viernes, 31 de julio de 2009

RAMÓN DE BONIFAZ, UN BURGALÉS; PRIMER ALMIRANTE DE ESPAÑA, CONQUISTADOR DE SEVILLA Y CREADOR DE LA ARMADA ESPAÑOLA


Una vez más, como ya pasó con Juan de Garay (véase articulo en este mismo blog), se intenta confundir al lector poco avezado pretendiendo para otros lugares el origen de de un burgalés.

Ramón de Bonifaz y Camargo es -a todas vistas- natural de la Cabeza de Castilla, así esta inscrito en el "Libro Armorial de la Cofradía de la Parroquia de Santiago de la Fuente de Burgos" con todo su linaje, genealogía y parentela; tanto de los Bonifaz como de los Camargo, descritos y miniados cada uno de ellos en él con sus armas heráldicas, y algunos de ellos distinguidos como esforzados caballeros en el Arte del Bofordo (véase también aquí).



ILUSTRACIÓN CONTENIDA EN “LIBRO ARMORIAL DE LA COFRADÍA DE LA PARROQUIA DE SANTIAGO DE LA FUENTE DE BURGOS” CON LA LEYENDA: “REMON BONIFAS, ALCALLE”


En el citado códice ya se nos presenta a D. Ramón como Alcalde de Burgos y todos los biógrafos consultados no albergan ninguna duda sobre la naturaleza burgalesa del héroe que ahora tratamos, pero recientemente alguno ha intentado hacer ver que procede de Laredo, ¿estamos una vez más ante el axioma de que “quien carece de historia esta obligado a inventársela”?. Hay que resaltar al efecto que estas últimas biografías se parecen en todo a las anteriores y tan solo intentan cambiar el dato del origen, aduciendo tan solo el segundo apellido por coincidencia con el homónimo pueblo montañés, por lo mismo que otros se han aventurado a decir que era francés de la región de La Camarga.

De su origen burgalés tampoco presenta dudas la Crónica General de Alfonso X -contemporánea suya- donde se asegura de él que era “Omne de Burgos” y “Sabidor de las cosas de la mar”
La data de su nacimiento en Burgos se establece en 1196 y poco más tarde ya aparece documentado como poseedor de propiedades en el burgalés barrio de San Llorente y es muy probable que asistiera con 16 años a la fonsadera burgalesa de la batalla de “Las Navas de Tolosa” junto a los caballeros de su linaje, (estos si documentados en ella), como era costumbre en la época y donde adquiriría sus primeros conocimientos militares que seguiría ejerciendo hasta ocupar el cargo de Alcaide la Fortaleza y Ciudad de Burgos, comisión que por entonces era más militar que política.


DON RAMÓN DE BONIFAZ Y CAMARGO


Ocupando este cargo, en 1245 el Rey San Fernando le solicita que le acompañe en las campañas de Jaén y Baeza donde consigue brillantes éxitos militares.
Ya en 1247; el Rey le encomienda que aprestara una escuadra naval para la toma de Sevilla, sabedor como era el Rey de sus conocimientos militares que entonces no se diferenciaban de los de la mar, ya que los navíos tan solo se empleaban ocasionalmente como medio de transporte de las huestes, así nos lo dice la Crónica:
"Remon Bonifaz, un omme de Burgos, vino ver al rey et al rey plogo mucho del, et desque ovo sus cosas con el fablado, mandol luego tornar apriesa que fuese guisar naves et galeas et la mayor flota que pudiese et la meior guisada, et que se viniese con ella para Sevilla".
Con tal encargo se dirige a las villas marineras de Castilla sitas en las entonces provincias castellanas de Santander, Vizcaya y Guipuzcoa, donde construye y reúne una importante armada con la que se dirige al sur, reforzándola en algunos puertos de Asturias y Galicia.
A primeros de Agosto bordea Gibraltar y se encara al Guadalquivir donde derrota a la flota sarracena de zabras y saetías de Abu Qabl que pretendía imposibilitarle el acceso al río y ya en él derrota a otra que traía refuerzos desde África, remontó el río hasta Sevilla que estaba protegida por un pontón de barcas fuertemente encadenadas y ya en contacto con la hueste del Rey, permitió a esta el movimiento hacia la fortaleza de Triana evitando así el apoyo de las tropas del Rey de Niebla Suayb ibn Muhammad ibn Mahfuz.





Tan solo quedaba la conquista definitiva de Sevilla para lo que era necesaria la ruptura de la fortificada barrera de barcas que la protegía entre la Torre del Oro y su gemela de Triana. Los almohades intentaron aniquilar la Escuadra de Castilla incendiándola, con sus combatientes dentro, mediante una balsa de “fuego griego”, una especie de “napalm” de la época que fue evitado por la decisiva intervención de nuestro Almirante, veamos como nos narra este suceso la Crónica:
“Et asmaron de fazer una balsa tamanna.../... et que la ynchiesen toda de ollas et de tinaias llenas de fuego greguiesco et dizenle en arauigo.../... et resina et pez et estopas.../... et mouieron asy muy demodados contra las naues de los cristianos para gelas quemar et començaron a echar fuego.../... mas non fueron muy sabidores ca pues ellos empezaron a mouer faciendo grandes roydos de trompas et de tanbores: los vnos de las naues de los cristianos que estauan apareidos et muy aperçecbidos los reçibieron de tal guisa et fueron recodir con ellos que los fezieron ser represos del ardimente que tomaron et del cometimiento que ouieron fecho”.




