo es la letra Tau griega, con la que remataba su bastón, aunque también pudiera ser la misma Tau egipcia, dada su procedencia, y que era símbolo de la inmortalidad, y por lo menos lo fue de longevidad ya que murió en 356, con la avanzada edad de 105 años, cosa totalmente inusual en su época.


Al ermitaño egipcio S Antón se le puede considerar como el primer monje de la cristiandad, allá por el año 300, se retiro como eremita al desierto.
 Siendo seguido por muchos discípulos como S. Pacomio o S. Atanasio, que fueron los fundadores de los primeros monasterios, todas estas casas reconocieron la autoridad de un solo superior, un abad o archimandrita, que no fue otro que el propio S. Antón, por lo que es considerado el fundador de la forma de vida cenobítica.
 
Pero S. Antón, podemos decir, que une, de alguna forma a la ciudad de Burgos, es decir, que le coge de punta a punta, ya que no hay que olvidar que esta fiesta se celebra desde los barrios de Gamonal y San Cristóbal, hasta los de Huelgas y el Hospital del Rey, lo mismo que en muchas localidades de nuestra provincia.

En Gamonal, es muy conocido, como la Cofradía de San Antón, desde hace más de 500 años, celebra a su patrón repartiendo titos, ascendiendo la cantidad repartida cada año, que en la actualidad se cifra en más de 20.000 raciones, teniendo su origen esta tradición en la necesidad de atención a los menesterosos, que desde un principio, fue parte de la regla fundacional de la Cofradía.

 REPARTIENDO LOS TITOS EN GAMONAL

Los titos, es una leguminosa, el “Lathyrus Sativus”, que también se la conoce en nuestras latitudes como yeros o francos y que aunque, en principio, está destinada al alimento del ganado en invierno, también sirvió como recurso proteico en la alimentación humana en tiempos de escasez.

 TITOS, YEROS O TAMBIÉN FRANCOS (con perdón)

Todo ello sin olvidar otra curiosa acepción de la palabra tito, como es la existencia de un núcleo étnico prerromano, se trata de los tittos, que con los arévacos, bellos y lusones ocuparon nuestras tierras burgalesas, antes de la llegada del imperio romano.

 Mientras en Gamonal se reparten los titos, en Huelgas se celebra la tradicional bendición de los animales, actualmente casi todos domésticos, mientras que en el barrio de San Cristóbal se conmemora con la matanza de un cerdo y la posterior degustación de sus productos.

BENDICIÓN DE LOS ANIMALES (racionale e irracionales), EN EL REAL MONASTERIO DE LAS HUELGAS

  Algo parecido ocurre en el inmediato pueblo de Renuncio, sito en el Alfoz de Burgos, donde la tradición se celebra con la bendición de panes y piensos y la rifa de un ejemplar porcino.

Mucho más al sur de nuestra provincia; en Milagros, se celebra “la Manda de San Antón”, una antañona tradición donde se subasta un sabroso lote de buenas viandas, con asistencia de autoridades y los cofrades de la Vera Cruz ataviados con capas, y donde cada oferta de la subasta es remarcada con un toque de esquila del alguacil.

Pero donde más significado cobra esta celebración; es en el antiguo Convento de San Antón, en Castrogeriz, fundado sobre el Camino de Santiago, en el antiguo palacio que allí tuvo el Rey Burgalés Pedro I, y donde se estableció la Orden de los Antonianos en este Real Xenodoquio, como sede del Comendador Mayor de la Orden.

 ROSETÓN CON LAS TAU,s
 
El hábito de la Orden era negro con una gran Tau azul sobre el pecho, la misma letra que aparece aun en los rosetones y cimeras de las ruinas del Convento y que posteriormente fue tomada por los Templarios, como signo.

Este convento de San Anton, cogió fama en toda Europa, pues era el único sitio donde se curaba el llamado “Fuego de San Antón, que no era otra cosa que el ergotismo, terrible enfermedad que asolaba Europa en los siglos X y XI, curación que se lograba tras largas ceremonias en las que se bendecía la Tau que se les imponía como escapulario, y se les daban otros remedios bendecidos, tales como: el Pan de San Antonio, el Vino santo, el Remedio de Fuego y las Campanillas del Santo.

Además, atendían con esmerada hospitalidad a todos los peregrinos jacobeos, incluso a los que pasaban de noche, para los que tenían dispuestas, bajo la protección del pórtico de la iglesia, unas alacenas de piedra en las que siempre se encontraban las necesarias provisiones para seguir el camino.

La Orden de San Antón se suprimió en 1789 y con la posterior Desamortización de Mendizábal el Convento quedó convertido en la ruina que hoy nos queda, como recuerdo de la importancia que San Antón tuvo en nuestra ciudad de Burgos y su provincia.

 RUINAS DEL CONVENTO DE SAN ANTÓN EN CASTROGERÍZ
 
La Fiesta de San Antón, siempre fue muy celebrada, y aun lo sigue siendo, y se considera que con ella; el 17 de Enero, se acaban las festividades de la Navidad, existiendo en nuestra paremiología el proverbio que nos lo recuerda: “Hasta San Antón las Pascuas son”.










jueves, 19 de julio de 2018

EL MORITO DE BURGOS



En la fachada norte del Edificio del Teatro Principal de Burgos, subido sobre un reloj bifaz desde 1887, está el “Morito”, ese entrañable niño de tez cetrina, aunque de marcados rasgos occidentales, que con una amable sonrisa, puntual exactitud y a golpe de carillón, viene marcándonos a los burgaleses nuestros aconteceres cotidianos y nuestro lugar de cita.