Una vez superado este episodio recibe la Orden del Rey de romper el puente de barcas, para ello manda acorazar la proa de sus dos mejores naves, la suya incluida. Esperó el momento propicio y el 3 de Mayo de 1248, una vez bendecidas las naves por San Telmo que acompañaba al Santo Rey y aprovechando el viento favorable y la subida de la marea se lanzaron contra el puente con todo el trapo desplegado y la fuerza de los remeros del cantábrico, la primera en embestir fue la otra nave que le hizo estremecer, detrás; tal vez más pesada, llegaba la nave capitana con Bonifaz al mando, consiguiendo tan feroz arremetida que rompió las gruesas cadenas con que estaban engarzados los pontones; desbaratándoles, siendo seguido ya sin impedimentos por toda su escuadra, veamos como nos lo relatan los cronistas:
De cómo el rey don Fernando mando a Remont Bonifaz que fuese quebrantada la puente de Triana, et de cómo la quebrantó con las naves: "… et mando a Remont Bonifaz, con quien se conseio et otros que y fueron llamados que eran sabidores de la mar, que fuesen ensayar algun artifiçio commo les quebrantasen por alguna arte la puente, si podiesen, porque non podiesen unos a otros pasar. Et el acuerdo en que se fallaron fue este que fezieron: tomaron dos naves, las mayores et mas fuertes que y avie, et guisaronlas muy bien de todo quanto mester era para fecho de conbater. Esto era en dia de sancta Cruz, tercer dia de mayo, en la era de mill et dozientos et ochenta et seys; et andava la era de la Encarnaçion del Sennor en mill et dozientos et quarenta et ocho annos. Et esse Remont Bonifaz, guisado muy bien, entro en la una nave con buena conpanna et muy guisada de muchas armas; en la otra nave entraron aquellos que se don Remont Bonifaz escogio, omnes buenos et buena conpanna et bien guisada. et la nave en que don Remont yva, descendio muy mas ayuso que la otra. Et el rey don Fernando, en crencia verdadera, mando poner ençima de los mastes desas dos naves sendas cruzes, commo aquel que firme se avia de toda creençia verdadera.../...La nave que primero llego, que yva de parte del arenal, non pudo quebrantar la puente por o acerto, pero que la asedo yaquanto; mas la otra en que Remont Bonifaz yva, desque llego fue dar de frente un tal golpe que se passo clara de la otra parte"Continua la crónica resaltando que en este hecho: “.../...consistió toda la victoria, porque los moros desde aquella hora conocieron ser vencidos".




Y así fue; pues el 23 de Noviembre no le quedo más remedio al Rey taifa Axataf que capitular, devolviendo Sevilla a Fernando III de Castilla quien como única condición exige que la ciudad esté vacía de musulmanes, por lo que salieron de ella mas de cien mil, dejándoles marchar libres y francos.
Ya solo con cristianos las huestes castellanas entran en la ciudad siendo recibidos como nos indica la crónica:
“en 22 días del mes de diciembre, día de la traslación de San Isidoro, arzobispo que fue de la noble Sevilla, do fue el Rey recibido con procesión de toda la clerecía y de todas las gentes, con muy grandes voces, bendiciendo a Dios y al buen Rey, que les diera”





RECREACIÓN ROMÁNTICA DE LAS RIBERAS DEL GUADALQUIVIR


Una vez establecidos en la ciudad hispalense limpian y dragan el Guadalquivir, creándose así el puerto de la ciudad a donde pudieran llegar naves mercantes de mayor calado y ven la necesidad de que Castilla contase con una armada naval estable, por lo que el Rey encarga a D. Ramón que erija y disponga las Reales Atarazanas donde construir y aderezar naves.

Bonifaz es recompensado con señoríos y propiedades en Sevilla y en Burgos y en 1250 es nombrado por el Monarca como Almirante de Castilla, siendo la primera vez que aparece este titulo en España, cargo que se describe como: “cabdillo de todos los navíos que son para guerrear” constituyéndose de esta forma la primera Armada Española con Ordenanzas Militares pues las “Ordinatione riparae” anteriores eran para la marina mercante, estas ordenanzas creadas por el burgalés fueron posteriormente recogidas en el “Código de las Siete Partidas”

Una vez consolidada Sevilla, el Rey mandó aparejar a Bonifaz otra escuadra para reconquistar Cartagena y también consta al mando de otra expedición de socorro al puerto de Safí.



En 1252 y después de todos estos esfuerzos se sabe que retorna a Burgos donde deja su cargo de Alcalde; que aun mantenía, a su hijo Diego, para dedicarse por completo desde aquí a sus labores de Almirante con jurisdicción y tribunales sobre todas las cosas de la mar y veedor de las rentas reales de todos los puertos, cargo de trascendental jerarquía como apoderado del Rey en todo lo concerniente a la regencia de los puertos, naciendo así la vocación marinera de la Ciudad de Burgos y que sería germen del posterior establecimiento en ella del Consulado del Mar y que ya no abandonaría como encrucijada entre la Corte y los puertos del Cantábrico.

Con Bonifaz, Alfonso X otorga en Burgos privilegios que alcanzan a la Puebla de Bilbao y su puerto y otros para Santander y Laredo como participantes en dicha gesta: “…Esta merced les fago por el mucho servicio que fisieron al Rey don Fernando, mio padre, e a mi, mayormente en la presion de Sevilla” , hecho este que los montañeses aun recuerdan en su escudo, donde se ve el navío de Bonifaz rompiendo las cadenas de Sevilla.

En 1256 falleció nuestro Almirante en Burgos siendo sepultado en el Monasterio de San Francisco; fundado por él, bajo su bulto yaciente constaba la siguiente inscripción:
“Aquí yace el muy noble y esforzado caballero don Ramón Bonifaz, primer almirante de Castilla que ganó a Sevilla. Murió el año MCCLVI”. Posteriormente la Reina Católica en una de sus visitas mando añadir: “que fue en ganar a Sevilla con el rey Don Fernando”.
Por su testamento sabemos que estuvo casado tres veces: “con doña Andrea Grimaldo, con doña Luisa de Velasco et con doña Teresa Arias de las que hubo dos hijos et cuatro hijas”. Durante la invasión francesa dicho monasterio fue bombardeado, esto y la desidiosa "amortización" de Mendizábal hicieron desaparecer su sepulcro, no obstante la Ciudad de Burgos sigue recordando a este esclarecido hijo suyo con una céntrica calle a su nombre cerca de donde estuvieron sus casas y posesiones.
 
Con motivo del 700 aniversario de la liberación de Sevilla, se instaló en la Torre de Santa María de Burgos una placa conmemorativa donde se lee lo siguiente:
A RAMÓN DE BONIFAZ “UN OME DE BURGOS”
Y ALCALDE LA CIUDAD, LE DESCUBRE LA GLORIA DE VIRILES PROEZAS
AL FRENTE DE LOS MARINOS DEL MAR CANTABRO
EN LA CONQUISTA DE SEVILLA, LOGRADA POR SAN FERNANDO REY 1248





miércoles, 24 de junio de 2009

BURGOS 1497; LLEGADA DE LOS PRIMEROS INDIOS A EUROPA

EL ALMIRANTE COLÓN REUNIDO CON FRAILES FRANCISCANOS


El 23 de Abril de 1497 una extraña comitiva avanzaba por la Calle de la Puebla de Burgos hacia la Casa del Cordón. Al frente de ella iba un fraile franciscano con muy crecida barba a quien escoltaban dos gentiles mozos ricamente vestidos. Detrás venía un nutrido grupo de indios totalmente desnudos; como en su tierra se acostumbra, tan solo aderezados de penachos de plumas y brazaletes, lo que a su paso causaba gran escándalo entre las recatadas gentes de la Cabeza de Castilla.


CASA DEL CORDÓN DE BURGOS



En la Casa del Cordón les esperaba la Corte de Castilla presidida por los Reyes Católicos sentados bajo su solio ceremonial.
Quien iba a ser recepcionado con tan altos honores no era otro que el Almirante de Castilla D. Cristóbal Colón que a la vuelta de su segundo viaje a las Indias Occidentales había querido presentarse con el Hábito de San Francisco como muestra de humildad, en vez de las lujosas vestiduras que a su elevado rango correspondían, de su cintura colgaba el Cordón de la Orden, el mismo que en piedra exornaba y aun enmarca la portada del Palacio entre unicornios y dragones. Le acompañaban sus hijos Don Diego y Don Fernando.

PORTADA DE LA CASA DEL CORDÓN




Entre los indios del sequito venían el hermano y el hijo del Gran Cacique Caribe Caonabó, quien también venía a Burgos pero desafortunadamente había muerto durante la dura travesía atlántica.

Así nos lo narra el Bachiller Andrés Bernáldez quien era cronista del Almirante: ...“que fue mi huesped e me dexo algunas de sus escripturas... e vino en Castilla vestido de unas ropas de color de habito de San Francisco de la observancia y en la hechura poco menos que habito, e un cordon de San Francisco por devocion y trujo consigo algunos indios, al gran Cacique Caonaboa, e a un su hermano, e a un su fijo de fasta diez años... muriose el Caonaboa en la mar o de dolencia o de poco placer”.

Tanto Bernáldez como Pedro Marguerite castellanizan en sus crónicas el nombre de Caonabó, cuyo nombre significa “Señor de la casa de oro” y era el Gran Cacique Soberano de Maguana en la región de Cibao de la actual Republica Dominicana, aquella isla que entonces se llamaba “La Española”. Su esposa era Anacaona que se traduce como “Flor de Oro” y que a su vez era la Caciquesa de Xaragua, mujer de gran belleza y gentileza que había recibido a los españoles ofreciéndoles trescientas muchachas vírgenes mientras les cantaba poemas propios en los areytos (grandes festejos tribales).






ILUSTRACIÓN ANTIGUA DONDE SE VE A CAONABÓ Y ANACAONA


Es de notar que en estos areytos, dada la desnudez de las indias y la proverbial fogosidad de los españoles se produjese algún desmán como se desprende de las advertencias del propio Almirante: ... “porque no aya causa que ninguna persona, de cualquier grado o condiçión que sea, vaya a rescatar cosa ninguna de los indios y los hazer dos mill enojos, y es cosa que es mucho contra su voluntad y deserviçio del Rey e de la Reina, nuestros Señores, porque Sus Altezas desean más la salvación d´esta gente, porque sean cristianos, que todas las riquezas que de acá puedan salir; así que bien proveído va, y se debe de contentar cada uno que Sus Casiques les manden pagar para comer y otras cosas que neçesarias vos fueren”.


ILUSTRACIÓN ANTIGUA DONDE SE VEN INDIAS Y ESPAÑOLES SOLAZÁNDOSE EN EL AGUA


Aun así, entre los presentes que traían los indios para sus Católicas Majestades venían objetos, animales y plantas antes nunca vistas de este lado de la mar océana, tales como guacamayos, árboles y plantas desconocidas, (tal vez entre ellas la patata), aunque lo que más del gusto de los Soberanos fue “la corona del Cacique Caonaboa, muy alta, con alas en forma de adargas, con grandes ojos y en la frente un ídolo sentado”.

Esta vez es el Paje Cronista del Príncipe Don Juan quien nos lo relata: ... “Fizieron una grand presente a los Reys de muchas cosas i muestras que troian de las Indias, ansi de diversidad de pajaros, animales, como de arboles, plantas, instrumentos i otras cosas de que los indios se sirven en sus casas i placeres i ansi mesmo de muchas mascaras i cintas con varias figuras en las quales en logar de ojos i orejas ponen los Indios ojos de oro i ademas oro en grano, como le produjo la natura, pequeno y grueso como habas i garbanzos, i algunos granos como huevos de palomas”.