Se sabe; que en nuestro Alfoz de Burgos, en el vecino pueblo de Quintaortuño, existió una familia dedicada a la fundición de campanas, siendo uno de sus sucesores D. Lesmes Villanueva, quien ya en 1840, constaba como maestro relojero especializado en la construcción de relojes de torre con patente propia y cuya empresa llegó a ser la segunda de toda España en su genero, instalando más de cien relojes, tanto en toda España como en el extranjero.

Su hijo; D. Manuel Villanueva, destacado maestro relojero y orífice, continuando con el negocio familiar, se trasladó a Burgos donde patentó un sistema regulador que conseguía mayor exactitud de los relojes de torre, instalándose en 1887 en los bajos del edificio del Teatro Principal, donde como reclamo de su negocio colocó un reloj de dos esferas rematado por un tardón o pequeño autómata que tañería tanto los cuartos, como repicaría las enteras y al que pronto los burgaleses darían en llamar “El Morito”.

Continuó la familia Villanueva con el negocio relojero, siendo reconocidos en 1905 como “Proveedores de la Real Casa”, y ampliando su comercio con relojes de pared, despertadores, de bolsillo, así como artículos de joyería y óptica, y extendiéndolo después; primero a los gramófonos y después a los receptores de radiodifusión, momento en el que sobre la tienda se funda “Radio Castilla” e instalan en 1934 la primera megafonía de nuestra Catedral de Burgos, para continuar como óptica hasta ya muy avanzado el siglo XX.

Y ésta es –en resumidas cuentas- la historia de de este Manneken Pis Burgalés, no más pequeño que el de Bruselas, pero si menos famoso por ser más humilde como buen castellano, y que por lo menos no nos mea, como el otro, y que sigue tañendo con gusto los episodios ciudadanos, cuando no se convierte en Cupido, para hacerse cómplice de citas amorosas bajo el discreto resguardo de su sombrilla  campana.


Morito pititón,
del nombre virulí,
ha revuelto con la sal,
la sal y el perejil,
perejil, don,don,
perejil don,don,
las armas son,
del nombre virulí,
del nombre virulón

Al tío Tomasón,
le gusta el perejil
en invierno y en abril,
más con la condición,
perejil don, don,
perejil don, don,
la condición,
que llene el perejil
la boca de un lechón.

Se ufana Melitón,
un vago del lugar,
de jamás anís catar,
más cuando no le ven,
perejil, don, don,
perejil, don, don,
el remolón,
se toma sin chistar
un frasco de Chinchón.

Según diversas fuentes consultadas, la canción “Morito Pititón”, aunque conocida en toda España, es una canción popular de Burgos de las que se pueden definir como de rueda o de corro infantil.

La letra de su estribillo; sin sentido aparente, parece estar compuesta como si de un acertijo se tratara, como si alguien nos hubiese dejado un enigma a la posteridad para que tratásemos de descubrir el personaje.
Para ello nos da alguna pista: “Virulí y Virulón” parecen referirse a la virula o virola que es una pieza fundamental del mecanismo de un reloj mecánico,         mientras que “perejil, don, don,” bien pudiera ser la onomatopeya del sonido de las tres campanas del Morito al repicar.

Así pues; todo parece indicar que se está refiriendo a un reloj, un reloj de nombre “Morito”, y que sepamos, tan solo existe uno; el de Burgos.

Pero todo esto; no deja de ser más que una hipótesis que siempre me rondó la cabeza y que ahora aprovecho para intentar que algún folclorista la recoja e intente investigarla con mejor éxito.

TOQUES DE CAMPANA




En los pueblos y en las ciudades, antiguamente, la vida se regía por los diversos toques de campana que efectuaba el sacristán o el campanero, si lo había, y servían tanto para anunciar un determinado culto que iba a comenzar en la Iglesia como para avisar de alguna tarea sobrevenida a realizar por los vecinos, como pudiera ser apagar un incendio. A continuación especificaremos algunos de ellos:

Tocar al alba: Se realizaba al salir el sol, y se daban sobre diez toques de campana, al fin de avisar a los vecinos la conveniencia de abandonar el lecho y comenzar las faenas cotidianas.

Tocar a maitines: Toque al amanecer para avisar de los rezos que debían efectuarse a aquellas horas.

Tocar a las horas: En algún pueblo se daba un toque cada hora, con un número determinado de campanadas según la hora que era, era lo bastante lento como para poder contar las campanadas.

Tocar a Misa: Llamar a Misa tanto los Domingos y fiestas de guardar como cuando hay alguna desacostumbrada, (véase dar las terceras). Se podían considerar tres tipos de misa: diaria, con un toque largo efectuado por una campana sola, misa dominical, que se anunciaba volteando una o más campanas, misa festiva con volteo de todas las campanas y repique.

Tocar a alzar a ver a Dios: En algún pueblo se daba este toque durante la consagración, aunque lo normal era tocar la campanilla cuando el sacerdote levantaba el cáliz y después cuando se arrodillaba.

Tocar a oraciones: En alguna otra localidad se solía recordar con este toque las diferentes rezos a realizar a lo largo del día.

Tocar al Ángelus: Era un toque breve de una sola campana que tañía doce veces para indicar la hora de las doce del mediodía, se llamaba a oración a los vecinos para recordar el misterio de la Encarnación y homenaje a la Virgen María.

Tocar a mediodía: Unas veces a las doce y otras a la una, se tocaba la campana para avisar a los vecinos de que ya era hora de dejar la labor e ir a casa a comer.

Tocar a muerto: Toque cuando había muerto algún vecino del pueblo, se solía tocar cada hora del día, hasta el comienzo del funeral y el último toque se efectuaba en el momento de dar tierra al difunto. Este era un toque lento donde se alternaban la campana aguda con la grave, en algunos sitios las llamaban “la macho y la hembra”.

Tocar clamores: Toque que se daba al terminar el de muertos para diferenciar quien había fallecido; si se daba una sola campanada, (clamor), el difunto era un hombre, mientras que si se daban dos toques se trataba de una mujer.

Tocar a Gloria: Para esto hay tres posibilidades; la primera es de cuando muere un niño o una niña, caso en el que se daban tres clamores, era un toque festivo, pues se consideraba que el niño era un alma pura, que no le había dado tiempo a pecar, por lo que entraba en el cielo inmediatamente. Por otra parte era un toque de todas las campanas repicando que se efectuaba el Sábado Santo, cuando se consideraba y festejaba que había resucitado Cristo. Y la tercera opción con volteo de todas las campanas y repique, era cuando venía el Arzobispo, o se entronizaba a un nuevo Papa.

Tocar a las ánimas: Toque de los días 1 y 2 de Noviembre; Día de los Santos y Día de difuntos, por la noche, los mozos se encargaban de tocar a muerto, cada dos horas, durante toda la noche, hecho este que se repetía a los ocho días.

Tocar a procesión: En este caso se volteaban todas las campanas desde que la imagen del santo sale de la iglesia hasta que regresa, el sonido de las campanas se entremezcla con el de los cohetes y la música que acompaña a la procesión.

Tocar a vísperas: Se volteaban las campanas al atardecer, para anunciar que al día siguiente era una fiesta importante, o la fiesta mayor del pueblo, para que las gentes preparasen y limpiasen la plaza para el baile y las calles, sobre todo por donde había de pasar la procesión, a veces el volteo terminaba, cada vez, con repiques intermitentes. Otro toque de vísperas era el de oración al atardecer, se trataba de un toque corto de una campana sola.

Tocar a gordo: Se decía por los mozos cuando habia que tornear todas las campanas con motivo de Día de Fiesta.

Tocar a Rosario: Durante el mes de Mayo (mes de María, o de las flores), durante la Cuaresma y en Noviembre, (mes de difuntos), era normal convocar a los vecinos a la iglesia para rezar el rosario, toque este que solía coincidir con el de vísperas para rezar.

Tocar a Viático: Este era un toque lento de una campana, que se efectuaba cuando el cura con el monaguillo se dirigían a la casa de un moribundo portando el Santísimo, aunque, a veces era tan solo acompañado por el toque de campanilla del acolito, en cualquier caso la gente se arrodillaba a su paso.

Tocar a Concejo: En los pueblos; cuando el Alcalde quería reunir a los vecinos para tratar o informales de algún asunto, se daba un toque rápido y corto de campana, no así en las ciudades, como en Burgos, que aquí salían los timbaleros al balcón del Ayuntamiento a tocar sus clarines, (ver tocar a concejo y los timbaleros de la ciudad de Burgos).

Tocar a perdido: Cuando se temía que alguno se había extraviado de noche, se volteaba intermitentemente una campana para ayudarle a localizar el pueblo, por el sonido, el mismo toque se hacía cuando había niebla o nevadas.

Tocar a rebusco: Este toque era para señalar a todos que ya se había acabado de vendimiar, por lo que se les autorizaba a que entrasen a las viñas a rebuscar los racimos que se hubiesen quedado en las cepas.

Tocar a bueyada: Era un toque corto de una campana, y al terminar este se indicaba con uno, dos, o tres campanadas, el término donde podían ir a pastar las parejas de bueyes al día siguiente.

Tocar a rebato: Se trataba de un toque de alarma, para señalar o prevenir de un peligro, era un toque rápido y alarmante de una campana con el que se traba de congregar a los vecinos para responder a la peligrosa eventualidad.

Tocar a quema: Este era un toque de campana largo y rápido, convocando a acudir al incendio para apagarlo, y al oírlo, los vecinos, todos, se acercaban provistos de calderos para hacer la cadena de transporte de agua, mientras que si el humo se divisaba en el monte, solo acudían los varones provistos de hachas.

Tocar a tentenublo: Este toque se efectuaba con todas las campanas a su máxima potencia, para tratar de parar con su sonido una tormenta y así diluir los granizos o rayos que pudieran descargar. El sonido de las campanas se solían acompañar con unas letrillas: “Tente, nublo, / tente tú ,/ que Dios puede / más que tú”. O esta otra: “Tente nublo, / tente tu, / tente, / tente, / que no mates a la gente, / que no mates al pastor, / que no mates las ovejas de San Antón”.

viernes, 31 de julio de 2009

RAMÓN DE BONIFAZ, UN BURGALÉS; PRIMER ALMIRANTE DE ESPAÑA, CONQUISTADOR DE SEVILLA Y CREADOR DE LA ARMADA ESPAÑOLA


Una vez más, como ya pasó con Juan de Garay (véase articulo en este mismo blog), se intenta confundir al lector poco avezado pretendiendo para otros lugares el origen de de un burgalés.