Dicho oro lo donó la Reina Isabel de Castilla a la Cartuja de Miraflores de Burgos para que Diego de la Cruz dorara su incomparable retablo tallado por Gil de Siloé.


RETABLO CENTRAL DE LA CARTUJA DE MIRAFLORES Y ENTERRAMIENTO DE JUAN II DE CASTILLA



Con posterioridad en dicha Casa del Cordón se reunió la “Junta de Pilotos” con asistencia de Juan de la Cosa, Vicente Yáñez Pinzón, Juan Díaz Solís y Américo Vespucio y aun mas tarde en el mismo Palacio se redactaron y publicaron “Las Leyes de Burgos de 1512” donde, entre otras cosas, se regulaban aspectos que favorecían a los indios, pero esto ya es materia de otro trabajo.


CARTELA CONMEMORATIVA EN LA FACHADA DE LA CASA DEL CORDÓN

sábado, 23 de mayo de 2009

LOS TIMBALEROS DE BURGOS

Entre las muy diversas manifestaciones de nuestro bagaje cultural más tradicional están los llamados “Timbaleros de la Ciudad de Burgos”, solemnes figuras que con sus sones y marchas nos retrotraen a nuestro más glorioso medioevo como Cabeza de Castilla.





Se sabe que desde tiempos inmemoriales convocan con sus clarines a regidores, munícipes y vecinos cuando hay concejo, antaño desde el ajarafe de la Torre de Santa María y ogaño desde la balconada del Consistorio.
Y es cosa muy de ver y oír como aun; cubiertos de bicornio, vestidos de librea azur con abotonadura dorada y orlas encarnadas; calzón a media pierna con medias blancas y calzados de zapatos de hebilla, salen enfáticos a los balaustres para “Tocar a Concejo” por tres veces; espaciadas cada cuarto, antes de la sesión.

Cuando la Corporación Municipal acude de ceremonial en “Acto de Ciudad” va, como es de costumbre, acompañada de estos Timbaleros, que en realidad es un solo Timbalero más dos Clarineros y dos Portadores que para estos actos van revestidos a la antigua usanza de los “Ministriles de Castilla”.




Los tañedores vienen tocados con montera castellana de satén labrado de damasco encarnado con filetes dorados y garzota blanca, anchuroso gorjal alechugado, sobre la almilla de seda escarlata llevan a juego ropón a modo de dalmática con gran Blasón de Burgos centrado al pecho, calzón corto con calzas y escarpines altos, todos bermejos.
Los Portadores llamados “Mozos del Peso” traen los dos atabales de caldera sobre una tablazón recubierta de estambre arrebolado con guarniciones de oro y la “Insignia de la Ciudad”, visten como los tañedores, cambiando el ropón por un balandrán de velludo con sendos escusones al uso de los corchetes.

Los cinco sones que van mudando al tañer, arrancan del medievo, siendo legados de maestro a maestro desde entonces. Uno de ellos es la “Marcha de la Ciudad” y otro la “Marcha de Castilla” que del mismo modo suenan para iniciar o cerrar o dar aura a hechos de desusada nombradía.



A la sazón de esta misma manera acuden como añafileros en las lidias de los toros con ropajes parejos pero más sutiles para aliviarles de la acrecentada calor que acostumbra.

martes, 19 de mayo de 2009

LOS MAZEROS DE BURGOS

Guardando la balaustrada superior de la Puerta Medieval de Santa María de Burgos aparecen como tenantes dos personajes singulares; dos Mazeros.


La citada Puerta que fue acceso principal a la ciudad, fue remozada como Arco Triunfal en honor del Emperador Carlos I y en ella se sitúo a partir de 1322 el “Regimiento de la Civdad”, lo que hoy llamaríamos Ayuntamiento, que ya en 1616 fijó ordenanzas sobre su forma de asistir a actos oficiales: “se junte la Justicia y cavalleros deste Ayuntamiento en esta torre dentro de la pieza deste regimiento y della salgan juntos en forma de Çiudad con sus mazeros delante... y que este orden se tenga de aqui en adelante”.

Al menos desde entonces, la Corporación Municipal de Burgos asiste a los actos oficiales “bajo mazas”, que dicho así parece que se les obliga a asistir bajo la amenaza de la maza, pero no, veamos sus porqués.

Ya en el Paleolítico Superior nuestros antepasados de Atapuerca aprendieron a enastar sus bifaces líticos transformando el utensilio en arma y creando así una primitiva maza que se fue perfeccionando.

En nuestra Baja Edad Media la maza es ya una eficaz arma que portan los paladines más esforzados, con la que solían escoltar y acompañar al Rey, Condes, Jueces y otros líderes naturales, convirtiéndose la maza de esta forma en alegoría de su autoridad tanto militar como política y judicial, pasando a ser un “arma de parada”;  más suntuosa que eficaz, que a la vez sirve como objeto de carácter que da boato y esplendor

Anteriormente, durante nuestra romanización habíamos visto llegar hasta aquí a los Emperadores siempre precedidos de sus turiferarios tal y como nos explica Covarrubias en su Diccionario de Autoridades donde dice que: “estas mazas tienen la forma del badillo o  “batillum” que antiguamente llevaban los emperadores romanos que consistía en un cetro con un turíbulo o braserillo en la parte superior, en que se llevaban perfumes olorosos”, lo que puede explicar las formas que van adquiriendo posteriormente las mazas.

Ya en el S XIV, aparece la figura de los llamados “Ballesteros del Rey” antiguo oficio de la Casa Real de Castilla como reconoce el Diccionario de la Real Academia. Unos de estos eran los llamados “Ballesteros de Maza” como aquellos que acompañaban al Rey Burgalés D. Pedro I,  quien en 1351, mediante ellos, tuvo que resolver de forma ejecutoria la alta traición que contra él estaba tramando su hermano bastardo Enrique, quien trataba de arrebatarle el Trono; “..y mandó a los Ballesteros de Maza de la su guardia la acabasen” (Crónicas del Rey Don Pedro).

En la antigua Enciclopedia Española de Derecho llamada: “Nuevo Teatro Universal de la Legislación de España e Indias” se dice que: “Ballesteros, en fin, se llamaron los porteros y mazeros que alguna vez suplían la ineficacia de los alguaciles para hacer efectivas las ordenes, equivaliendo a jueces ejecutores o de apremio”.

Tal y como anteriormente se había dictado en las Ordenanzas Reales de Castilla de 1484: “Ordenamos que cuando los alguaciles de la nuestra Corte o alguno de ellos no cumplieren lo que nuestros alcaldes les enviaren mandar por su carta, mandamos a cualquier de nuestros Ballesteros de Maza de la nuestra Corte, a quien los nuestros alcaldes o alguno de ellos lo mandaren que lo cumplan”




De aquellos “Ballesteros de Maza de Castilla” llegamos a nuestros “Mazeros de la Ciudad de Burgos” quienes aun portan sobre sus hombros sus “Mazas Ceremoniales” de plata cincelada con los blasones de la Ciudad y que acompañan a la Corporación Municipal.
Delante de ella van dos “Mazeros Mayores” mientras que otros dos llamados “Menores” flanquean al Alcalde, todos llevan suntuosos ropajes derivados de los de aquellos ballesteros y heraldos medievales.


Los Mayores se tocan de montera de seda purpúrea almenada de galones de oro y provista de vistoso airón de avestruz blanco, amplia gorguera, y sobre el balandrán de seda púrpura llevan una imponente gramalla a modo de librea medieval que se definía como “una ropa roçagante de grana o terciopelo carmesí, con ciertas insignias de oro, la cual traen los jurados”, y que va acuartelada por detrás y por delante de doce escudos alternos de Castilla y de Burgos, completan sus vestidos de calzas bermejas y borceguís.


Su fastuosa presencia en nuestros “Actos de Ciudad” da el debido esplendor como a la Cabeza de Castilla corresponde.

Además de todos estos considerandos; tampoco hubiéramos de olvidar a otras figuras históricas que portan mazas desde tiempos inmemoriales, entre ellas cabe destacar al “Tambor Mayor” de la Infantería Española, siempre con su maza o “porra” como distintivo jurisdiccional de su Coronel, y que ya está documentado en los Viejos Tercios de Castilla.

Este Tambor Mayor, solía ser un sargento veterano, quien lujosamente ataviado, iba siempre blandiendo su maza delante de las tropas en sus desplazamientos, e incluso se adelantaba al mando de un pelotón aposentador, para una vez elegido el lugar donde pudieran acantonarse las tropas clavar sobre un altozano su porra, para que los demás establecieran sus campamentos en torno a aquella maza.

Esta porra enhiesta seguía representado a la autoridad y sustituía al hito jurisdiccional castellano y era el lugar donde el mando reunía a la oficialidad para impartir órdenes al toque de “llamada”, lo mismo que era el sitio donde debían reunirse los corrigendos o arrestados, a quienes allí se les enviaba,-sin acritud-, con una lacónica orden: -“Vaya usted a la porra señor soldado”, de donde deriva la frase aun conocida en nuestro días.

Aquellos gallardos Tambores Mayores de los Tercios de Infantería Española, también conocidos como "mayores". dejaron su impronta por toda Europa siendo copiados por el resto de ejércitos donde aun se puede ver a esta figura precediendo a las tropas, siempre con su maza, e incluso posteriormente adaptadas, en su versión femenina, a las “majoretes” o “mayoretes”, término que se deriva de “mayor” y quienes aun portan, –gentilmente-, una de aquellas mazas.


TAMBOR MAYOR DE LA INFANTERÍA ESPAÑOLA


MAYORETE ACTUAL CON SU MAZA







lunes, 11 de mayo de 2009

LOS GIGANTONES DE BURGOS

A las solemnidades de la Cabeza de Castilla asiste -desde antiguo- una Embajada Diplomática de los Cinco Continentes representada en sus más Altos Dignatarios, se trata de Los Gigantones de Burgos; cinco parejas de enormes efigies de unos cuatro metros de alto que representando a las razas de mundo en Sus Reyes colaboran al esplendor y boato de nuestras celebraciones.

Sus antecedentes históricos datan del s XIII. En el XVI (1564) ya existe documentación donde se les reseña y en el XVIII (1738) ya se describe que componen un grupo similar al actual compuesto de: Reys e Reynas; Turco y Turca, Gitano y Gitana, Negro y Negra e Gigantillas. En el IXX (1861) sus egregias figuras asisten a la Recepción Real que da la Reina Isabel II en Burgos.

En la actualidad, siempre precedidos de los Gigantillos y al ritmo más ceremonioso de su respectivo “Pitero” desfilan en hilera; solemnes e hieráticos.

Los primeros son Los Reyes Católicos revestidos de sus suntuosos ropajes de la Corte Castellana de purpúreo estambre de brocado damasceno, capellina de armiño, y las coronas y cetros de sus Reinos; Tanto Monta.
Don Fernando luce el Toisón de Oro, mientras que de su ceñidor pende tamaña espada ropera envainada.
La efigie de Doña Isabel de Castilla recuerda el retrato que en vida de ella hizo Antonio del Rincón, preciosa reliquia que nunca debió abandonar la Cartuja de Miraflores.