Ramón de Bonifaz y Camargo es -a todas vistas- natural de la Cabeza de Castilla, así esta inscrito en el "Libro Armorial de la Cofradía de la Parroquia de Santiago de la Fuente de Burgos" con todo su linaje, genealogía y parentela; tanto de los Bonifaz como de los Camargo, descritos y miniados cada uno de ellos en él con sus armas heráldicas, y algunos de ellos distinguidos como esforzados caballeros en el Arte del Bofordo (véase también aquí).



ILUSTRACIÓN CONTENIDA EN “LIBRO ARMORIAL DE LA COFRADÍA DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO DE LA FUENTE DE BURGOS” CON LA LEYENDA: “REMON BONIFAS, ALCALLE”


En el citado códice ya se nos presenta a D. Ramón como Alcalde de Burgos y todos los biógrafos consultados no albergan ninguna duda sobre la naturaleza burgalesa del héroe que ahora tratamos, pero recientemente alguno ha intentado hacer ver que procede de Laredo, ¿estamos una vez más ante el axioma de que “quien carece de historia esta obligado a inventársela”?. Hay que resaltar al efecto que estas últimas biografías se parecen en todo a las anteriores y tan solo intentan cambiar el dato del origen, aduciendo tan solo el segundo apellido por coincidencia con el homónimo pueblo montañés, por lo mismo que otros se han aventurado a decir que era francés de la región de La Camarga.

De su origen burgalés tampoco presenta dudas la Crónica General de Alfonso X -contemporánea suya- donde se asegura de él que era “Omne de Burgos” y “Sabidor de las cosas de la mar”
La data de su nacimiento en Burgos se establece en 1196 y poco más tarde ya aparece documentado como poseedor de propiedades en el burgalés barrio de San Llorente y es muy probable que asistiera con 16 años a la fonsadera burgalesa de la batalla de “Las Navas de Tolosa” junto a los caballeros de su linaje, (estos si documentados en ella), como era costumbre en la época y donde adquiriría sus primeros conocimientos militares que seguiría ejerciendo hasta ocupar el cargo de Alcaide la Fortaleza y Ciudad de Burgos, comisión que por entonces era más militar que política.


DON RAMÓN DE BONIFAZ Y CAMARGO


Ocupando este cargo, en 1245 el Rey San Fernando le solicita que le acompañe en las campañas de Jaén y Baeza donde consigue brillantes éxitos militares.
Ya en 1247; el Rey le encomienda que aprestara una escuadra naval para la toma de Sevilla, sabedor como era el Rey de sus conocimientos militares que entonces no se diferenciaban de los de la mar, ya que los navíos tan solo se empleaban ocasionalmente como medio de transporte de las huestes, así nos lo dice la Crónica:
"Remon Bonifaz, un omme de Burgos, vino ver al rey et al rey plogo mucho del, et desque ovo sus cosas con el fablado, mandol luego tornar apriesa que fuese guisar naves et galeas et la mayor flota que pudiese et la meior guisada, et que se viniese con ella para Sevilla".
Con tal encargo se dirige a las villas marineras de Castilla sitas en las entonces provincias castellanas de Santander, Vizcaya y Guipuzcoa, donde construye y reúne una importante armada con la que se dirige al sur, reforzándola en algunos puertos de Asturias y Galicia.
A primeros de Agosto bordea Gibraltar y se encara al Guadalquivir donde derrota a la flota sarracena de zabras y saetías de Abu Qabl que pretendía imposibilitarle el acceso al río y ya en él derrota a otra que traía refuerzos desde África, remontó el río hasta Sevilla que estaba protegida por un pontón de barcas fuertemente encadenadas y ya en contacto con la hueste del Rey, permitió a esta el movimiento hacia la fortaleza de Triana evitando así el apoyo de las tropas del Rey de Niebla Suayb ibn Muhammad ibn Mahfuz.





Tan solo quedaba la conquista definitiva de Sevilla para lo que era necesaria la ruptura de la fortificada barrera de barcas que la protegía entre la Torre del Oro y su gemela de Triana. Los almohades intentaron aniquilar la Escuadra de Castilla incendiándola, con sus combatientes dentro, mediante una balsa de “fuego griego”, una especie de “napalm” de la época que fue evitado por la decisiva intervención de nuestro Almirante, veamos como nos narra este suceso la Crónica:
“Et asmaron de fazer una balsa tamanna.../... et que la ynchiesen toda de ollas et de tinaias llenas de fuego greguiesco et dizenle en arauigo.../... et resina et pez et estopas.../... et mouieron asy muy demodados contra las naues de los cristianos para gelas quemar et començaron a echar fuego.../... mas non fueron muy sabidores ca pues ellos empezaron a mouer faciendo grandes roydos de trompas et de tanbores: los vnos de las naues de los cristianos que estauan apareidos et muy aperçecbidos los reçibieron de tal guisa et fueron recodir con ellos que los fezieron ser represos del ardimente que tomaron et del cometimiento que ouieron fecho”.