Después vienen El Cid y Doña Jimena. Don Ruy de Guerrero Castellano; celada borgoñota, cota de malla completa con capuz, sobrevesta pardisca de brocado, ciñe su Tizona sin guarnir pendiendo del talabarte y lleva escusón en venera con las armas de su linaje. Su esposa va de elegante Dama Castellana con cofia ocre, toca blanca de tul y sus cabellos aprestados en largas trenzas, sus galas son de ricas telas de guadamecí en tonos pajizos con orlas de cañutillo de oro de los que penden madroños de pasamano, como aderezo luce en su busto un camafeo-retrato de su tan bizarro cónyuge.


Siguen una pareja de Caciques Amerindios como aquellos que hasta aquí llegaron acompañando a Don Cristóbal Colón en la vuelta de su segundo viaje; ambos van totalmente vestidos con ropajes de escaques y losanges en ámbar y azabache, uno y otra con arco y aljaba de flechas a la espalda, en el caso de ella como referencia a las temibles amazonas. Él porta feroz destral en mano, mientras ella se adorna con candongas o broquelillos dorados.


Prosiguen los Califas, él y ella de marcadas facciones prietas y tocados de sendos turbantes donde se alternan el leonado y el azur, él; con mosca y gruesas arracadas colgando de sus orejas, trae tunica pajiza y sobrepelliz bermejo, de su cintura pende terrífica cimitarra. Ella lleva zarcillos y ahogador de abalorios, vestidura de tafetán arrasado en índigo con listas gualdas, medias mangas de muselina blanca y apretadera de trencilla.

Por último vienen los Emperadores de la China; ambos dos revestidos de tisú sinople exornado de ataujías y áureos cadejos. Él se aventaja de acrecentado mostacho hasta la sotabarba y alongada coleta trenzada al uso del oriente, mientras que los cabellos de ella se ven acicalados en un donoso copete al modo de su origen lo mismo que sus preseas y bejuquillo, a la diestra mano lleva plegado un gentil mosqueador.
Las danzas de todos ellos son egregias y ceremoniosas, no exentas de pomposas reverencias como a la alcurnia de tales majestades corresponde, siendo todas cosas muy de ver, aunque es de advertir que tan solo bailan los forasteros ya que la recia usanza de la Corte de Castilla no gusta de tan notas lisonjas, aunque si de la cortesía como demostrado queda.

Afuera de esto la popular sapiencia también supo de componer trova a sus melodías como la que por verbigracia reza:

Los gigantones, madre, el Día del Señor
como están tan cansados hacen el arrimón.
Alajú, alajú, gigantones, menead con sal los talones,
y a compás, con gracia y contento
a salud del Ayuntamiento.

Mientras que otra más conocida y actual dice:

Los gigantones, madre, el Día del Señor
corren, saltan, grandones, bailan al rededor
.



Nota) el autor del texto, a la sazón Don Yagüe Garcés, prescinde de glosar las palabras de suso dichas, pues por desusadas que puedan parecer las susodichas aun se encuentran debidamente recogidas en el DRAE y ni aun el Word le puso discrepancia alguna como el avezado lector podrá comprobar, sirva para esparcir aun más nuestra medrada Lengua Castellana. VALE.
Nota) las fotografías de las parejas de Gigantones que se incorporan son obra del Fotógrafo Sr. Alonso de cuyo archivo costumbrista estamos agradecidos.

jueves, 7 de mayo de 2009

LOS GIGANTILLOS DE BURGOS

La Representación Municipal Tradicional de la Ciudad de Burgos suele encabezarse por “Los Gigantillos de Burgos”, figuras de unos dos metros y medio de altura, que desfilando airosamente al ritmo que marca el “Pitero” con su pito y tamboril, representan a una grotesca pero simpática pareja de alcaldes serranos vestidos a la antigua usanza típica castellana.


Su rancia alcurnia desciende por vía directa de aquellas “tarascas y gigantillas” de las que ya hay noticias en 1242. Desde aquellas excéntricas efigies primitivas fueron adquiriendo el solemne abolengo representativo de nuestro patrimonio cultural solariego que hoy ostentan.


El Gigantillo lleva las características capa parda y faja roja, “sombrero castellano de velludo” y la vara representativa de su autoridad.

La Gigantilla va de elegante jubón recubierto por su mantón bordado, “chambra blanca”, amplia falda de percal con estampado de florecitas, delantal negro, pendientes y collar de gruesas bolas rematado en una cruz de plata, un ramo de flores en la mano y un coqueto ramillete en su escote, mientras que su “particular belleza” se ve realzada por un elegante repeinado con el típico “moño de picaporte” y su amplia sonrisa se ve aderezada con una graciosa verruga no desprovista de vello. En ocasiones se la engalana con su vestido de burgalesa.

Mientras que él transita tieso y grave, ella anda donairosa con salerosos contoneos celebrados por el público. En determinados momentos ejecutan sus danzas vernáculas donde la Gigantilla gira vertiginosamente dejando ver su elegante lencería con encajes hasta la rodilla.

El único Pitero que les acompaña viste de sobrio traje negro con sombrero de ala ancha rodeado de una larga cinta roja que termina a media espalda rematada de flecos dorados. Con inusitada habilidad pulsa el pito con la mano derecha de cuyo antebrazo cuelga el tamboril que redobla con la izquierda.

Una de sus danzas autóctonas y ancestrales son “las mochadas” donde la pareja baila con las cabezas juntas, proviene esta danza de la antigua costumbre -que ya no se practica- de sorprender a los incautos con golpes en sus cabezas por parte de la de los gigantillos, al respecto el pueblo se inventó una coplilla para acompañarla al son del pito y tamboril:

Currucú, currucú, muchachillos,
que os cogen Los Gigantillos,
que os cogen a la descuidada
y os dan una fuerte mochada.
Mientras que otra tonadilla popular nos aclara aspectos de su relación marital:

“La Gigantilla es hembra
del Alcalde Mayor;
pero todos por dentro,
parecen un farol”.


Por si hubiera lugar a dudas.

jueves, 30 de abril de 2009

LOS DANZANTES DE BURGOS

Los Danzantes de Burgos con sus Tetines encarnan una de nuestras inmemoriales tradiciones culturales de más recia raigambre, sus antecedentes históricos, aunque no excesivamente documentados, se remontan a las celebraciones del Corpus Christi de 1.463 donde ya existe constancia de su participación para mayor solemnidad tal y como corresponde a la Cabeza de Castilla.



EFIGIES EN BRONCE DE TETÍN Y DANZANTE

ANTE LA CAPITANÍA DE BURGOS


Se trata de un grupo de doce niños dirigido por el “Tetín Mayor” a quien auxilian otros tres “Tetines”, todos ellos acompañados de dos Dulzaineros y un Tambor Redoblante más otros tres niños aprendices de Danzante que ayudan a distribuir y recoger los trebejos de las danzas por lo que se les denomina “Paleros”.

La indumentaria tradicional de los Danzantes es a guisa de “Paje de Corte” y data del siglo XVI, lo que nos da una idea de su antigüedad, aunque anteriormente llevasen otras no consignadas y aun más vetustas que hubieron de remozar, está compuesta de tonelete con sobremangas de terciopelo rubro con galones estofados de oro, gorra a juego con vistoso airón blanco, camisa cruda de encaje, calzas carachas con sandalias que -no mucho ha- aun se les confeccionaban a medida, y tahalí de cordobán colgando al talabarte. Los Paleros visten igual pero de color verdusco dada su impericia.

Los Tetines van tocados de vistosas mitras y sus gayos trajes de fieltro dibujan rombos de colores que recuerdan al de los “Zaharrones” de nuestro carnaval más ancestral o al del “Capidiablo” y “el Colacho” de la Celebración del Corpus Christi, en la mano llevan un zurriago de cola de buey lo que unido a la mitra les entronca de alguna manera con personificaciones de antiguas mitologías. Sus atavíos alternan de los colores grana, sinople y blanco, mientras que el del Tetín Mayor se distingue por su fondo índigo, los remates en punta, tanto del cuello como los de los bajos de sus casacas, van adornados de sonoros cascabeles.


LOS DANZANTES DE BURGOS

ANTE LOS ARCOS DEL CONSISTORIO

Los Dulzaineros y el Tambor Redoblante van de sobrio traje negro con sombrero de ala ancha del que pende una larga cinta roja rematada en flecos dorados.

Su repertorio se compone de atávicas danzas de paloteo, espadas y arcos, y sus complicadas evoluciones son dirigidas por las distintas posiciones del zurriago de los Tetines. En sus pasacalles y algunas danzas se acompañan de tarrañuelas.

A alguna de sus añosas músicas la sabiduría popular fue capaz de ponerles letra, para mejor recordamiento, como aquella que dice:


Ha venido mayo,
bienvenido sea ,
“pa” que los danzantes,
juegen a la rueda.




Su intervención en nuestras funciones y fiestas de solemnidad contribuye a su mayor boato y esplendor y entre sus muy antiguos cometidos destacan el de bailar en las vísperas del Corpus delante de las casas de cada una de las autoridades, y el aun mas notable del “Salto de la Trucha” que ejecutan para rendir honor ante personalidades de especial relevancia.

martes, 7 de abril de 2009

EL PERDÓN DEL VIERNES SANTO DE LA CRUZ

Existe en toda España la costumbre de indultar a un reo en estas fechas de Semana Santa, lo que muchos ignoran es que esta piadosa costumbre de nuestros reyes y posteriormente de las instituciones judiciales, fue creada aquí en Burgos por Juan II de Castilla, el Padre de Isabel la Católica, por una ley suya del año 1447, que dio en llamarse “El perdón del Viernes Santo de la Cruz”.
JUAN II DE CASTILLA
ILUSTRACIÓN DE LA CRÓNICA DE JUAN DE MENA

Desde entonces muchos han sido los presos excarcelados, pero tal vez el más importante fue el Capitán General de los Comuneros, quien alcanzó esta benevolencia de manos del Emperador Carlos I, gracias a los buenos oficios cortesanos y diplomáticos del Condestable de Castilla D. Iñigo Fernández de Velasco, tío del encausado.

EL EMPERADOR CARLOS I DE CASTILLA

RETRATADO POR RUBENS

Sucedió en Burgos en la mañana del Viernes Santo de 1524, el César Carlos acompañado de los principales de su corte pasaba la Semana Santa en el Convento de Fredesval, el Condestable sabiendo la costumbre del Perdón aprovechó la ocasión para recordársela al Emperador, pero dejemos que sea la Crónica quien mejor nos lo relate:

“Ya en la mañana se acercó el Condestable D. Iñigo a D. Carlos diciéndole, con gran pesar y congoja, que su bisabuelo, D. Juan II de Castilla en unas sus Cortes de Burgos en 1447, había dado la Ley de “El Perdón del Viernes Santo de la Cruz”, por el cual Perdón se indultaba desde entonces, cada año a un reo, diciéndole que si bien quisiera pudiera exculpar al su sobrino D. Pedro Girón, hijo del Conde de Urueña que se había alzado contra él capitaneando la Revuelta Comunera, estando desde entonces preso, esperando la ejecución y ya que todos habían de morir que aún le llegase el indulto de su imperial gracia.

Mesóse la barba el Emperador y también muy quedo contestóle de los muchos pesares que le habían causado a él y a toda Castilla aquellos nobles levantiscos, pero que si Dios Nuestro Señor quería perdonar a Nos y nuestros súbditos de nuestras muchas iniquidades, el otrosí haría perdonando a D. Pedro.”