Una vez superado este episodio recibe la Orden del Rey de romper el puente de barcas, para ello manda acorazar la proa de sus dos mejores naves, la suya incluida. Esperó el momento propicio y el 3 de Mayo de 1248, una vez bendecidas las naves por San Telmo que acompañaba al Santo Rey y aprovechando el viento favorable y la subida de la marea se lanzaron contra el puente con todo el trapo desplegado y la fuerza de los remeros del cantábrico, la primera en embestir fue la otra nave que le hizo estremecer, detrás; tal vez más pesada, llegaba la nave capitana con Bonifaz al mando, consiguiendo tan feroz arremetida que rompió las gruesas cadenas con que estaban engarzados los pontones; desbaratándoles, siendo seguido ya sin impedimentos por toda su escuadra, veamos como nos lo relatan los cronistas:
De cómo el rey don Fernando mando a Remont Bonifaz que fuese quebrantada la puente de Triana, et de cómo la quebrantó con las naves: "… et mando a Remont Bonifaz, con quien se conseio et otros que y fueron llamados que eran sabidores de la mar, que fuesen ensayar algun artifiçio commo les quebrantasen por alguna arte la puente, si podiesen, porque non podiesen unos a otros pasar. Et el acuerdo en que se fallaron fue este que fezieron: tomaron dos naves, las mayores et mas fuertes que y avie, et guisaronlas muy bien de todo quanto mester era para fecho de conbater. Esto era en dia de sancta Cruz, tercer dia de mayo, en la era de mill et dozientos et ochenta et seys; et andava la era de la Encarnaçion del Sennor en mill et dozientos et quarenta et ocho annos. Et esse Remont Bonifaz, guisado muy bien, entro en la una nave con buena conpanna et muy guisada de muchas armas; en la otra nave entraron aquellos que se don Remont Bonifaz escogio, omnes buenos et buena conpanna et bien guisada. et la nave en que don Remont yva, descendio muy mas ayuso que la otra. Et el rey don Fernando, en crencia verdadera, mando poner ençima de los mastes desas dos naves sendas cruzes, commo aquel que firme se avia de toda creençia verdadera.../...La nave que primero llego, que yva de parte del arenal, non pudo quebrantar la puente por o acerto, pero que la asedo yaquanto; mas la otra en que Remont Bonifaz yva, desque llego fue dar de frente un tal golpe que se passo clara de la otra parte"Continua la crónica resaltando que en este hecho: “.../...consistió toda la victoria, porque los moros desde aquella hora conocieron ser vencidos".




Y así fue; pues el 23 de Noviembre no le quedo más remedio al Rey taifa Axataf que capitular, devolviendo Sevilla a Fernando III de Castilla quien como única condición exige que la ciudad esté vacía de musulmanes, por lo que salieron de ella mas de cien mil, dejándoles marchar libres y francos.
Ya solo con cristianos las huestes castellanas entran en la ciudad siendo recibidos como nos indica la crónica:
“en 22 días del mes de diciembre, día de la traslación de San Isidoro, arzobispo que fue de la noble Sevilla, do fue el Rey recibido con procesión de toda la clerecía y de todas las gentes, con muy grandes voces, bendiciendo a Dios y al buen Rey, que les diera”





RECREACIÓN ROMÁNTICA DE LAS RIBERAS DEL GUADALQUIVIR


Una vez establecidos en la ciudad hispalense limpian y dragan el Guadalquivir, creándose así el puerto de la ciudad a donde pudieran llegar naves mercantes de mayor calado y ven la necesidad de que Castilla contase con una armada naval estable, por lo que el Rey encarga a D. Ramón que erija y disponga las Reales Atarazanas donde construir y aderezar naves.

Bonifaz es recompensado con señoríos y propiedades en Sevilla y en Burgos y en 1250 es nombrado por el Monarca como Almirante de Castilla, siendo la primera vez que aparece este titulo en España, cargo que se describe como: “cabdillo de todos los navíos que son para guerrear” constituyéndose de esta forma la primera Armada Española con Ordenanzas Militares pues las “Ordinatione riparae” anteriores eran para la marina mercante, estas ordenanzas creadas por el burgalés fueron posteriormente recogidas en el “Código de las Siete Partidas”

Una vez consolidada Sevilla, el Rey mandó aparejar a Bonifaz otra escuadra para reconquistar Cartagena y también consta al mando de otra expedición de socorro al puerto de Safí.



En 1252 y después de todos estos esfuerzos se sabe que retorna a Burgos donde deja su cargo de Alcalde; que aun mantenía, a su hijo Diego, para dedicarse por completo desde aquí a sus labores de Almirante con jurisdicción y tribunales sobre todas las cosas de la mar y veedor de las rentas reales de todos los puertos, cargo de trascendental jerarquía como apoderado del Rey en todo lo concerniente a la regencia de los puertos, naciendo así la vocación marinera de la Ciudad de Burgos y que sería germen del posterior establecimiento en ella del Consulado del Mar y que ya no abandonaría como encrucijada entre la Corte y los puertos del Cantábrico.

Con Bonifaz, Alfonso X otorga en Burgos privilegios que alcanzan a la Puebla de Bilbao y su puerto y otros para Santander y Laredo como participantes en dicha gesta: “…Esta merced les fago por el mucho servicio que fisieron al Rey don Fernando, mio padre, e a mi, mayormente en la presion de Sevilla” , hecho este que los montañeses aun recuerdan en su escudo, donde se ve el navío de Bonifaz rompiendo las cadenas de Sevilla.

En 1256 falleció nuestro Almirante en Burgos siendo sepultado en el Monasterio de San Francisco; fundado por él, bajo su bulto yaciente constaba la siguiente inscripción:
“Aquí yace el muy noble y esforzado caballero don Ramón Bonifaz, primer almirante de Castilla que ganó a Sevilla. Murió el año MCCLVI”. Posteriormente la Reina Católica en una de sus visitas mando añadir: “que fue en ganar a Sevilla con el rey Don Fernando”.
Por su testamento sabemos que estuvo casado tres veces: “con doña Andrea Grimaldo, con doña Luisa de Velasco et con doña Teresa Arias de las que hubo dos hijos et cuatro hijas”. Durante la invasión francesa dicho monasterio fue bombardeado, esto y la desidiosa "amortización" de Mendizábal hicieron desaparecer su sepulcro, no obstante la Ciudad de Burgos sigue recordando a este esclarecido hijo suyo con una céntrica calle a su nombre cerca de donde estuvieron sus casas y posesiones.
 
Con motivo del 700 aniversario de la liberación de Sevilla, se instaló en la Torre de Santa María de Burgos una placa conmemorativa donde se lee lo siguiente:
A RAMÓN DE BONIFAZ “UN OME DE BURGOS”
Y ALCALDE LA CIUDAD, LE DESCUBRE LA GLORIA DE VIRILES PROEZAS
AL FRENTE DE LOS MARINOS DEL MAR CANTABRO
EN LA CONQUISTA DE SEVILLA, LOGRADA POR SAN FERNANDO REY 1248





miércoles, 24 de junio de 2009

BURGOS 1497; LLEGADA DE LOS PRIMEROS INDIOS A EUROPA

EL ALMIRANTE COLÓN REUNIDO CON FRAILES FRANCISCANOS


El 23 de Abril de 1497 una extraña comitiva avanzaba por la Calle de la Puebla de Burgos hacia la Casa del Cordón. Al frente de ella iba un fraile franciscano con muy crecida barba a quien escoltaban dos gentiles mozos ricamente vestidos. Detrás venía un nutrido grupo de indios totalmente desnudos; como en su tierra se acostumbra, tan solo aderezados de penachos de plumas y brazaletes, lo que a su paso causaba gran escándalo entre las recatadas gentes de la Cabeza de Castilla.


CASA DEL CORDÓN DE BURGOS



En la Casa del Cordón les esperaba la Corte de Castilla presidida por los Reyes Católicos sentados bajo su solio ceremonial.
Quien iba a ser recepcionado con tan altos honores no era otro que el Almirante de Castilla D. Cristóbal Colón que a la vuelta de su segundo viaje a las Indias Occidentales había querido presentarse con el Hábito de San Francisco como muestra de humildad, en vez de las lujosas vestiduras que a su elevado rango correspondían, de su cintura colgaba el Cordón de la Orden, el mismo que en piedra exornaba y aun enmarca la portada del Palacio entre unicornios y dragones. Le acompañaban sus hijos Don Diego y Don Fernando.

PORTADA DE LA CASA DEL CORDÓN




Entre los indios del sequito venían el hermano y el hijo del Gran Cacique Caribe Caonabó, quien también venía a Burgos pero desafortunadamente había muerto durante la dura travesía atlántica.

Así nos lo narra el Bachiller Andrés Bernáldez quien era cronista del Almirante: ...“que fue mi huesped e me dexo algunas de sus escripturas... e vino en Castilla vestido de unas ropas de color de habito de San Francisco de la observancia y en la hechura poco menos que habito, e un cordon de San Francisco por devocion y trujo consigo algunos indios, al gran Cacique Caonaboa, e a un su hermano, e a un su fijo de fasta diez años... muriose el Caonaboa en la mar o de dolencia o de poco placer”.

Tanto Bernáldez como Pedro Marguerite castellanizan en sus crónicas el nombre de Caonabó, cuyo nombre significa “Señor de la casa de oro” y era el Gran Cacique Soberano de Maguana en la región de Cibao de la actual Republica Dominicana, aquella isla que entonces se llamaba “La Española”. Su esposa era Anacaona que se traduce como “Flor de Oro” y que a su vez era la Caciquesa de Xaragua, mujer de gran belleza y gentileza que había recibido a los españoles ofreciéndoles trescientas muchachas vírgenes mientras les cantaba poemas propios en los areytos (grandes festejos tribales).






ILUSTRACIÓN ANTIGUA DONDE SE VE A CAONABÓ Y ANACAONA


Es de notar que en estos areytos, dada la desnudez de las indias y la proverbial fogosidad de los españoles se produjese algún desmán como se desprende de las advertencias del propio Almirante: ... “porque no aya causa que ninguna persona, de cualquier grado o condiçión que sea, vaya a rescatar cosa ninguna de los indios y los hazer dos mill enojos, y es cosa que es mucho contra su voluntad y deserviçio del Rey e de la Reina, nuestros Señores, porque Sus Altezas desean más la salvación d´esta gente, porque sean cristianos, que todas las riquezas que de acá puedan salir; así que bien proveído va, y se debe de contentar cada uno que Sus Casiques les manden pagar para comer y otras cosas que neçesarias vos fueren”.