De esta forma salvó la vida el Capitán General de los Comuneros, de la misma forma que el resto de los burgaleses que habían participado, que ya habían alcanzado la amnistía por una Real Cedula firmada por el Emperador en Worms el 16 de Diciembre de 1520.

(Véase también “LA FIN DEL MUNDO”, entrada de Marzo 2008)

martes, 31 de marzo de 2009

BURGOS, 1º DE ABRIL

Hace setenta años que se emitió en Burgos, entonces Capital de España, el siguiente y lacónico comunicado


FOTOGRAFÍA DEL DOCUMENTO ORIGINAL MANUSCRITO POR EL PROPIO GENERAL FRANCO

Transcripción:

CUARTEL GENERAL DEL GENERALÍSIMO
ESTADO MAYOR

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejercito Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus ultimos objetivos militares. La guerra ha terminado.


El Generalísimo

Franco

Burgos 1º Abril 1939

miércoles, 18 de marzo de 2009

EL MILAGRO DE LA LUZ EQUINOCCIAL EN ORTEGA

En el equinoccio de primavera, cuando la noche dura igual que el día, cuando la luz vence a la oscuridad y los días son cada vez mas largos, como todos los años en el pueblecito burgalés de Ortega, se produce un fenómeno asombroso que la sabiduría popular ha dado en llamar desde tiempos remotos como “El Milagro de la Luz Equinoccial”.

Pero antes que nada, tenemos que hablar de S. Juan de Ortega, este burgalés de Quintanaortuño, vecino y contemporáneo del Cid, hijo de Vela Velasco por lo tanto de cuna noble y rica, y quien tuvo un singular porte para la época pues medía dos metros y algo también raro en aquellos tiempos como fue el llegar casi a los cien años.
Fue un gran viajero que llegó hasta Jerusalén y también a Compostela y la experiencia de estas peregrinaciones le hicieron unirse a otro burgalés, Domingo de Viloria, conocido como Stº. Domingo de la Calzada, para así juntos ponerse al servicio de los peregrinos como pontífices, que no es que fueran Papas sino constructores de puentes sobre la Calzada Jacobea.
Después se retiró como ermitaño a Ortega, sobre el Camino de Santiago, donde fundó un santuario y albergue para proteger a los peregrinos en la difícil travesía de los Montes de Oca, donde eran asaltados por maleantes o atacados por los lobos o los osos.

Y es precisamente en este templo románico de este su santuario, donde todos los equinoccios se produce un singular fenómeno que transciende a lo metafísico: en el momento del ocaso, un rayo de sol entra por un ventanuco de la fachada incidiendo sobre la figura de la Virgen que lo recibe entre sus brazos.
EL CAPITEL ES ILUMINADO POR LA LUZ DEL OCASO
Dicho así, parece que no tiene nada de particular, esto de hacer pasar un rayo de sol por un punto determinado ya ocurre en otros sitios, incluso mas famosos, como Stonehenge en Inglaterra o en Uaxactún, Guatemala, sin embargo en Ortega es más asombroso, a poco que repare uno se da cuenta que la iglesia románica se construyó ya pensando en este fenómeno, calculando no ya el Equinoccio, difícil para los conocimientos de astronomía de la época, sino para que también coincidiera el ultimo rayo del sol poniente sobre el único capitel historiado de todo el templo.
DETALLE DEL CAPITEL RECIBIENDO LOS ÚLTIMOS RAYOS DE SOL
Pero no acaba aquí lo asombroso, resulta que en todas las demás iconografías de la Anunciación de María, la Virgen está mirando al ángel, aquí no, aquí María mira directamente al rayo de sol que ilumina su vientre, recibiéndolo entre sus brazos y en ese momento las facciones hieráticas de su cara, típicas del románico, parecen dulcificarse casi en una sonrisa mientras sus ojos parecen deslumbrados por el sol.
DETALLE DE LA SONRISA DE MARÍA
No hay que olvidar que todo esto sucede justamente nueve meses antes de la Navidad, esto sin duda, nos transmite una idea de fecundidad, como es la propia concepción de la Virgen y después está el hecho de que el sol en el ocaso parece penetrar en la tierra haciendo resurgir la primavera.

No es extraño por tanto que el santo sea patrono, entre otras cosas, de las mujeres que desean tener hijos, así lo entendieron Isabel la Católica y las esposas de Carlos V y Felipe III que vinieron hasta aquí en busca de su anhelada descendencia. Asimismo el santo es patrón de los arquitectos técnicos, como constructor que fue, y también lo es de viandantes, camineros y campesinos.

Nota)
Creo que debo referirlo; llevo muchos años asistiendo puntualmente a ver este fenómeno, y casi siempre, justo al crepúsculo y ya bajo las nubes, un tímido rayo de sol –casi por milagro-, se colaba entre ellas para producir el esperado efecto… .

Hoy; equinoccio de primavera del 2015, habían llegado excursiones y gran número de visitantes, sin embargo, el nubloso cielo no nos quiso acompañar.

Decepcionados fuimos a visitar el pequeño museo de interpretación que existe en la aneja capilla de San Nicolás, allí tienen una replica exacta del capitel, cerca de nosotros, estaba una patrulla de la Guardia Civil,  encargados de la protección al peregrino; al verles se me abrió el cielo:
-Agente; ¿no tendrá Vd. una linterna?,
-Por supuesto,
-Pues hágame el favor de alúmbrarme para hacer una foto.

Y así; de esta forma tan sutil, y gracias a la Guardia Civil, se pudo remedar el milagro, María volvió a sonreir. Aquí dejo el testimonio en forma de fotografía.
     MARÍA SONRÍE ILUMINADA POR LA GUARDIA CIVIL