ILUSTRACIÓN ANTIGUA DONDE SE VEN INDIAS Y ESPAÑOLES SOLAZÁNDOSE EN EL AGUA


Aun así, entre los presentes que traían los indios para sus Católicas Majestades venían objetos, animales y plantas antes nunca vistas de este lado de la mar océana, tales como guacamayos, árboles y plantas desconocidas, (tal vez entre ellas la patata), aunque lo que más del gusto de los Soberanos fue “la corona del Cacique Caonaboa, muy alta, con alas en forma de adargas, con grandes ojos y en la frente un ídolo sentado”.

Esta vez es el Paje Cronista del Príncipe Don Juan quien nos lo relata: ... “Fizieron una grand presente a los Reys de muchas cosas i muestras que troian de las Indias, ansi de diversidad de pajaros, animales, como de arboles, plantas, instrumentos i otras cosas de que los indios se sirven en sus casas i placeres i ansi mesmo de muchas mascaras i cintas con varias figuras en las quales en logar de ojos i orejas ponen los Indios ojos de oro i ademas oro en grano, como le produjo la natura, pequeno y grueso como habas i garbanzos, i algunos granos como huevos de palomas”.




Dicho oro lo donó la Reina Isabel de Castilla a la Cartuja de Miraflores de Burgos para que Diego de la Cruz dorara su incomparable retablo tallado por Gil de Siloé.


RETABLO CENTRAL DE LA CARTUJA DE MIRAFLORES Y ENTERRAMIENTO DE JUAN II DE CASTILLA



Con posterioridad en dicha Casa del Cordón se reunió la “Junta de Pilotos” con asistencia de Juan de la Cosa, Vicente Yáñez Pinzón, Juan Díaz Solís y Américo Vespucio y aun mas tarde en el mismo Palacio se redactaron y publicaron “Las Leyes de Burgos de 1512” donde, entre otras cosas, se regulaban aspectos que favorecían a los indios, pero esto ya es materia de otro trabajo.


CARTELA CONMEMORATIVA EN LA FACHADA DE LA CASA DEL CORDÓN

sábado, 23 de mayo de 2009

LOS TIMBALEROS DE BURGOS

Entre las muy diversas manifestaciones de nuestro bagaje cultural más tradicional están los llamados “Timbaleros de la Ciudad de Burgos”, solemnes figuras que con sus sones y marchas nos retrotraen a nuestro más glorioso medioevo como Cabeza de Castilla.





Se sabe que desde tiempos inmemoriales convocan con sus clarines a regidores, munícipes y vecinos cuando hay concejo, antaño desde el ajarafe de la Torre de Santa María y ogaño desde la balconada del Consistorio.
Y es cosa muy de ver y oír como aun; cubiertos de bicornio, vestidos de librea azur con abotonadura dorada y orlas encarnadas; calzón a media pierna con medias blancas y calzados de zapatos de hebilla, salen enfáticos a los balaustres para “Tocar a Concejo” por tres veces; espaciadas cada cuarto, antes de la sesión.

Cuando la Corporación Municipal acude de ceremonial en “Acto de Ciudad” va, como es de costumbre, acompañada de estos Timbaleros, que en realidad es un solo Timbalero más dos Clarineros y dos Portadores que para estos actos van revestidos a la antigua usanza de los “Ministriles de Castilla”.




Los tañedores vienen tocados con montera castellana de satén labrado de damasco encarnado con filetes dorados y garzota blanca, anchuroso gorjal alechugado, sobre la almilla de seda escarlata llevan a juego ropón a modo de dalmática con gran Blasón de Burgos centrado al pecho, calzón corto con calzas y escarpines altos, todos bermejos.
Los Portadores llamados “Mozos del Peso” traen los dos atabales de caldera sobre una tablazón recubierta de estambre arrebolado con guarniciones de oro y la “Insignia de la Ciudad”, visten como los tañedores, cambiando el ropón por un balandrán de velludo con sendos escusones al uso de los corchetes.

Los cinco sones que van mudando al tañer, arrancan del medievo, siendo legados de maestro a maestro desde entonces. Uno de ellos es la “Marcha de la Ciudad” y otro la “Marcha de Castilla” que del mismo modo suenan para iniciar o cerrar o dar aura a hechos de desusada nombradía.



A la sazón de esta misma manera acuden como añafileros en las lidias de los toros con ropajes parejos pero más sutiles para aliviarles de la acrecentada calor que acostumbra.

martes, 19 de mayo de 2009

LOS MAZEROS DE BURGOS

Guardando la balaustrada superior de la Puerta Medieval de Santa María de Burgos aparecen como tenantes dos personajes singulares; dos Mazeros.


La citada Puerta que fue acceso principal a la ciudad, fue remozada como Arco Triunfal en honor del Emperador Carlos I y en ella se sitúo a partir de 1322 el “Regimiento de la Civdad”, lo que hoy llamaríamos Ayuntamiento, que ya en 1616 fijó ordenanzas sobre su forma de asistir a actos oficiales: “se junte la Justicia y cavalleros deste Ayuntamiento en esta torre dentro de la pieza deste regimiento y della salgan juntos en forma de Çiudad con sus mazeros delante... y que este orden se tenga de aqui en adelante”.

Al menos desde entonces, la Corporación Municipal de Burgos asiste a los actos oficiales “bajo mazas”, que dicho así parece que se les obliga a asistir bajo la amenaza de la maza, pero no, veamos sus porqués.

Ya en el Paleolítico Superior nuestros antepasados de Atapuerca aprendieron a enastar sus bifaces líticos transformando el utensilio en arma y creando así una primitiva maza que se fue perfeccionando.

En nuestra Baja Edad Media la maza es ya una eficaz arma que portan los paladines más esforzados, con la que solían escoltar y acompañar al Rey, Condes, Jueces y otros líderes naturales, convirtiéndose la maza de esta forma en alegoría de su autoridad tanto militar como política y judicial, pasando a ser un “arma de parada”;  más suntuosa que eficaz, que a la vez sirve como objeto de carácter que da boato y esplendor

Anteriormente, durante nuestra romanización habíamos visto llegar hasta aquí a los Emperadores siempre precedidos de sus turiferarios tal y como nos explica Covarrubias en su Diccionario de Autoridades donde dice que: “estas mazas tienen la forma del badillo o  “batillum” que antiguamente llevaban los emperadores romanos que consistía en un cetro con un turíbulo o braserillo en la parte superior, en que se llevaban perfumes olorosos”, lo que puede explicar las formas que van adquiriendo posteriormente las mazas.

Ya en el S XIV, aparece la figura de los llamados “Ballesteros del Rey” antiguo oficio de la Casa Real de Castilla como reconoce el Diccionario de la Real Academia. Unos de estos eran los llamados “Ballesteros de Maza” como aquellos que acompañaban al Rey Burgalés D. Pedro I,  quien en 1351, mediante ellos, tuvo que resolver de forma ejecutoria la alta traición que contra él estaba tramando su hermano bastardo Enrique, quien trataba de arrebatarle el Trono; “..y mandó a los Ballesteros de Maza de la su guardia la acabasen” (Crónicas del Rey Don Pedro).

En la antigua Enciclopedia Española de Derecho llamada: “Nuevo Teatro Universal de la Legislación de España e Indias” se dice que: “Ballesteros, en fin, se llamaron los porteros y mazeros que alguna vez suplían la ineficacia de los alguaciles para hacer efectivas las ordenes, equivaliendo a jueces ejecutores o de apremio”.

Tal y como anteriormente se había dictado en las Ordenanzas Reales de Castilla de 1484: “Ordenamos que cuando los alguaciles de la nuestra Corte o alguno de ellos no cumplieren lo que nuestros alcaldes les enviaren mandar por su carta, mandamos a cualquier de nuestros Ballesteros de Maza de la nuestra Corte, a quien los nuestros alcaldes o alguno de ellos lo mandaren que lo cumplan”




De aquellos “Ballesteros de Maza de Castilla” llegamos a nuestros “Mazeros de la Ciudad de Burgos” quienes aun portan sobre sus hombros sus “Mazas Ceremoniales” de plata cincelada con los blasones de la Ciudad y que acompañan a la Corporación Municipal.
Delante de ella van dos “Mazeros Mayores” mientras que otros dos llamados “Menores” flanquean al Alcalde, todos llevan suntuosos ropajes derivados de los de aquellos ballesteros y heraldos medievales.


Los Mayores se tocan de montera de seda purpúrea almenada de galones de oro y provista de vistoso airón de avestruz blanco, amplia gorguera, y sobre el balandrán de seda púrpura llevan una imponente gramalla a modo de librea medieval que se definía como “una ropa roçagante de grana o terciopelo carmesí, con ciertas insignias de oro, la cual traen los jurados”, y que va acuartelada por detrás y por delante de doce escudos alternos de Castilla y de Burgos, completan sus vestidos de calzas bermejas y borceguís.


Su fastuosa presencia en nuestros “Actos de Ciudad” da el debido esplendor como a la Cabeza de Castilla corresponde.

Además de todos estos considerandos; tampoco hubiéramos de olvidar a otras figuras históricas que portan mazas desde tiempos inmemoriales, entre ellas cabe destacar al “Tambor Mayor” de la Infantería Española, siempre con su maza o “porra” como distintivo jurisdiccional de su Coronel, y que ya está documentado en los Viejos Tercios de Castilla.

Este Tambor Mayor, solía ser un sargento veterano, quien lujosamente ataviado, iba siempre blandiendo su maza delante de las tropas en sus desplazamientos, e incluso se adelantaba al mando de un pelotón aposentador, para una vez elegido el lugar donde pudieran acantonarse las tropas clavar sobre un altozano su porra, para que los demás establecieran sus campamentos en torno a aquella maza.

Esta porra enhiesta seguía representado a la autoridad y sustituía al hito jurisdiccional castellano y era el lugar donde el mando reunía a la oficialidad para impartir órdenes al toque de “llamada”, lo mismo que era el sitio donde debían reunirse los corrigendos o arrestados, a quienes allí se les enviaba,-sin acritud-, con una lacónica orden: -“Vaya usted a la porra señor soldado”, de donde deriva la frase aun conocida en nuestro días.

Aquellos gallardos Tambores Mayores de los Tercios de Infantería Española, también conocidos como "mayores". dejaron su impronta por toda Europa siendo copiados por el resto de ejércitos donde aun se puede ver a esta figura precediendo a las tropas, siempre con su maza, e incluso posteriormente adaptadas, en su versión femenina, a las “majoretes” o “mayoretes”, término que se deriva de “mayor” y quienes aun portan, –gentilmente-, una de aquellas mazas.


TAMBOR MAYOR DE LA INFANTERÍA ESPAÑOLA


MAYORETE ACTUAL CON SU MAZA